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    Las hijas aumentaron sus logros educativos, pero los varones “heredaron” de sus padres una ocupación mejor posicionada

    En materia educativa, la movilidad en Uruguay es “alta” o “media” en comparación con América Latina aunque menor que en países desarrollados: las nuevas generaciones superan los logros obtenidos por sus padres. Y desde una perspectiva ocupacional, la movilidad presenta una “importante persistencia y dependencia del origen”, en especial de oficios que implican mayor formación y jerarquía, así como en grupos específicos y minoritarios. Ligado con esto, dentro de los hogares la “transmisión intergeneracional” del nivel educativo es más fuerte por parte de la madre, mientras que para la ocupación influye más el padre, lo que según la economista Joana Urraburu es un indicio de que al interior del núcleo familiar “sigue existiendo una división importante de roles, donde la madre es más cercana al proceso educativo de sus hijos/as y el padre al laboral”.

    Con ese enfoque, en una investigación publicada este mes como documento de trabajo por el Departamento de Economía (Decon) de la estatal Facultad de Ciencias Sociales plantea que, si bien las nuevas generaciones de mujeres avanzaron en su nivel educativo respecto a las anteriores incluso más que los varones, eso “no se tradujo en una movilidad ocupacional ascendente”. Reafirma que las “diferencias por sexo son claras: los hombres ‘heredan’ de sus padres una ocupación mejor posicionada que las ocupaciones de las mujeres, mientras que estas expanden sus logros educativos, pero sin una traducción en logros” en la posición laboral. Sobre ese punto, pregunta si esa “herencia” pudo haber causado “desincentivos” que estén por detrás de que los hombres no hayan tenido un crecimiento en su nivel educativo a la par de las mujeres.

    Movilidad.

    Desde el punto de vista de la eficiencia económica, en una sociedad con mucha desigualdad, si un hijo puede ascender socialmente por encima de sus padres (movilidad alta) no sería tan preocupante e incluso puede resultar beneficioso para el crecimiento de largo plazo, ya que incentivaría a los individuos a trabajar duro, innovar o tomar riesgos, sostienen algunos autores. El panorama sería distinto si la movilidad social es baja: los más ricos no deberían esforzarse para conservar su estatus y los más pobres quedarían anclados en esa condición, aunque se esfuercen.

    Urraburu señala que en el campo de la economía no hay consenso sobre cuál es el nivel óptimo o ideal de movilidad intergeneracional que debiera existir, si bien la evidencia internacional indica que existe una relación inversa entre desigualdad y movilidad intergeneracional. Es un fenómeno que se identifica como la “curva del Gran Gatsby”, en referencia al ascenso económico del protagonista de la novela de Scott Fitzgerald.

    En su estudio, basado en su tesis de Maestría en Economía Internacional, la economista aborda la noción de estatus económico a partir de los logros educativos y la ocupación con base en la Encuesta Longitudinal de Protección Social de 2013 realizada por el Banco de Previsión Social y otras del Instituto Nacional de Estadística.

    En cuanto a la educación, afirma que en una perspectiva de 50 años Uruguay “parece seguir un patrón de expansión común a otros países: a medida que la sociedad se desarrolla el nivel educativo de los individuos crece, pero luego se enlentece (debido a que los retornos marginales de la enseñanza formal disminuyen), hasta que los años de educación alcanzan su límite superior natural”.

    Desde la perspectiva generacional, el nivel medio crece aproximadamente tres años entre la de los progenitores y la de los hijos: mientras que en promedio los primeros alcanzan primaria completa, los segundos culminan ciclo básico. Por sexo, en los niveles educativos, tanto en relación con el padre como con la madre, las hijas tienen una mayor movilidad que los hijos.

    A diferencia de la cuestión educativa —que suele estabilizarse luego de cierta edad—, la ocupación de las personas varía a lo largo de su vida; Urraburu analizó el primer trabajo y el actual según ciertos tipos (asalariado, patrón, cuentapropista, etcétera) y categorías laborales.

    Conforme con la investigación, independientemente de la categoría en que se encuentre el padre o la madre, existe una probabilidad alta (entre 50% y 70%) de que el primer trabajo de los hijos/as sea en los grupos “obreros calificados y no calificados” o “administrativos y vendedores”; estas dos categorías concentran aproximadamente al 60% de los progenitores. Asimismo, la probabilidad de ser empleado doméstico es de 26% dado que la madre lo es.

    Es muy poco probable que los hijos/as ingresen al mercado laboral en un trabajo que se ubique en las posiciones superiores de la escala de ocupaciones si sus padres se desempeñan en categorías inferiores. En particular, la probabilidad de ser “director de empresa” es muy baja independientemente del padre/madre.

    En cuanto al trabajo actual, es muy baja la probabilidad de que exista movilidad de extremo a extremo de la escala (principalmente en sentido ascendente), en tanto que la probabilidad de ubicarse en el mismo grupo que el padre/madre es alta (27% y 24% respectivamente). La mitad de los hijos/as no se mueve más que un escalón en relación con sus progenitores.

    Los grupos donde más se repite que el trabajo actual o el primero del hijo/a sea de una de las categorías de oficio dado, que su padre/madre está en ellas, es entre los trabajadores del agro, profesionales y directivos; en esos casos las probabilidades se multiplican por cuatro, aproximadamente. “Aparece un primer indicio de que hay oficios donde la persistencia es mayor, y estos parecen corresponderse con mayores niveles de formación y jerarquía, o con tareas muy específicas como el caso del agro”.

    Para los varones se amplía la diferencia del ratio de inmovilidad ocupacional a favor del padre y alcanza a 25%, mientras que se reduce a 13% en relación con la madre. Una de las categorías de particular peso entre los hijos hombres y con gran persistencia en relación con el padre es “operarios mecánicos y de otros oficios”. En cambio, entre las hijas la persistencia es mayor en relación con la madre.

    Desde una perspectiva posicional, la movilidad ascendente en Uruguay es menor para los hijos de padres/madres con bajo nivel educativo, por lo que “la desigualdad en los logros educativos crece al pasar de una generación a la otra”.

    Extremos.

    Según el estudio publicado por el Decon, es muy poco probable que exista movilidad de un extremo a otro, tanto en educación como en ocupación. No obstante, mientras que en materia educativa es más difícil caer desde las posiciones altas a las inferiores, respecto a la ocupación lo menos probable es ascender de un extremo al otro. “Esto podría estar relacionado con las dificultades para el acceso a empleos de cierta jerarquía o nivel profesional, donde es determinante la herencia de los medios de producción y el capital social”.

    El hecho de que el acceso a las ocupaciones esté más ligado al nivel educativo —es decir, que dependa más de una variable sobre la que los individuos tienen cierto control y capacidad de decisión— “podría ayudar a que el proceso de movilidad intergeneracional fuera más intenso”, sostiene la autora. “Si bien el desarrollo económico y la incorporación de nuevas tecnologías hacen que se avance en este sentido, exigiendo cada vez mayor calificación a la mano de obra, también son necesarias políticas activas que operen en contra de los patrones de división del trabajo según género y que promuevan el proceso de expansión educativa en todos los segmentos sociales”, alega.