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    Las políticas públicas en el control de los plaguicidas mejoraron la calidad de las frutas y de las hortalizas

    Hace diez años eran pocos los productores del sector granjero que aplicaban plaguicidas de forma adecuada. En ese entonces tampoco existían controles rigurosos por parte de las autoridades, lo que además de ocasionar un perjuicio al medioambiente ponía en riesgo la salud del ser humano, relataron distintos especialistas. Hoy, la situación cambió, y gracias a las políticas públicas prácticamente se redujo al mínimo la posibilidad de que queden residuos tóxicos en frutas y verduras, según aseguraron desde el gobierno.

    “Los productos están registrados, hay normativa y todo el sector agropecuario está controlado”, resumió en diálogo con Campo el subsecretario del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Enzo Benech. 

    “Obviamente, alguien puede cometer infracciones,  como en todos los órdenes de la vida”, indicó el jerarca, pero enseguida agregó que en ese caso, si alguien es denunciado, el MGAP tomará  las medidas correspondientes. “No podés andar a 150 km por la ruta. Y si lo hacés, estás expuesto a que te paren y te multen. Acá es exactamente lo mismo”, ejemplificó. 

    “Por lo general, ahora los productores ya se han concientizado mucho sobre el tema”, señaló por su parte el productor frutícola Erik Orlando. “Los análisis del Mercado Modelo marcan que no hay niveles de residuos que puedan contaminar  las frutas como las verduras” y “eso es algo que tenemos presente” añadió.

    En una conferencia de prensa realizada el 27 de marzo, la directora general de la granja del MGAP, Zulma Gabard, recordó que hace dos años su cartera impulsó el Plan Nacional de Vigilancia de Residuos, un programa que busca fortalecer los controles sanitarios en frutas y verduras. 

    El proyecto es acompañados por el Ministerio de Salud y el Mercado Modelo, y con él —explicó Gabard— “se busca monitorear cuál es la situación real de los análisis que se hacen” a las frutas y las verduras “a nivel productor, a nivel puesto de venta y a nivel de packaging”. 

    “Hasta ahora siempre han dado resultados”, y en lo que que va del 2014 no se ha tenido “una sola observación, o un solo rechazo en la fruta que se ha exportado”, mencionó la jerarca, y valoró que “eso es mucho decir”. 

    Orlando enfatizó que entre los mismos productores se están intentando difundir las “buenas prácticas” que impulsa el plan estratégico del MGAP, que incluye cursos de capacitación, asistencia técnica y la exigencia de una certificación que los habilite a usar agrotóxicos. 

    “Cuando se capacita en el buen uso de los productos fitosanitarios, se capacita pensando en el medioambiente, y en donde  vive la familia de productores, que es en donde también cultivan”,describió Gabard. Y recordó que “esta capacitación tiene muchos años” de aplicación, al tiempo que evaluó que “los resultados son buenos”.

    El mismo control

    Las autoridades subrayaron que existe un único criterio para el control de frutas y verduras, independientemente de cuál sea su destino.

    “Un mandato del Ministerio establece que no puede haber dos estándares. Si exigimos calidad para lo que sale para afuera, esa misma calidad debe de existir en la fruta que compra doña María cuando va al puesto de la esquina, a la feria, o a las grandes superficies. Los trabajos que se hacen para toda la fruta (y verdura) son en general para todo el sector”, destacó Gabard.

    Orlando dijo que ese objetivo es el que se plantean los productores, pero no aseguró que eso suceda en la realidad. Si bien mencionó que son “los mismos productores los que producen para el mercado interno y externo”, reconoció que es muy difícil saber cuántos son los productos que están certificados de acuerdo con las pautas de los alimentos que se exportan. Para eso se necesita “trazabilidad” en lo nacional y el “espectro de productores y de producción es muy amplio”, explicó.

    La regulación 

    La preocupación de las autoridades por mejorar las prácticas agrícolas en general, y del sector granjero en particular, se remontan al inicio del segundo gobierno del ex presidente Julio María Sanguinetti, en 1995, señalaron distintos especialistas.

    Durante el mandato de Sanguinetti —recordaron— se impulsaron los Programas de Reconversión  y Desarrollo de la Granja, que fueron implementados por el MGAP. En ese entonces se buscó fomentar un uso más racionalizado de plaguicidas, y se trabajó sobre dos ejes: el primero relacionado con el peligro al que se exponían los trabajadores del sector al manipular el agrotóxico en estado puro. Y el segundo vinculado a los residuos que quedaban en los alimentos, y que ponían en riesgo la salud del consumidor. 

    A su vez, se encaró otro tercer problema, que es el perjuicio que el mal uso de plaguicidas puede ocasionar en el medioambiente.

    Ese enfoque permitió a los productores poder exportar “a los mercados más exigentes, como Alemania e Italia”, aseguró Orlando. 

    Antes de que se pusieran en práctica estas políticas públicas, la cantidad, la frecuencia y el tipo de productos que se utilizaban quedaban a criterio del productor o de las recomendaciones de quien los comercializaba, explicaron varios especialistas en el asunto. 

    A partir de 1995 fueron varias las instituciones estatales que se fueron integrando en esta línea de trabajo, como el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (Latu), el laboratorio de Bromatología de la Intendencia de Montevideo y los laboratorios del MGAP y de la Facultad de Química.

    En 2004, el Mercado Modelo adquirió un rol importante en el control de residuos. 

    Sin embargo, fue en esta administración, con Tabaré Aguerre como titular del MGAP, que se comenzó a coordinar los esfuerzos de las distintas dependencias del Estado y los operadores privados, como la Cámara de Agroquímicos.

     Esa integración de las distintas reparticiones permitió una mayor capacidad de ejecución a la hora de poner en práctica las políticas públicas, evaluaron desde el gobierno.