—¿Qué opinión tiene de los gobiernos del Frente Amplio?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—Podría hablar tres días... Por ejemplo, de Tabaré Vázquez. Hubo dos Vázquez. Uno es el Vázquez de la primera presidencia (2005-2010), y otro es el Vázquez de la segunda presidencia (2015-2020), que no pareció ni pariente del primer Vázquez, porque reinó pero no gobernó, porque no lo dejaron los radicales: Constanza Moreira, Luis Puig, su hermano Jorge Vázquez, los anarcos, aún más radicales que los tupamaros, aunque electoralmente insignificantes, y no lo dejaron gobernar. Son los que marcaban el diapasón, el sector radical duro de roer de la ex Juventud Comunista, los que lo fueron hace 40 años. Y también estaba Raúl Sendic, que jugaba con chiches caros. Ese no era ninguna figura que marcara el diapasón ideológico del gobierno, pero también nos condicionó por generaciones con sus negocios de Ancap y a una mitad de los uruguayos le parecían bien esas barrabasadas.
El Vázquez del primer gobierno tenía sentido del Estado y aunque obviamente no era un gobierno de mi partido, fue como en el primer gobierno de (Julio María) Sanguinetti, cuando mi padre dijo: “Vamos a apoyarlo, a darle gobernabilidad”. Pero no porque se hayan vuelto colorados los blancos, porque Uruguay somos todos. Y como dijo mi padre: “Yo voy a apoyar a Sanguinetti en lo que me guste, y en lo que no me guste también”.
Pero cuando vino el presidente de Estados Unidos (George) Bush, Vázquez I estaba prácticamente para sacar la lapicera y firmar el tratado de libre comercio. Pero Marina Arismendi y los otros patearon la mesa porque no iban a firmar con un “genocida”... y nos quedamos sin tratado por ese tipo de guarangada ignorante. ¿Cómo un país no va a tener ni en eso una sintonía mínima?
—¿Cuándo cree que hubo esa sintonía mínima en Uruguay?
—Yo diría que cuando la salida de la dictadura es cuando en Uruguay hubo una especie de sintonía, como que todos en onda corta o en frecuencia modulada, aunque en emisoras distintas. Preocupaba solucionar las mismas cosas, por cómo reinsertar el país al mundo. Ahí funcionó bastante bien. Y luego pasó con el Mercosur. A casi nadie se le ocurrió no meterse, porque hubiese sido absurdo que Uruguay se hubiera negado a entrar, era una estupidez no hacerlo, y hubo prácticamente una unanimidad, y eso es notable. Hubo sintonía como en muy pocas cosas.
—Hoy Uruguay pide mayor flexibilidad para comerciar con otros bloques.
—Es normal que la pida y la va a obtener. Lo que deberíamos tener es un tratado como el que estuvimos a un tris de firmar.