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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHan transcurrido varios meses del episodio de la licenciatura del vicepresidente de la República, presidente del Senado y ciudadano supuestamente sin privilegios (“naides más que naides”).
La anunciada aclaración del episodio vía documentación oficial del centro universitario cubano no llegó ni llegará.
Primera conclusión: la tal licenciatura no es auténtica, es falsa, un engaño y/o una apropiación indebida.
Esto es solo parte de la cuestión. Su fuerza política, en lo sectorial y partidario, ha sido hipertolerante. Las comunicaciones oficiales del Senado siguen usando el inmerecido prefijo “Lic.” mientras el MEC lo avala y no reacciona en defensa de los auténticos licenciados/as del país.
Segunda conclusión: hay una incomprensible complicidad política del oficialismo que es, a los hechos me remito, acatada por omisión por la oposición. ¿De qué otra forma, si no, podemos explicar que se sigan recibiendo misivas del Senado o la Asamblea General con el prefijo del título usurpado sin chistar?
Pero hay más: a nivel académico llama la atención la falta de una enérgica y contundente reacción en defensa de lo que las instituciones de educación terciaria hacen. El silencio institucional de las Facultades, públicas y privadas, las que expiden títulos de verdad, resulta vergonzante y constituye una ominosa omisión.
Por otra parte, a nivel ciudadano hemos entrado en la inercia, parsimonia y banalización del tema. Aceptamos de forma irresponsable —por enésima vez— que los episodios se transformen en procesos, que las explicaciones infundadas se tornen justificaciones, y como corolario, aceptamos mansamente que el poder irracional se imponga y avasalle a la autoridad conceptual del ser y deber ser.
Triste destino: logramos ser y estar en el mundo del revés de Walsh y el Cambalache de Discépolo.
En vista de todo lo cual debiéramos reaccionar y ser propositivos para encauzar el dislate. O sea, ser coherentes con nuestra realidad (impuesta) y asumirla tal cual es. En Uruguay, nos guste o no, coexisten dos formas de licenciados: 1) los verdaderos y titulados, y 2) los falsos e indocumentados.
Proponemos entonces, apoyándonos en la más elemental hermenéutica, ajustar la denominación al concepto de las mismas buscando un mínimo de coherencia y fidelidad intelectual en la comunicación. De esa forma todos podrán usar el prefijo que tanto los desvela.
Proponemos crear el neologismo “Lisenciatura” y usar el prefijo “Lis”. Aunque, pensándolo bien, sería una ofensa a la Flor de Lis.
Mejor entonces buscar un neologismo que sea un auténtico barbarismo según lo define la Real Academia Española (RAE), “incorrección que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios o extranjerismos”.
Usemos entonces, derivado del portugués, el término “lixo” (basura), y generemos las “lixenciaturas” con su prefijo “Lix”.
Con ello logramos la similitud fonética tan deseada por los usurpadores y la cabal designación del origen del título: basura.
Una vez que se ajuste el lenguaje a la realidad, el paso siguiente bien podría ser elevar una solicitud o sugerencia para que la RAE. considere incorporarlo como un barbarismo usado-tolerado y avalado en Uruguay.
No sé por qué, pero retumba en el oído lo dicho por Sarmiento: “Civilización o barbarie”. Me pregunto si no sería mejor y más simple optar de forma clara y contundente por la civilización con sus licenciaturas verdaderas y renunciar, rechazar y combatir la barbarie con sus execrables lixenciaturas.
¿O será que nos ganó el caótico relativismo total, simbolizado en el padre político del lixenciado en cuestión, el del “como te digo una cosa te digo la otra” y, en consecuencia, hacemos lo que se nos antoja sin que ello conlleve consecuencias?
Es lo que está sucediendo, es lo que estamos haciendo: avalando la falsedad, tolerando la incultura, insultando a los auténticos merecedores de las licenciaturas en ciencias sociales, humanidades, comunicación, enfermería, psicología, economía, ciencias, filosofía, etc.
Y todavía tenemos pendiente darle curso al discurso de “educación, educación, educación” que, para colmo de los colmos, tuvo y tiene un insoportable tufillo a “recorte y pegue” de una saga de famosos discursos (1997, 2001) de Tony Blair que puede buscarse en Google poniendo “education, education, education tony blair”.
Un deplorable decaecimiento cultural, académico, político y social. Un despropósito nacional.
http://www.theguardian.com/politics/2001/may/23/labour.tonyblair
Gonzalo Pou