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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos partidos políticos de oposición en mayor o menor medida coinciden con el cambio de rumbo en lo económico e institucional, pero siempre desde un enfoque más apuntando a gestionar mejor el Estado que heredarán que de cambios profundos y verdaderos.
Hagamos una breve síntesis histórica de cómo llegamos a esta situación en los últimos 75 años.
Los primeros 45 años del siglo pasado fue cuando la nación se consolidó con instituciones modernas donde el Estado tenía presencia, pero no era un pulpo que con sus tentáculos llegaba a todos los rincones de la sociedad. Luego, después de la guerra de Corea cuando empieza el cierre del comercio mundial y por ende una larga y prolongada recesión económica que duró los siguientes 30 años es que se recurre al engrosamiento del Estado como respuesta a la falta de trabajo y oportunidades. Ese engrosamiento del Estado vino acompañado de los sublemas como controles de precio, de cambio, de aduanas, regulaciones, prohibiciones etc. Ahí se creó el monstruo de mil cabezas que como Cronos se alimenta de comerse a sus hijos, o sea, a los ciudadanos que veían en la “panza” de ese Estado “Cronos” su única fuente laboral. En la última parte de esos 30 años de decadencia económica estuvo la dictadura militar, que por las condiciones de excepcionalidad institucional pudo haber revertido la situación, pero lejos de cortar siguió con la misma lógica general salvo por las medidas implementadas por el Ing. Vegh Villegas que recortó controles y prohibiciones que ya llegaban a cosas tan absurdas como tener aduanas entre Montevideo y Canelones; pero el tamaño del Estado quedó inmodificado. Luego vino la democracia y los gobiernos de los partidos tradicionales tibiamente y con contradicciones hicieron esfuerzos por modernizar el Estado y achicarlo, algo donde IBM y Bill Gates hicieron más que la voluntad política. Digamos que al final del último gobierno colorado los empleos públicos estaban en un mínimo histórico de los últimos 40 años (lejos del ideal) y con regulaciones “tolerables”. La historia más reciente es conocida, el FA no solo aumentó en un 25% los empleos públicos sino que además tornó al Estado en una máquina fascista de regular y meterse con las libertades de los ciudadanos. En todo este trayecto de 75 años el Estado se volvió un gran shopping donde todo grupo de ciudadanos con capacidad corporativa puso su “quiosco” y la política los abulonó con el concepto de derechos adquiridos. Esta es la verdadera cosa con la que la política no se mete y que por lo visto y escuchado no está dispuesta a cambiar. Explicaciones electorales y demagógicas tienen cientos para dar.
Esos “derechos adquiridos” alcanzan no solo a los empleados públicos y los jubilados… alcanzan a todos los que tienen el quiosco en el shopping Estado: sindicatos, profesionales (escribanos, contadores, arquitectos, médicos, abogados) “gestores”, empresas prebendarias, ONG, asociaciones civiles, sistema financiero, sistema de transporte etc., y sigue una larga lista. ¿De qué viven todos estos quiosqueros? De las regulaciones y de las empresas monopólicas que derivan invariablemente en que los ciudadanos tengan que padecer sus cautivos, caros, paupérrimos y muchas veces innecesarios servicios.
Así las cosas, el mensaje de la política es: ¡¡El Uber no les va a llegar a los dependientes corporativos del Estado, solo a los privados!! O sea, que sigan ganando los que tienen privilegios y prebendas y que sigan perdiendo como dice Hamlet, los de “paciente mérito”.
Martín Otero
CI 1.684.646-0