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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDecía el filósofo Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
La primera parte de esta sentencia, es decir todo lo que rodea al Yo Ser Humano, tanto en lo inmediato como lo remoto, lo físico como lo espiritual, no son existencias ajenas a él sino integradas indisolublemente con él. Esa circunstancia es, también, generada por los conjuntos Seres Humanos y Naturaleza. Y emanando directa e indirectamente de ambos: la instrucción y la cultura en todos sus niveles. Esta relación no es estática ni unívoca. El Ser Humano crea los medios para mejorar esa circunstancia que será biunívoca, generando una suerte de reiterado circuito de ida y vuelta sin fin.
Pero no lo crea de cualquier modo.
Obviando la atemporalidad de sus autores, Quintus Horatius Flaccus (8/12/65-27/11/8 a.C.) introdujo el adecuado concepto complementario: “Est modus in rebus, sunt certi dénique fines quos ultra citraque nequit exístere rectum”. Hay una medida en las cosas, unos límites más allá y más acá de los cuales no existe lo correcto.
Tratemos de interpretar lo que antecede.
Las expresiones y actitudes habituales de una persona, desde el punto de vista de la corrección, la distinción o la elegancia o sea los modales es una variedad de modos (del latín modus = modo o medida). Existen “buenos o malos modos” cuando hay buena o mala educación. Solemos cuestionar al que se comporta de forma inconveniente expresando que no le han enseñado y aprendido modos.
El modus in rebus de Horacio, la medida de la conducta, está supeditada a normas, a límites, fuera de los cuales no se acepta que sea lo correcto.
El ser humano creó las medidas para regirse adecuadamente.
Antiguamente la nobleza “culta” exhibía modales que los distinguían. También los “no cultos” (sin títulos de nobleza o sine nobilitate o s.nob. y vulgarmente snobs) cuando imitaban a los primeros.
Por eso, quienes quieren “ser reconocidos y aceptados” por el pueblo adoptan modales poco refinados en su lenguaje, su vestimenta y hasta la forma de comer.
Pero aquí surge la institución cultura.
Todos los políticos son, por su carácter de “públicos” seres que enseñan.
La responsabilidad de todo docente, enseñante o introductor a los conocimientos (generales, científicos, artísticos, de valores éticos y morales) mediante una pedadogía adecuada, debe ser la de enrasar para arriba, para superar al educando. Los que enrasan para abajo persiguen otros fines, que obviamente no son para que el educando se supere progresando. Es bien sabido que los regímenes dominantes siempre han tendido a mantener al pueblo “no culto” lejos de la oportunidad de lograr buenos modales.
Arq. Ignacio David Weisz