• Cotizaciones
    domingo 08 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Las madres y los valores

    Días pasados se exhibieron por diversos medios televisivos los momentos en los cuales era golpeada la activista por los derechos de los afrodescendientes, la señorita Tania Ramírez.

    Supongo que indignación por verla ser así vapuleada frente a tantas personas que omitieron asistir a la víctima así como se negaron intervenir para parar la reyerta hasta muy avanzada esta, es una calificativo leve para lo que siento. Me temo que sentí lisa y llanamente asco.

    Los motivos que llevaron a la agresora a efectuar una acción de tanta bajeza y vileza creo que hoy importan poco. Inclusive se desdijo que se deba a un motivo de persecución racial fomentado en definitiva con relación al odio a la raza negra y un familiar de la atacante exhibió fotos de esta con una persona de color.

    Hoy, a Dios gracias, Tania está viva para contarlo y, si se quiere, recuperada. Y, paradojalmente, la agresora, con un pedido internacional de captura, sigue evitando hasta el presente ser enjuiciada por el magistrado de turno actuante.

    Este hecho se suma al de la balacera a la salida de un partido de básquetbol que terminara con la vida de una mujer que se encontraba tan solo parada en un balcón expectante y así podríamos enunciar una veintena de acciones deplorables más que marcan una profunda pérdida de valores en nuestra sociedad. Algo así como que nos estamos introduciendo en tiempos de barbarie, como que nos estamos volviendo primitivos en plena era de la modernidad.

    Quiero rescatar palabras del presidente en las cuales habló reiteradas veces sobre el hecho de que esa pérdida se debía más que nada a la falta de educación, contacto y tiempo de los niños con sus respectivas madres, lo que a la postre determina que estos sean criados por padres sustitutos tales como educadores, empleadas domésticas o abuelos en el mejor de los casos (estos, a contrario sensu de aquellos, serán en definitiva una continuación de la autoridad de la madre, por lo que siempre que estén dispuestos a reasumir su rol bienvenidos sean; vale recalcar que no siempre será así).

    Las palabras de Mujica son más que acertadas. Indudablemente, la mujer de hoy no es la de las épocas del presidente. ¿Y qué hay con los hombres? ¿Cuánto están dispuestos ellos a sacrificar de sus ingresos y esfuerzos en aras de que alcancemos ese ideal de que a cada niño lo eduque su propia madre y le dedique tiempo, no solo en calidad sino en cantidad? Porque sin cierta cantidad, lo de la calidad es un verdadero verso.

    Pero, bueno, así están las cosas. Hoy son pocas las mujeres que se resignan a quedarse en el hogar a educar a sus hijos, son pocas las que se atreven a recibir el calificativo de que “a mí me mantiene mi marido”. Es algo, si se quiere, degradante. Eso sí: a la hora de comprar una cartera en la que deja medio sueldo del mes en el shopping, está todo bien, no pasa nada. Como en la golpiza de Tania. Hasta que la tarjeta se quede sin saldo nadie se mete. Total, la sociedad de consumo aplaudirá más la compra de un sillón de cuero de tres cuerpos que haber estado justo ahí en ese momento que tu hijo te necesitó.

    Indudablemente, ya saltarán las voces de que mis palabras son de corte machista, totalitario, retrógado. Mi respuesta es simple para ellos o ellas: sin duda es más confortable abrazar la adquisición compulsiva de bienes generando ingresos desde una cómoda oficina junto a un espumoso café y un impecable uniforme que escuchar por horas llorar a un bebé y, al quererlo calmar, que te vomite encima.

    Solo les pido que se abran mentalmente paso en esta sociedad capitalista a permitirse una duda razonable frente a lo que digo. ¿No serán de corte solidario en vez de totalitario? En definitiva, ¿no son las madres las verdaderas responsables de la supervivencia de la humanidad y a los niños, muy probablemente, les interese más sentarse sobre el regazo de su madre en el momento de un problema a llorar y enjugar sus lágrimas, que sentarse sobre un sillón de cuero legítimo frente a una doméstica a la que poco le importará aportar soluciones a su drama?

    Debemos encarar los problemas desde sus raíces, aportando todo de nosotros, no olvidando que aquel norte moral que constituye una mujer ama de casa dentro de un hogar es insustituible y que vale la pena cualquier sacrificio en aras del interés superior de nuestras futuras generaciones porque, en definitiva, es así que se le inculcan los valores a toda una sociedad.

    Dr. Julio F. Moro

    // Leer el objeto desde localStorage