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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn los últimos 10 años han tenido un desarrollo importante los fondos de inversión que operan en ganadería. Son empresas de un buen porte, con mucha visibilidad en los medios de prensa y las redes, aunque no están regulados por el Banco Central del Uruguay. Esto es así porque los productos financieros que ofrecen no se consideran oferta pública de valores, y por ende quedan libres de actuar como una empresa común y corriente.
Los agronegocios son un sector fundamental de la economía nacional y estos fondos han permitido que inversores de perfil urbano, tradicionalmente ajenos al sector, puedan invertir en él. Eso es muy bueno porque acerca capitales al agro, y eventualmente permite a ahorristas relativamente pequeños ingresar a un sector que de otra forma no lo podrían hacer.
El problema que se genera con estos fondos es que al no estar regulados, tienen un riesgo mayor que el propio de las empresas ganaderas. Por sus características, incorporan considerables niveles de asimetría, no solo respecto al tamaño de las partes (ahorrista de unos pocos miles interactúa con fondos que manejan decenas de millones), sino también respecto a la información que manejan (¿a cuánto se tasa una vaca de cría, cuando su valor puede ser la mitad dependiendo del peso, de cuántos terneros pueda parir, de si hay alguna interdicción sanitaria). Seguramente para compensar ese riesgo es que pagan tasas de interés tan interesantes, que duplican o triplican lo que paga un bono del tesoro uruguayo, y claramente exceden la rentabilidad que tiene el productor promedio (es fácil verificarlo en los informes de Fucrea, Plan Agropecuario, etc.).
Uruguay mejoró la regulación de su sector financiero a parir del 2002 y nadie duda del efecto positivo que esto tuvo en el fortalecimiento del mercado. Creo que el Ministerio de Economía y Finanzas, sea a través del BCU o de la Comisión de Promoción del Mercado de Valores, debería actuar con proactividad y adelantarse a posibles problemas que tengan consecuencias negativas amplificadas en el futuro, estableciendo una regulación específica para estos fondos de inversión ganaderos. Seguramente el pack regulatorio no sea novedoso: balances auditados y públicos, calificación de riesgo, auditorías ganaderas, etc. Seguramente, además, sea una buena oportunidad para incorporar en su operativa de captación de inversores, criterios de cumplimiento en la prevención del lavado de activos y de esa forma evitar que haya puntos débiles en nuestro sistema financiero.
Un lector preocupado