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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsperanza y solidaridad real. Hace un mes decíamos que esperábamos que en las distintas manifestaciones de la voluntad popular y en especial en las recientes elecciones internas, ojalá se comenzaran los procesos para disminuir las ilógicas contradicciones que vivimos y sufrimos en el país.
Disfrutamos de una época prolongada de mejora de la riqueza, el empleo, el salario, la formalidad laboral, la recaudación impositiva, el comercio y otros indicadores de la bonanza del país, pero lamentablemente contrastadas ilógicamente, con mucha violencia de todo tipo, inseguridad, baja del nivel educativo y cultural así como de las formas tradicionales de convivencia pacífica, ordenada y respetuosa de la ley y de los demás ciudadanos.
Por suerte, parece que los votantes y los que no lo hicieron, expresaron su apoyo, ya sea de una forma u otra, por un intento de cambio importante hacia quienes respetan, construyen proyectos pacíficos, menos materiales en sus indicadores, promesas y expresión, pero más humanos en su resultado, no critican a otros ni su pasado (aunque este último exista para todos) y, sobre todo, son y/o intentan vivir como jóvenes; o sea con confianza, energía, alegría y verdadera solidaridad, real y duradera.
Solidaridad intergeneracional y transversal hacia los que más necesitan y más se esfuerzan. Enfatizando no los porcentajes del PBI a repartir, sino la calidad a alcanzar, para que luego eso haga llegar mayor cantidad de posibilidades a los más jóvenes, con más dificultades pero con mayores ganas de ser útiles y prósperos.
Sin envenenar con cuentos deformados por hechos parciales y cifras siempre discutibles, que el pasado fue responsable de otro pasado y de otro y así sucesivamente, siempre con énfasis en lo material, pero de lo humanamente respetable y deseado, nada. Puro materialismo dialéctico combinado con capitalismo pragmático... ya fue.
Se ha comenzado a decir basta y otra síntesis histórica se produjo, sin que algunos lo previeran, no solo con encuestas erradas sino con maneras oxidadas de ver y pretender explicar la historia, el hoy y el futuro.
Según un tal Lalande, el nivel de salud de una sociedad dada se ve afectado solamente en un mínimo porcentaje por la atención sanitaria prestada. La vivienda, el saneamiento, el nivel educativo, la seguridad y otros factores hacen el 90% del efecto deseado y alcanzado.
Lo mismo pasa con la educación, la seguridad y la vivienda. Y ya sabemos quiénes y cómo lo piensan encarar de esa forma más compleja y realista donde participe más la comunidad y menos el Estado cuando no puede, debe o sabe.
También sabemos quiénes piensan que vamos bien y, por lo tanto, deberíase seguir haciendo casi lo mismo; y dando más computadoras, dinero, infraestructura, etc., sin cambiar el modelo de gestión, donde los que deberían hacer lo que necesita la ciudadanía, hacen lo que necesitan y les conviene a ellos. Educan en lo que quieren según su ideología, responsabilizan por la delincuencia a la policía y a las crisis pasadas, y siguen negando por falta de capacidad y otros inequívocos compromisos, un transporte colectivo y con su consiguiente tránsito ágil y seguro, así como permitiendo la ubicación de viviendas, espacios públicos y lugares de trabajo, donde no hay servicios básicos ni despliegue mínimo de instituciones estatales ni privadas, pero sí a la inversa, para hacer lo más rápida y efectiva la adhesión a sus “logros” de quienes más y lo antes posible necesitan seguridad, educación y vivienda.
Se terminan las contradicciones, odios e ineficiencias. Se viene el respeto y seriedad frente a lo chabacano, el silencio como respuesta a la ofensa y la oportuna efectividad y duradera calidad para “desasentar” lo mal hecho por rapidito y sin pensar en los que vienen y lo que vendrá; todo como en el cuento de los tres chanchitos.
Gustavo Formento
CI 1.455.700-5