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    Los “outsiders” y Novick: la oposición en cancha nueva y difícil

    N° 1851 - 21 al 27 de Enero de 2016

    Hasta mayo del año pasado, las oposiciones, con optimismo y expectativas variables, se concentraban en ganarle las elecciones al Frente Amplio o al menos en debilitarlo. Después de las elecciones departamentales la situación cambió. Hoy estamos lejos de las próximas elecciones y el Frente Amplio enfrenta problemas serios: diferencias internas, gestiones de gobierno polémicas y un contexto externo claramente menos favorable que durante la década pasada.

    La situación puede volver a cambiar a favor del Frente Amplio. Eso es lo que ocurrió en sus dos gobiernos anteriores. En los dos, sus peores momentos políticos estuvieron en algún punto intermedio del período de gobierno; hacia el final de ellos el clima volvió a ser casi tan favorable al Frente Amplio como al principio. Eso llevó a Mujica a la Presidencia y a Vázquez a su reelección. Es perfectamente posible que esto vuelva a ocurrir en 2019, pero es menos probable que en 2009 o 2014. Las oposiciones sienten que los problemas que enfrenta el Frente Amplio son mayores que los del pasado y eso les ha brindado espacio para atender temas internos nuevos.

    La edición de “El País” del domingo 17 muestra la importancia de estos asuntos nuevos. La columna del ex presidente Julio María Sanguinetti (“Tiempo de pensar”) toca dos puntos centrales. Primero: el presidente argentino Mauricio Macri no es un outsider, un recién llegado a la política, como algunos creen. “Está lejos” de serlo; “allí llegó luego de una ya larga carrera política”. Segundo: los problemas que a su juicio padece el Uruguay son herencia, como en Argentina, de los gobiernos previos. Consistentemente con lo anterior, lograremos salir de ellos “a través de los partidos políticos y no a pesar de ellos, como a veces —en una ansiedad que comprendemos— percibimos en ciudadanos bien intencionados”. Los outsiders no solucionan los problemas, ni aquí ni en Argentina.

    En la misma edición, el ex senador Juan Martín Posadas (en una columna titulada, precisamente, “El outsider”) se centra en el segundo punto abordado por Sanguinetti. Para Posadas, “los partidos políticos son los agentes naturales de la actividad política”; “es funesta una política en manos de hombres sin vínculos partidarios (…), outsiders que se postulan como salvadores providenciales, unipersonales (y generalmente perpetuos)”. Precisamente por estas razones el atractivo del outsider (“ese tipo (…) incontaminado y libre de todo el conjunto de horrorosos vicios que (…) son parte integral de la política y de la vida partidaria” implica “desconfianza por los partidos políticos, por su personal estable y por la función política como tal”. Esto es pueril y peligroso; “no hace otra cosa que difundir y generalizar un descrédito hacia los partidos”.

    Que los dos distinguidos columnistas y hombres de partido abordaran esos temas en el mismo día puede ser, o no, una coincidencia. En cualquiera de los dos casos las columnas testimonian la importancia que ha cobrado el tema para blancos y colorados.

    La causa específica de esa importancia es el ascenso político de un outsider (Edgardo Novick), cosa común en muchos otros países, pero no en los de fuertes identidades partidarias, como Uruguay. Sanguinetti y Posadas se concentran en la dimensión más general de la problemática, no en la personalidad de Novick o en las características de su crecimiento político. Pero sin Novick esa problemática sería secundaria y oscura.

    Partiendo políticamente de casi nada (para el grueso de los montevideanos), Novick obtuvo más de 200.000 votos en las departamentales de la capital, casi la cuarta parte (24,2%) de todos los votos emitidos. Duplicó a su seguidor más cercano dentro de la Concertación (Garcé) y tuvo 60.000 votos más que Lucía Topolansky (y esto en el territorio central del MPP). Para cualquier observador independiente, Novick ganó un muy considerable capital político. La definición básica de este nuevo grupo es la oposición al gobierno nacional. Por lo tanto, durante los próximos tres años (2016-2018), mientras se perfilan las líneas que llevarán a las elecciones de 2019, uno de los temas “prácticos” claves para el conjunto de la oposición será la forma estable en la que este nuevo grupo será parte de ella.

    Desde el punto de vista de Novick y sus aliados, esas formas deberán atender la legítima ambición de hacer valer al máximo su “muy considerable capital político”. Para los viejos partidos establecidos hay, al menos, tres grandes asuntos. Uno de ellos es la generalización a los demás departamentos de la Concertación montevideana para las elecciones departamentales. Como llegó a sostener un editorial de “El País” el 9 de junio pasado, con los resultados de mayo aún frescos, los números confirmaron en todo el país “la voluntad de concertar de blancos y colorados para convertirse en opción de victoria”. En el plano departamental, una investigación reciente aún no publicada ha confirmado robustamente esta conclusión.

    Pero sobre esto blancos y colorados están divididos. Algunos creen que la Concertación debería (a lo sumo) mantenerse como experimento puramente montevideano; otros piensan que se debería generalizar a varios o muchos departamentos y, eventualmente, a todos.

    Un segundo tema es el de la eventual nacionalización de la concertación montevideana: una alianza nacional de varios partidos como la que acaba de llevar a Mauricio Macri a la Presidencia en Argentina. En teoría esto es posible, pero en la práctica no lo es, porque blancos y colorados “coinciden en no armar ‘bloques’ como en Argentina”; prefieren reafirmar, separadamente, sus identidades partidarias. Esto no impide coordinar acciones sobre temas críticos (narcotráfico, pobreza, educación, libertades públicas) hacia 2019, como sostuvo Pedro Bordaberry en la última edición de Búsqueda (14 de enero). Pero este sería el único espacio nacional “concertable”.

    El tercer gran asunto es el del lugar que ocupará el líder del nuevo grupo, el propio Novick. Esta dimensión ad hominem tiñe todos los temas. Aquí los partidos fundacionales tienen puntos de vista diferentes. Bordaberry, en el reportaje de Búsqueda, dijo que Novick (visto generalmente como afín al partido) tiene las puertas abiertas: “lo estamos esperando hace rato”. Según “El Observador” (18 de enero), en cambio, Luis Lacalle Pou “le planteó a Novick que compita en las presidenciales” corriendo por cuenta propia, presumiblemente desde un partido ad hoc.

    Esto, naturalmente, es defendible desde muchos puntos de vista y, además, tendría la ventaja adicional (para los blancos, no para la oposición) de dividir el voto colorado.

    Novick es el primer outsider cuyo impacto podría acercarse al de Benito Nardone (“Chicotazo”) sesenta años atrás. Desde el punto de vista de las oposiciones (en plural, incluyendo a Novick) es bueno recordar que la “forma estable” negociada entre Nardone y la oposición del momento —los blancos (el acuerdo político con el Herrerismo)— llevó a la derrota colorada de 1958 y al final de su condición de partido predominante (como lo es hoy el Frente Amplio).

    Si la historia se repite, Novick podría llegar a ser el fiel de la balanza.