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    Las predicciones de la ficción

    Literatura, cine y terrorismo islámico

    En las calles de París los afiches mostraban la foto de la Torre Eiffel camuflada tras un fusil Kalashnikov. Al costado, una leyenda, que hoy suena nefasta, decía: “La amenaza viene de adentro”. Así fue la campaña promocional de Made in France, una película dirigida por Nicolas Boukhrief que se iba a estrenar el 18 de noviembre en Francia.

    Pero el estreno nunca llegó porque el viernes 13 ocurrieron los atentados múltiples en París en el que hubo 129 muertos y cientos de heridos. La trama de la película tenía demasiadas coincidencias con lo que pasó en la realidad como para abrir los cines y exhibirla al público.

    Es que Made in France cuenta la historia de un periodista francés de origen musulmán que se infiltra en un grupo yihadista y descubre que sus integrantes están planificando una serie de atentados en París para sembrar el terror. “El cine es el mensaje”, habría pensado Marshall McLuhan si hubiera visto tal coincidencia.

    Es la segunda vez que la película queda sin estrenarse. Su lanzamiento iba a ser a comienzos de 2015, pero se suspendió luego del atentado a la revista satírica Charlie Hebdo el 7 de enero. Tal vez ahora sus productores no se animen a fijar una nueva fecha de estreno y dejen en un largo suspenso a esta película y su trágica premonición.

    Diez años antes, la serie norteamericana Sleeper Cells trató de forma similar el tema de la yihad islámica, pero en Estados Unidos. En diez capítulos seguía la investigación encubierta de un musulmán joven, agente del FBI, infiltrado en una “célula dormida” que planea ataques terroristas en Los Ángeles. Cuando se transmitió la serie en 2005, aún estaban abiertas las heridas por los atentados a las Torres Gemelas del 11 de setiembre de 2001, y la noción del terrorista camuflado que vive en la casa de al lado se hizo frecuente en el cine y la literatura.

    Sin embargo, hubo otros creadores más adelantados que desde fines de los 80 vienen alertando en sus obras sobre los peligros del fundamentalismo islámico.

    Letras satánicas, hijos fanáticos.

    En 1988 el escritor indio-británico Salman Rushdie publicó en Inglaterra Los versos satánicos, una novela bastante aburrida, y posiblemente más difundida que leída. El libro primero fue prohibido por varios países árabes donde se produjeron disturbios y quemas de ejemplares. Luego Rushdie tuvo que vivir oculto durante once años, bajo la protección de la policía británica. En 1989 el ayatolá Jomeini promulgó una fatwa y llamó a los musulmanes del mundo a que lo mataran a él y a quienes participaron en la elaboración del libro. Uno de sus traductores japoneses murió acuchillado por fanáticos islámicos.

    Rushdie incluyó en su novela tres historias escritas con un estilo entre realista y fantástico por las alucinaciones y sueños que tienen los personajes. El último de esos relatos fue el que despertó la ira del mundo musulmán: es la historia del profeta Mahound, quien funda una religión radical en el desierto, supuestamente revelada por el ángel Gabriel, intermediario entre el profeta y Alá. Pero de a poco, sus seguidores van poniendo en duda esas revelaciones que siempre favorecían a Mahound.

    Hay momentos en el libro que parecen anticipar lo que le sucedió al propio Rushdie, por ejemplo, cuando Mahound manda matar al poeta satírico que lo ofendió: “Fue sentenciado a morir decapitado antes de una hora, y cuando los soldados se lo llevaban de la tienda hacia el lugar de la ejecución, él gritó por encima de su hombro: ‘Las prostitutas y los escritores, Mahound, somos la gente a la que no perdonas’. Mahound respondió: ‘Escritores y prostitutas. No veo la diferencia’”.

    Otro pronóstico literario fue el de Hanif Kureishi, escritor británico de origen pakistaní. En 1997 escribió un relato que mantiene una asombrosa vigencia y pone los pelos de punta. Se llama Mi hijo el fanático y forma parte del libro Amor en tiempos tristes.

    El protagonista es Parvez, un taximetrista pakistaní viudo que vive con su hijo Alí, nacido en Londres. Parvez comienza a ver en su hijo adolescente transformaciones que le resultan inquietantes: su cuarto que antes era un desorden, ahora está despejado y limpio, su ropa, sus discos y sus videos aparecen en la basura, y ya no tiene ni novia ni amigos. Además, Alí se dejó la barba y empezó a rezar en su habitación despojada.

    Mi hijo el fanático cobró otra dimensión cuando el 7 de julio de 2005 hubo una serie de atentados con bomba en el metro de Londres y en un ómnibus, en los que murieron más de 50 personas. Los responsables: cuatro jóvenes de origen musulmán, pero nacidos en Inglaterra.

    Tal vez ellos tenían los mismos “síntomas” que Alí, el personaje del cuento escrito ocho años antes de esos atentados. Él desprecia a su padre porque toma alcohol y se enamora de una prostituta, lo desprecia tanto como a la sociedad en la que nació: “Te has integrado demasiado en la civilización occidental”, le dice.

    Hacia el final del relato, Parvez pierde la calma y empieza a golpear a sus hijo. “Alí ni se cubría la cara ni devolvía los golpes; no había miedo en sus ojos. Tan solo dijo, a través de su labio partido: —¿Y ahora quién es el fanático?”.

    París, Londres y los cuatro leones.

    Al escritor francés Michel Houellebecq lo han tratado de machista y derechista, entre otros “istas”, pero una de las últimas etiquetas que recibió es “islamófobo” por las críticas que en sus apariciones públicas y novelas ha lanzado hacia el Islam.

    Su último título se llama Sumisión (2015, ver Búsqueda Nº 1812) y se iba a presentar el día que ocurrieron los atentados a Charlie Hebdo. Incluso el novelista había sido caricaturizado en la portada de la revista con la leyenda: “En 2015 pierdo los dientes. En 2022 hago Ramadán”.

    Es que en Sumisión los musulmanes llegan al poder en 2022, aunque toda su movida comienza en 2017, cuando los partidos tradicionales franceses se debilitan y se viven “los últimos residuos de una socialdemocracia agonizante”. Ahí es cuando crece un líder de la Hermandad Musulmana, quien parece ser demócrata y conciliador, aunque su objetivo es conquistar culturalmente a la sociedad francesa. Y empieza por controlar la educación.

    El protagonista de la novela, un alter ego del escritor, ve una gran ceguera en sus compatriotas y recuerda el ascenso del nazismo: “Esa ceguera no era en absoluto históricamente inédita: podía encontrarse entre los intelectuales, políticos y periodistas de los años treinta, unánimemente persuadidos de que Hitler ‘acabaría entrando en razón’”.

    Si Houellebeq es cínico y amargo, mucho más lo es la comedia negra inglesa Four Lions (2010), dirigida por Christopher Morris. En ella se parodian los disparatados planes de una célula terrorista que quiere cometer un atentado de gran magnitud en Londres. El grupo lo integran cuatro musulmanes de nacionalidad británica, dirigidos por Omar, el único inteligente, porque sus tres aliados cometen todo tipo de torpezas.

    “Las mezquitas perdieron el sentido, hermano. Están llenas de fracasados y espías. Son tiempos difíciles. El Islam se resquebraja. Las mujeres responden. La gente toca instrumentos de cuerdas. Es el fin de los días. ¿Quieres hacerlo de verdad?”, le dice uno de los “leones” a un rapero musulmán para enlistarlo en sus filas. Y el rapero acepta actuar “de verdad”.

    De paso, esta parodia inteligente y amarga también llega a los servicios de inteligencia y a la Policía británica, que encarcelan o matan a quienes son inocentes. Pero a quedarse tranquilos: todo ocurre solo en la ficción.

    Silvana Tanzi