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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáReinventar a las empresas públicas uruguayas. Estamos ahora debatiendo sobre la administración de ANCAP, sobre posibles errores de gestión y hasta sobre eventuales irregularidades. Algunos hablan incluso de posibles delitos. Una comisión parlamentaria está analizando el desempeño del ente en los últimos años.
¿Tendrán responsabilidades los directores o los gerentes de entonces e incluso los de ahora? Hay intereses y expectativas encontrados entre el partido de gobierno y la oposición. Incluso se escuchan opciones confrontadas dentro del propio gobierno.
La ciudadanía muchas veces escucha incrédula, cuando no alarmada, los argumentos que se dan en una confrontación mediática que muestra las posiciones a priori de las partes (por cierto, con algunas excepciones) que no se sustentan con un estudio serio y prudente de lo que ha acontecido.
He estudiado por más de veinte años los fundamentos de creación, los desempeños y los desafíos de las empresas públicas uruguayas. Mi tesis de doctorado en Salamanca fue precisamente sobre el grupo ANCAP, considerando los procesos de conservación e innovación que estaba desarrollado.
He investigado durante años sobre cuáles podrían ser las raíces de nuestros desatinos con las empresas públicas. Hoy tengo claro que no son las equivocaciones de un hombre o de un gobierno. Son parte de lo que los uruguayos somos como nación, en términos políticos, económicos y, sobre todo, culturales.
Es por ese lado y con el menor sentimiento de culpa que podamos, que tenemos que buscar soluciones. Tienen que ser soluciones que replanteen las creencias y los modelos mentales que han sustentado las formas de conducción de esas empresas en los últimos cincuenta años.
La verdad es que estoy incrédulo y a veces también alarmado, no por los problemas que ahora se mencionan en la administración de algunas empresas públicas, como fue el caso de hace unos meses de PLUNA y el actual de ANCAP que han sido o son por cierto de alto impacto y relevancia.
Me preocupa y hasta me perturba lo que está aparentemente en la agenda oculta en los procesos de debate de aspectos de gobierno o gestión, relacionados con nuestra incapacidad nacional a veces manifiesta, de manejar bien esas empresas.
Se ha desarrollado durante décadas un mito que muchos gobernantes parecen desconocer, respecto de la aparente perennidad de tales emprendimientos y sobre la medianía con la que se pueden tomar decisiones, sin que su impacto pueda llevar a cuestionar la viabilidad futura de tales organizaciones.
Los uruguayos no nos ponemos de acuerdo sobre qué es hacer un buen gobierno en esas empresas y menos sobre cómo deberían ser gestionadas. En algunos casos, aparentemente, hemos perdido el rumbo. Si no sabemos hacia dónde ir, cualquier camino parece igualmente bueno o malo.
Sin embargo, hay teorías de lo que son buenos gobiernos y buenas prácticas de lo que es gestionar bien. Creo personalmente que los uruguayos las conocemos pero que no siempre estamos dispuestos a desarrollarlas, tal vez porque somos un poco temerosos por los costos políticos que ello acarrearía.
Nuestro país firmó en su oportunidad compromisos latinoamericanos de buen gobierno, que no está cumpliendo, por lo menos en sus fundamentos. En la práctica además relegamos los desafíos de la gestión moderna, cuando nos resultan incómodos. Administramos mal.
Mi impresión es que, por este camino asociado con ciertas zonas de confort político, económico o social, que tienen patas cortas en estos casos, podemos llegar a perder algunas de esas empresas que supieron ser muy valiosas y que la visión y compromisos de nuestros padres y abuelos nos legaron.
AMDET ya no transporta. El ILPE ya no pesca. PLUNA ya no vuela. Creo que algunas alarmas se deberían haber encendido, por lo menos para poner en duda la forma en que manejamos estos servicios que ahora ya no existen. Para ellos, desafortunadamente, es tarde.
Pero esos ejemplos trágicos no se encuentran sólo en el pasado lejano de nuestro país. AFE está prácticamente en la vía y sin buenos trenes. OSE no logra facturar el agua que produce. ANCAP se ha endeudado más allá de lo aconsejable. Para ellos todavía, por suerte, no es tarde.
Sin embargo, algo parece estar claro. Seguramente haciendo lo mismo que venimos haciendo no cambiaremos los resultados cuestionables obtenidos. No miremos sólo incidentes puntuales, como el de ANCAP o PLUNA, que nos apartan del gran problema.
Es necesario que además de cada árbol por separado levantemos la mira para que veamos el bosque, ya que tenemos que rescatar todo el territorio de los incendios, no sólo una planta. Por eso es que deberíamos pensar en políticas de Estado concertadas con respecto a nuestras empresas públicas.
En las últimas JIAPs en la Intendencia Departamental de Montevideo, puse estos temas sobre la mesa. Creo que ha llegado la hora de considerarlos en la agenda, más allá de los ámbitos académicos. Los uruguayos todos debemos apostar a reinventar nuestras empresas públicas para rescatarlas.
Deberíamos pensar un debate entre todos los actores políticos que finalice con propuestas concretas sobre el futuro de las empresas públicas, de su rol necesario y de su requerida eficiencia, junto con las directrices estratégicas que deben llevar a cabo cada una de ellas.
Los debates no son la solución, pero su ausencia tampoco es un buen indicador de que estamos preocupados por esos asuntos. Hemos hecho grandes debates sobre la educación, reforma de salud y también acuerdos interpartidarios sobre temas como medio ambiente y energías renovables.
La clave para capitalizar los debates es no quedarnos en los aspectos del deber ser, sino abordar los desafíos sobre cómo hacer efectivos los aspectos instrumentales para poder llegar a esos escenarios deseados, incluyendo los medios para replantear cómo conducir a las empresas públicas.
La ejecución del debate bien podría ser coordinada por la academia, con representantes de todos los ámbitos nacionales, procurando que el resultado final genere los insumos necesarios para que cada empresa tome las conclusiones que le quepa aplicar y luego se controle que se lleven a cabo.
Ing. Carlos Petrella PhD
CI 1.308.975-0