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El Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas del Uruguay había tenido intentos de formación en 1965 y en 1983 pero recién logró concretar su fundación en 2005. Ante la pregunta de cuánto tuvo que ver la llegada del Frente Amplio con ese logro, la presidenta del sindicato, Lucía Gándara, no titubea: “Todo. Todo. Todo. Porque junto con el gobierno progresista salió la ley de trabajo doméstico, junto con el gobierno progresista fue que nos llamaron a los Consejos de Salarios y junto al gobierno progresista y el PIT-CNT logramos tomar más fuerza sindicalmente”, responde.
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Las domésticas firmaron ya cuatro convenios colectivos en los que obtuvieron aumentos salariales, antigüedad, presentismo, nocturnidad, ropa de trabajo y protección. Ahora, por ejemplo, reclaman que se le coloque un arnés a las trabajadoras que limpian vidrios en altura y advierten que la ley de responsabilidad penal también las ampara a ellas.
El sindicato tiene unas 3.000 afiliadas en todo el país pero su nivel de representación es “muy minoritario”, ya que en el BPS hay registradas unas 73.500 trabajadoras. Gándara afirma que uno de los motivos de la baja afiliación es el “miedo” y la falta de “conciencia” de que existe un sindicato que puede ayudarlas. Por otro lado, el hecho de trabajar en distintos lugares vuelve muy complicada la organización.
Para el presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira, la ley y la formación del sindicato trajeron un cambio cultural. La domésticas dejaron de ser “las señoras que ayudan” para pasar a ser trabajadoras.
“Si hace 20 años me hubieran dicho que iba a ver un recibo de un trabajador rural con horas extra, hubiera pensado que era una película de Steven Spielberg. Ahora los veo. Y con la ley de responsabilidad penal empresarial muy pocos empresarios hoy se animarían a pedirle a un trabajador que salga a buscar ganado con tormenta eléctrica”, resalta.