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    Lo que dejó la dictadura y de lo que se habla menos

    N° 1668 - 28 de Junio al 04 de Julio de 2012

    Se cumplieron 39 años del golpe de Estado siguiendo un proceso de medidas de seguridad continuadas desde el 13 de junio de 1968, que reprimió y militarizó numerosos sindicatos y organizaciones estudiantiles, asesinando al primer estudiante de la larga lista de mártires que tuvimos en el movimiento estudiantil: Líber Arce.

    Hoy por suerte podemos contar esta historia que ya ha sido reconocida por los artículos 1º y 2º de la ley Nº 18.596 que dicen:

    “Reconócese el quebrantamiento del Estado de Derecho que impidiera el ejercicio de derechos fundamentales a las personas, en violación a los Derechos Humanos o a las normas del Derecho Internacional Humanitario, en el período comprendido desde el 27 de junio de 1973 hasta el 28 de febrero de 1985. Se reconoce la responsabilidad del Estado uruguayo en la realización de prácticas sistemáticas de tortura, desaparición forzada y prisión sin intervención del Poder Judicial, homicidios, aniquilación de personas en su integridad psicofísica, exilio político o destierro de la vida social, en el período comprendido desde el 13 de junio de 1968 hasta el 26 de junio de 1973, marcado por la aplicación sistemática de las Medidas Prontas de Seguridad e inspirado en el marco ideológico de la Doctrina de la Seguridad Nacional.”

    No hay lugar a dudas, los años de dictadura y los previos de utilización de las medidas de represión al movimiento popular tuvieron como principal resultado una sistemática violación de los derechos humanos, que dejó miles de compañeros presos, asesinados, desaparecidos y muchos más que debieron seguir el rumbo del exilio. De ello no hay duda y parte de la memoria sobre la historia reciente debe concentrar un gran esfuerzo en ello.

    La concentración de la riqueza

    En esta nota quiero dar otra visión complementaria de los terribles sucesos de esos años, referidos a la pérdida de calidad de vida de las familias uruguayas —en particular de la de los trabajadores y trabajadores— expresado por un lado en sus aspectos económicos y por otro en lo que se refiere a los valores de convivencia ciudadana.

    Solo la buena casualidad ha querido que el 18 de junio el presidente Mujica haya propuesto dedicar todo este mes a reflexionar sobre las distintas formas que tenemos de cuidar la vida y que al mismo tiempo haya enfatizado que estamos pagando las deudas de una vieja factura de nuestra sociedad.

    Y quiero comenzar sobre la base de la tesis siguiente:

    “La continuidad de la acumulación de capital dependiente en Uruguay, luego del prolongado estancamiento de la década de los 60, requería una rebaja sustantiva de los salarios reales. Y una rebaja sustantiva de salarios reales en Uruguay, dada la fortaleza de las organizaciones sindicales y el desarrollo político de las organizaciones populares requería alterar las condiciones institucionales democráticas y generar una dictadura que, vía decreto, garantizara la rebaja salarial y vía represión la inactividad sindical y popular”.

    Desarrollaré el componente socio-económico de esta tesis (1) con datos.

    En 1971 asume el gobierno colorado de Juan María Bordaberry y decide reducir los salarios reales con un ajuste muy lejos de la inflación. Desde el 28 de junio de 1968, el gobierno había decidido no convocar a los Consejos de Salarios, dejando el ajuste salarial de los trabajadores en manos del gobierno y éste comenzó el año 1972 con la más grande rebaja salarial de todo el período que estamos analizando y la historia del Uruguay. El cuadro 1 y la gráfica son claros:

    —Durante todos los años de este proceso el salario real cayó (con excepción de 1981);

    —El año de mayor caída y el que comenzó el proceso continuo y sistemático de caída fue 1972;

    —Hubo años como 1975, 1977, 1979 y pos crisis en 1982, que fueron caídas muy significativas.

    La fijación de salarios, en la inexistencia de Consejos (no convocados como ya dije desde 1968) y con una represión muy dura desatada sobre sindicatos ilegalizados, quedó en manos de la discrecionalidad de los decretos del Poder Ejecutivo.

    Por ende, no puede haber confusión de conclusiones, no hay mediatización de resultados; lo que sucedió es el resultado directo de lo que quiso el gobierno. Nuestra tesis va tomando cuerpo en la medida que sin duda hubo una decisión política de la dictadura de reducir los salarios para aumentar los ingresos del capital, concentrando ingresos y deteriorando el nivel de vida de la gente (2).

    Esto además debe verse como un profundo proceso concentrador de la riqueza en contra de la clase trabajadora que salvo en los tres primeros años de recuperada la democracia (y en proporción menor al actual) nunca había tenido modificaciones sustantivas ni estructurales hasta la llegada del Frente Amplio al gobierno.

    Por eso, como información complementaria adjuntamos el cuadro 2 que surge del trabajo de Jorge Notaro (3) y que calcula las transferencias de los trabajadores en ese período. Para eso mantiene constante la participación de los salarios en el ingreso nacional del inicio del período, y calcula cuánto transfiere año a año y lo suma en dólares. La suma es la friolera de más de U$S 5.000 millones en 1983; ése era aproximadamente el valor del Producto Bruto Interno al fin de la dictadura y ésa era la magnitud de la deuda externa del país. Es decir, los trabajadores perdimos en los años de dictadura ingresos equivalentes a la deuda externa uruguaya.

    La primacía de lo individual sobre lo colectivo

    Pero como hemos dicho, la tercera vertiente que tuvo la desestructuración social a la que nos sometió la dictadura (además de políticos y económicos) tiene que ver con la cultura y las formas de convivencia ciudadana.

    Sin duda la dictadura con su represión sobre la vida cotidiana, como la imposibilidad de reunirse, el pedido de cédula en los locales educativos, la prohibición del pelo largo, la persecución a grupos numerosos cuando andaban por las calles, la censura de artistas, en definitiva con la modalidad coercitiva, prohibicionista y estimuladora de conductas individuales y represión a conductas colectivas, fue erosionado el valor de la solidaridad que tenía su asiento en el barrio (que como hemos visto en otros trabajos se transformaron de barrios de desiguales en barrios de iguales) en las grandes concentraciones laborales (que la desregulación y la flexibilidad laboral quebraron) y en la vida de las organizaciones colectivas, desde los sindicatos a las comisiones de fomento de las escuelas o de apoyo de los hospitales.

    Porque era en esos lugares, en el barrio, en la escuela, en el sindicato, donde el valor de la vida, la convivencia y la solidaridad tenían su máxima expresión y desde allí se extendían a la sociedad toda y se expresaban en la constitución de organizaciones sociales que reclamaban los derechos ciudadanos que la acumulación capitalista iniciada por Végh Villegas en 1974 debía destruir.

    Reflexión final

    1) La dictadura, cuando reprimió duramente estas formas de socialización, lo hizo consciente de que era la única manera de consolidar un modelo de acumulación capitalista caracterizado por la exclusión y la sobrexplotación del trabajo, para lo cual la represión política, la concentración de la riqueza y la desestructuración social eran partes de un mismo proyecto.

    2) Conocemos los efectos nocivos en la vida económica, política, social y cultural que estas políticas generaron en nuestra ciudadanía y que en parte explican los sucesos de hoy, y asumimos combatirlos con nuestras máximas fuerzas.

    3) Consideramos una pequeñez intelectual achacar que expliquemos el hoy por lo que pasó hace 40 años; toda la historia está llena de lógicas que se expresan muchos años después. Quizás los que dicen eso no saben que la cárcel, además de los daños inmediatos, ha reducido la esperanza de vida en promedio de quienes pasamos por ella y muchos de nuestros compañeros y compañeras se nos están yendo ahora a 25 años de haber salido de ella.

    4) Pero lo más importante es que sabemos que mucha gente desde los más diversos lugares sociales, barriales y políticos resistió para que ello no suceda y permitió que vayamos revirtiendo estos efectos, los económicos, los políticos, los culturales y los sociales. Compañeros que están en esa lucha: cuenten siempre con nosotros

    (1) Un análisis en profundidad de esta tesis se encuentra en Danilo Astori, “Tendencias recientes de la economía uruguaya” FCU 1983.

    (2) En mi libro “Crecimiento y exclusión”, editorial Trilce 2001 se desarrolla el deterioro de vida de los trabajadores con este modelo.

    (3) Jorge Notaro, “Política económica en Uruguay 1968-1984”, editorial Banda Oriental, 1985.

    (*) El autor es economista y ministro de Desarrollo Social. Es ex ministro de Salud Pública e integra actualmente el Comité Central del Partido Socialista. Fue uno de los que diseñaron la reforma del sistema de salud en el gobierno del presidente Tabaré Vázquez. Esta columna fue escrita en exclusividad para Búsqueda.