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    Las ocupaciones de empresas

    Sobre declaraciones del ministro de Trabajo. Es el señor ministro de Trabajo quien está muy equivocado cuando plantea que es un error de las empresas recurrir a la Justicia ante el fenómeno de los piquetes y las ocupaciones de locales comerciales, industriales, etc. Para empezar, se ve que al Sr. Brenta no le han “aplicado” todavía ninguna de esas “medidas”, al menos en forma duradera. O quizás ellas no lo hayan afectado personalmente. Es que, total, el Estado suele pagar igual en estas situaciones, de un modo u otro. Ejemplos de esa pusilanimidad o complicidad (elijan señores) la tenemos en la Universidad de la República y en el BROU. En la primera, se han pagado sueldos al personal en huelga. Y en el BROU, cuando se ha querido hacer descuentos, la amenaza de nuevas huelgas lo ha evitado. Lindo panorama para el contribuyente, que no obtiene los servicios pero sus impuestos siguen pagando los sueldos de quienes no trabajan.

    Vayamos al tema principal que motiva este comentario. Dice el Sr. Brenta, en una entrevista que publicó el diario “Últimas Noticias” el viernes 13 —para los supersticiosos, mala fecha, ¿no?— que siempre habría que utilizar la herramienta de la negociación colectiva. “¡Chocolate por la noticia!” hubiera dicho el expresidente Vázquez. La cuestión es que precisamente por la omisión tremenda del MTSS en aplicar, siquiera tímidamente, los principios de la Ley de Negociación Colectiva (esto es, y cito de memoria, la negociación de buena fe, la necesidad de fundar las posiciones asumidas, la obligación de intercambiar información relevante, etc.), los empresarios van a una mesa de negociación como si entraran a un matadero. Para ser más claros: como ganado que entra al matadero. Los empleadores terminan teniendo que ceder a pretensiones absurdas y que nadie en su sano juicio compartiría ni apoyaría. Ni en la empresa, ni en una consulta que se hiciera al azar a simples ciudadanos. Es que cada vez es más frecuente que los sindicatos, sin buena fe, sin fundamentos racionales, ignorando la información relevante que se les provee muchas veces en abundancia, con pruebas (escritos, filmaciones, testimonios, etc.) exijan: “O reponés en el cargo a Fulano (quien resulta que fue despedido porque lo agarraron in fraganti, robando) o te paro la fábrica”. A veces se expresan en forma más sutil: “Bueno, si no aceptan, ustedes ya saben como es la cosa...”.

    Eso no es negociación de buena fe. De modo que el MTSS, quizás no a través de sus mediadores (que tienen que buscar la “buena onda” para una solución de consenso hasta el final y más allá), pero sí a través de sus servicios jurídicos, tiene que actuar inmediatamente, entrar en la negociación y marcar: “foul, penal, off-side”. Y aunque el sindicato de la empresa, el sindicato de rama, el PIT-CNT o la confederación mundial de trabajadores quieran hacer lío, hay que dejar claro que lo que está mal es una infracción al orden jurídico, aquí y en la China. Y si el sindicato o sindicatos persisten en su actitud incorrecta e ilegal, el MTSS tendrá que mostrarles tarjeta amarilla y, si es necesario, la roja.

    Vamos más allá: en caso de reiteración de esas conductas, hay que promover ante la Justicia la disolución del sindicato porque es una asociación de trabajadores que no debe ser protegida por el derecho puesto que no está realmente dedicada a defender los intereses de los trabajadores en el marco de la legalidad, como lo exige con toda precisión el Convenio 87 de la OIT. Porque los trabajadores, valga la aclaración, son quienes tra-ba-jan, o quienes quie-ren tra-ba-jar. No quienes roban, faltan sin justificación en forma reiterada; no quienes abusan de la licencia sindical y generan en un año (caso también del BROU, oh casualidad) un gasto en exceso de más de un millón de dólares por ese concepto.

    ¿Qué haría usted, señor lector, con un millón de dólares? Señor Brenta, en la casa del MTSS, que es la casa de todos, no se pueden admitir ilegalidades ni injusticias, vengan de quien vengan. Y si persiste el enfrentamiento entre las partes y se toman medidas de conflicto, esas medidas deberán declararse ilegales, porque están envenenadas desde su raíz. Esto no puede seguir así.

    Señor ministro, trate de no faltarnos más el respeto. Tanto los empresarios chicos, que dan trabajo a un empleado, como los empresarios grandes, que dan trabajo a decenas o cientos de uruguayos, deben haber sentido “algo raro” al leer sus declaraciones. Trate de no faltarles más el respeto a los propios trabajadores, afectados por las situaciones irracionales que generan los piquetes y ocupaciones. A cualquier ciudadano se le está faltando el respeto cuando se le dice que hace mal en acudir a la Justicia para obtener la defensa de sus derechos.

    Pero, Sr. Brenta, ¿qué otro remedio les queda cuando sus derechos fundamentales al trabajo, a la seguridad, al honor y tantos otros, son vilipendiados por bandas de exaltados, cuando no por verdaderos delincuentes? ¿Con qué cara está usted invitando a que se vaya a negociar al MTSS, si eso muchas veces es como meterse en una emboscada, en la que, para peor, mientras a uno lo roban y violan, los funcionarios mediadores del MTSS no hacen más que mirar?

    Y aclaremos, para distinguir, que algunos funcionarios —por su ideología— seguro que hasta disfrutan mirando, mientras que otros no. Pero como estos últimos tienen que cuidar su puesto y no se les puede pedir que arreglen el mundo solos, se entiende que miren para otro lado y procuren disimular su malestar. Hay que cambiar el enfoque de estos problemas. Es lo que proponemos en el “Manual de Derecho Colectivo del Trabajo”, de la autoría de Pedro Gari y Matías Pérez del Castillo que, Dios mediante, publicará próximamente (abril 2012) la Fundación de Cultura Universitaria.

    Si Uruguay va a salir adelante —y en eso estamos— su gente, toda la gente que esta nación recibe hoy y recibirá mañana, tiene que poder trabajar en paz. Si hay injusticias, deben solucionarse. Pero cuando la injusticia proviene de los supuestos defensores de los derechos de los trabajadores, hay que denunciar la falsedad, el “gato por liebre” que le están dando a toda la sociedad.

    Se trata de gente que en el mejor de los casos está solo equivocada; pero en el peor, está claramente enfocada a destruir nuestra convivencia, generalmente porque sueña con utopías. Utopías que todos sabemos ya cómo han terminado. En Europa, en China y en Cuba (para mostrar el experimento latinoamericano) la única abundancia que han producido es la miseria, material y moral, para todos, excepto para los iluminados y sus cipayos, una “nueva clase” dominante y escandalosamente privilegiada.

    Para colmo, cuando esas sociedades consiguen “salir” de los experimentos utópicos, aparece —ahí sí que aparece en toda su maldad— el “capitalismo salvaje”. Pero, ¿al final de quién es la culpa de que eso pase? ¿Quién crea las condiciones para que una sociedad no pueda crecer en armonía de los derechos y deberes de sus integrantes y, en cambio, genera un caldo de cultivo para una infección purulenta que dura, y dura, y dura... y solo cambia de color, pero sigue oliendo a podrido? Suben unos, bajan otros, pero siempre la misma injusticia, la misma opresión, que en sustancia es la opresión de quienes no respetan sobre otros que “deben” padecer su prepotencia.

    Volviendo entonces a los piquetes y ocupaciones, el Estado uruguayo actual no es ni siquiera un “juez y gendarme”. Juez sí, pero ¿por cuánto tiempo si triunfara la tesis del Sr. Brenta?

    En fin, que el ministro de Trabajo exhibe una gran confusión sobre cuál es la función del derecho y los jueces en una sociedad civilizada. Aclaremos entonces que si el orden jurídico establece “derechos” es para que la gente pueda lograr su desarrollo personal sin dejar de cumplir sus obligaciones para con sus semejantes; y si el orden jurídico establece “deberes” es para que esa misma gente no se desvíe, abusando de sus derechos o violando los derechos ajenos (estas últimas dos cosas son para mí lo mismo, e igualmente repudiables).

    El derecho también crea organismos que de algún modo administran las relaciones interpersonales en esa sociedad. Organismos como el MTSS que está a cargo del Sr. Brenta, que deben educar, corregir y si es necesario reprimir. Sí, reprimir las conductas desviadas, porque ellas no le hacen bien a sus protagonistas ni, lógicamente, a los terceros inocentes que sufren sus consecuencias.

    ¡Basta de hipocresía, entonces! Pónganse las pilas, señores funcionarios, que ustedes están al servicio de la nación, no de un partido político, ni de los sindicatos, ni de las empresas. Sirven a la nación y a través de su servicio a la nación, al mundo entero. Cuando no cumplen con ese servicio están en omisión y la omisión (previo sumario) debe tener como castigo la destitución.

    A ver si lo vamos entendiendo.

    Agradezco la publicación de la presente y me hago responsable de todas y cada una de mis palabras. “Con libertad, no ofendo ni temo”.

    Pedro Gari

    CI 1.280.297-9