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    Las elecciones internas (II)

    Sr. Director:

    Las encuestadoras. Aparte de sus desacertados diagnósticos (basados en diferentes técnicas no comparables entre sí ex ante, pero “ajustables” ex post), en conteos (sujetos a negaciones u omisiones), en muestras de escrutinios (válidas si están bien diseñadas y combinadas), en encuestas a pie de urna y en las election day polis, ellas se convirtieron en potenciales generadores de opinión pública. Algunos las consideraron el resucitado oráculo del Santuario de Delfos. Los sistemas en los cuales se basan jamás sustituirán cuantitativamente la real decisión de la ciudadanía, pero llegarán mucho antes que los resultados de la Corte Electoral.

    El sufragio. Se constataron serias irregularidades antes, durante y después de los comicios; generados en general por malas decisiones organizativas y en particular por el atraso en el registro de listas, los improvisados e inseguros cuartos secretos y, fundamentalmente, por la inapropiada elección del sistema informático. La participación de la ciudadanía transcurrió en el marco de un reconfortante nivel cívico.

    Los resultados. Su valor numérico resultó relativo por: no ser obligatorio; ni la definitiva opinión de la ciudadanía habilitada (representó el 37,3% del padrón electoral) y la oportunidad de que un contrincante contribuya a falsear el resultado.

    Los votos. Hubo sorprendentes resultados avalados por la Corte Electoral:

    409.246 para el Partido Nacional. Lacalle Pou (41 años) obtuvo el 54,3% y Larrañaga (58 años) el 45,4%;

    298.031 para el Frente Amplio. Vázquez (74) obtuvo el 83% y Moreira (54) recogió el 17%;

    137.547 para el Partido Colorado. Bordaberry (54) obtuvo el 75% y Amorín (60) el 25%;

    4.664 para el Partido Asamblea Popular;

    3.897 para el Partido Independiente de Mieres;

    2.863 para el Partido Ecologista, Radical e Intransigente;

    1.090 para el Partido de la Concertación;

    622 para el Partido de los Trabajadores;

    251 para el Partido de la Unión para el Cambio;

    276 para el Partido Unido

    858.487 sufragios válidos

    La actitud del “perdedor” blanco fue un ejemplo de empática dignidad e hidalguía.

    La del “triunfador” colorado, de cómo resucitar un partido desahuciado y honrar un apellido heredado.

    La del “ganador” frenteamplista desató negativas reacciones por sus reiteradas actitudes, basadas en caducas estrategias de manipulación mediática. Ellas comenzaron con el desconocimiento de la también presidenciable frentista. Culminaron con su decálogo (insultando la dignidad, inteligencia y sensibilidad de sus coetarios al ofrecer un complejo instrumento electrónico aumentador de gastos) y el paternalista sistema nacional de cuidados (presagio litigio por la sigla Sinac) que, como con el Fonasa, todos querrán salirse de él. Finalmente… ¿y si todo fue para perder el 26/10/2014, intuyendo lo que se le venía encima a su biología si ganaba?

    Quizá la gente votó “en contra de”. La oposición aunó 546.793 sufragios contra 298.031 (un 54,5% inferior), sin contar la sugerente intencionalidad de los 24.835 en blanco, los 7.891 anulados y los 18.170 observados. Una pitonisa presagió el “antitabarecismo” alertando que ello perjudicaría al Frente Amplio. Pero también pudo haber sido un “voto castigo” a la mala gestión del gobierno (inflación, déficit y presión fiscales; aumento del gasto y la deuda públicas), sin resultados aceptables pese a la bonanza económica. Una protesta contra la inoperancia y la malversación. Temas como la educación y la salud públicas, la seguridad interna y las relaciones exteriores tuvieron soluciones equivocadas, tardías o carecieron de ellas. Prometieron castigar a “los que metieran la mano en la lata”, pero varios, ocupando cargos gubernamentales, invirtieron y gastaron, con abuso de autoridad o confianza, cientos de millones de dólares del erario público (estafa de Pluna), un disfrazado hurto al pueblo, que es el que paga.

    Quizá la gente optó por una prometedora y reconfortante “renovación” de la conducción política en vez de la desesperanza de más de lo mismo. Desechando la falsa dicotomía entre izquierda y derecha; renovación y experiencia; lo nuevo frente a lo viejo; la geronto y neocracia; la innovación frente a lo acostumbrado; lo conocido, lo tradicional y lo que es peor el anquilosado conservadurismo. No en vano las estrategias de Sendic, Lacalley y Bordaberry se basaron en una campaña no contestataria, sin ataques ni agravios.

    Quizá se respaldó, más que a la “simple” juventud, a una nueva forma de interpretar y aplicar ideologías en aras de las nuevas realidades nacionales. Una mayoría de la población uruguaya está saturada de quienes embanderados en una dogmática intolerancia e intransigencia, interpretando y ejecutando erróneamente una doctrina, se oponen a otras opiniones y creencias, pretendiendo dominar en vez de gobernar. Es la misma mayoría que ansía sustituir los enfrentamientos violentos, descalificantes, las persecuciones, las segregaciones del contrincante por afables acuerdos dialogantes, que interpolen tendencias, cercanas al sentir popular. La misma mayoría que escucha hablar de la “lucha de clases” como si la beligerancia fuera el único recurso. O de la “dictadura del proletariado” sabiendo que otros países, como nosotros, ya aprendieron la lección. La misma mayoría que debe tolerar a los que tergiversan sus roles funcionales y sociales (en agremiaciones o sindicatos) para defender solo a los que pertenecen a su partido político. La misma mayoría que debe escuchar a quienes tergiversan una ideología (por aceptable que sea), enfrentando a la población; como el actor que a través de un mal desempeño genera el rechazo al autor y la obra.

    Quizá alguien es flojo en matemáticas pues los candidatos de la oposición suman 41+58 = 99 años y 54+60 = 114 años. Y entonces uno pregunta, ¿de que sub 20 hablan?

    Quizá se equivocó con la estrategia de demonizar a la derecha y a la juventud. ¿Qué tiene de malo esta derecha que no lo tenga esta izquierda? Recurrir a mentiras repetidas nunca logrará el efecto de la verdad. Falsear la historia nacional para convencernos que una malinterpretada y peor ejecutada ideología nos gobierne no prosperará.

    Este gobierno ha venido cometiendo injusticias con los adultos mayores. Difícilmente consiguen trabajo y, si logran jubilarse, descubren que los robaron y estafaron. Prometieron que “pagarían más los que más tienen ”… y cumplieron. Pergeñaron un impuesto a los que son más: a los trabajadores con el IRPF y a los jubilados con el IASS. A estos, en particular, les despojan lo que ya habían invertido y los estafan manteniendo quitas, topes y un impuesto injusto en un momento de sus vidas donde más necesitan el dinero para subsistir, en lugar de tener una vejez digna y merecida. Ahora el continuismo, ¿pretende ensañarse con los adultos jóvenes?

    Quizá confundieron juventud con incapacidad; continente con contenido; individuo con equipo.

    Hablando de experiencia y no edad: ¿es elegido gobernante el más experiente o el más votado? ¿Qué experiencia de gobierno tiene un propuesto vice en el Frente Amplio? ¿Qué puede decirse de la sub 20 si fallare la biología? ¿Qué experiencia de gobierno tenía el que ahora preside el Ejecutivo? ¿Acaso los uruguayos no sabemos que nuestro sistema de gobierno se basa en tres poderes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial? ¿Acaso ignoramos que dentro de ellos hay muchos jóvenes capaces y experientes?

    Arq. Ignacio David Weisz

    CI 612.364-2