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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSentado frente a mi computadora, levanto la vista y me enfrento a una tarde gris y lluviosa que se posa, acompasando el sentir de todos, sobre una Montevideo vacía y triste.
Ante todas las incertidumbres que se me plantean no pude dejar de comparar la situación que enfrentamos, a la vivida en épocas pasadas frente a otras pandemias y, por qué no, también a las grandes guerras.
Yendo desde la individualidad de nuestro propio cuerpo, que deberá pelear contra un flagelo desconocido, hasta lo colectivo como especie, donde la humanidad toda encara una crisis de proporciones místicas, se impone pensar en el día después.
De situaciones similares el ser humano salió concientizado como comunidad de su propia fragilidad.
Debilidad que proviene de factores exógenos así como también de nuestros propios egoísmos y mezquindades.
De la Gran Guerra esa conciencia derivó en la creación de la Sociedad de Naciones. Tres décadas después, la aún vigente ONU emergió de la Segunda Guerra Mundial. Ambos organismos reflejaron la necesidad de que nuestro mundo se rigiese por un derecho que atravesara naciones y soberanías.
Estas importan poco cuando se amenaza nuestra especie.
Sin embargo, del dolor y la tragedia el hombre se olvida rápido, ya sea como característica de nuestros mecanismos individuales de defensa, ya por conveniencia.
De la actual pandemia también nos olvidaremos y más aún lo harán las siguientes generaciones. Como pasaron al olvido la denominada Gripe Española que aniquiló a millones.
Evitar esto será la tarea hercúlea de la humanidad de cara a impedir que la próxima crisis sanitaria global amenace seriamente nuestra supervivencia como especie.
Materializar esto implica, en casos vinculados a la salud, desprenderse de las soberanías y territorialidades dejando el paso a una estructura jurídica y económica internacional que permita la toma y aplicación de medidas sanitarias homogéneas, pensadas en el bien de todos, sin distinciones, y no de una colectividad, pueblo o nación.
Renzo Gatto