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    Los arroyos montevideanos y el medioambiente

    Sr. Director:

    Hace 18 años, en aquel entonces el candidato a intendente por Montevideo, Arq. Mariano Arana, prometía limpiar los arroyos de la capital al punto tal que al finalizar su mandato los montevideanos podríamos beber de sus aguas y hasta ver cisnes desfilando.

    Nada de esto sucedió. Lejos de cumplir con su promesa, los arroyos más emblemáticos de la capital como lo son el Miguelete, el Pantanoso y el Carrasco, continuaron su curso de contaminación hasta llegar a niveles impensados.

    Diez años al frente de la Intendencia de Montevideo no le fueron suficientes para revertir la situación, o al menos frenarla. Pero tampoco le fueron suficientes cinco años como jerarca del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Mientras permaneció a cargo del Mvotma, tuvo bajo su tutela a la Dinama, el órgano jerárquico máximo en materia de políticas medioambientales, pero la amnesia le volvió a jugar una mala pasada y olvidó sus promesas.

    La política medioambiental es un tema de Estado. Su defensa está garantizada en la Constitución y en sendas normativas nacionales e internacionales ratificadas por nuestro país. Hoy, y a pesar de la bonanza económica que podría haber permitido contar con los recursos suficientes para revertir la situación de los arroyos, poco y nada se ha hecho. No hubo voluntad política ni para solucionar ni para controlar y faltó una definición clara o hasta estratégica a nivel país.

    A esto se sumó una errática política social que permitió a cientos de familias asentarse en las márgenes de los arroyos, muchos de ellos clasificadores que actualmente vuelcan los residuos sólidos que descartan en las orillas de los arroyos formando murallas de basura. Otros han optado por instalar criaderos clandestinos de cerdos, que por supuesto no cuentan con los controles del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, ni del BPS, DGI o de la propia Intendencia departamental. A dónde va esa carne, nunca lo sabremos.

    Lo que sí sabemos es que la materia fecal de los cerdos va al agua, al igual que la de las miles de familias asentadas que naturalmente no cuentan con saneamiento. Ni que hablar de la situación de los niños que viven y se bañan en estas aguas, muchos de los cuales nunca pisaron una escuela, o de las adolescentes embarazadas que no conocen policlínicas ni hospitales.

    Es que el tema de la contaminación de los arroyos dejó de ser una lucha solo contra las empresas que vertían sus residuos líquidos, para dar lugar a una realidad compleja, donde la materia ambiental, lo social, la salud e higiene y hasta el trabajo irregular son ahora parte del nuevo escenario.

    El arroyo Carrasco es un ejemplo de esta realidad. En el año 2011 la IM tomó muestras de agua que revelaron valores de hasta tres (3) veces más que el límite permitido de coliformes fecales. Una nueva muestra de febrero de 2013 reveló un asombroso aumento de hasta cuarenta y cinco (45) veces el límite permitido de coliformes fecales y cincuenta (50) veces más fósforo y amoníaco libre del permitido. Si bien en principio el fósforo y el amoníaco no revisten ningún riego para la salud, en los valores actuales pueden generar cambios en el ecosistema acuático al favorecer el desarrollo de algunas especies de algas y en consecuencia dificultar la vida de algunas especies de peces.

    Con respecto a los coliformes, al ser fecales implica que son termo-tolerantes y por ende patológicos. Con esa cantidad pueden transmitir muchas enfermedades como por ejemplo hepatitis, cólera, salmonella, shigela, etc. Lo que evidencia una vez más que las políticas o, mejor dicho, las no políticas que existen sobre el tema ponen a diario en riesgo la salud de más de 45.000 personas que sobreviven en las márgenes y afluentes del arroyo.

    Así pues, decenas de pequeños productores rurales que solían habitar la zona se han visto desplazados producto de la inseguridad que naturalmente trae consigo la formación de asentamientos irregulares, pero además porque las aguas subterráneas también se encuentran contaminadas y por tanto se ven imposibilitados de regar sus cultivos sin que los mismos se quemen o se contaminen.

    Esperemos que en un futuro inmediato las autoridades nacionales y departamentales tomen conciencia de la gravedad de la situación denunciada y unan esfuerzos para crear una política seria y responsable en materia de protección del medioambiente y erradicación de asentamientos irregulares.

    Dr. Nicolás Martinelli

    Concejal Municipal