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    Los problemas de la mayoría absoluta

    Sr. Director:

    El tener mayoría absoluta en ambas cámaras legislativas en períodos sucesivos, ha traído consigo el veneno de la soberbia y un notorio envilecimiento de las relaciones del oficialismo con los partidos de la oposición. La soberbia del Ejecutivo corre paralela con una actitud displicente y sobradora de los diputados y senadores del Frente Amplio en el tratamiento de importantes leyes, como el Presupuesto y las Rendiciones de Cuentas, apenas disimulada con meras apariencias, más bien mediáticas, de diálogo político. Se ha llegado al extremo de que se le otorga mayor protagonismo al PIT-CNT —rama sindical del gobierno o viceversa—, que a los líderes de los partidos con más de 180 años de historia.

    En estos tiempos debe ser muy difícil pertenecer a la oposición, debe doler saber que se representa a la mitad de la ciudadanía y que se está condenado a vivir en constante desaire y subestimación.

    Leyendo las intervenciones de dirigentes blancos, colorados e independientes, escuchando sus insistentes voces críticas ante diferentes iniciativas del gobierno que violentan principios de hondo arraigo, o, peor aún, sus reiteradas denuncias ante frecuentes hechos de extrema irregularidad o ilicitud, se advierte una paulatina pérdida de intensidad y hasta de fuerza y convicción en las protestas, tal vez resultado de esa impotencia tremenda que da el saber inútiles los llamados a la sensatez y la cordura, al diálogo constructivo, a la transparencia, al respeto y a la austeridad republicana.

    Ejemplos sobran. Todo lo relacionado con los desastres de Ancap y Alur, como antes de Pluna y ahora de ASSE, por citar tan solo algunos de los casos más notorios de asombrosas bancarrotas administrativas, con pérdidas por centenares de millones de dólares, casos aún no resueltos pese al escándalo, confirman y ratifican con elocuencia la impunidad indecorosa con la que se mueven algunos de los principales dirigentes frenteamplistas. Y la sordera y la indiferencia exhibidas son tales, —vemos el secretismo con el que han transcurrido las negociaciones con UPM por la nueva planta de celulosa—, que la espada de la oposición ha perdido filo, su voz potencia, toda ella vigor y solo parece quedarle el triste camino de recurrir a un debilitado Poder Judicial. ¡Qué trágica ironía!

    Se recurre a un Poder Judicial acorralado presupuestalmente, arrinconado hasta la asfixia en una subsistencia apenas viable. Un Poder Judicial desconocido en sus necesidades más acuciantes y perentorias, e ignorado vergonzosamente en sus decisiones jurisdiccionales. Tal parece que tiende a bajar los brazos, a caer de rodillas y entregarse. Terrible. Es que ya no se acatan ni sus sentencias ordenando pagar a los propios funcionarios judiciales los aumentos de sueldo que legalmente les corresponden, sentando un precedente ignominioso en la historia judicial del Uruguay. Lesivo de la dignidad institucional de uno de los tres poderes del Estado nacional.

    No puedo siquiera imaginar las presiones a que se verán sometidos a diario nuestros magistrados. Y ciertamente que desanima la soberbia en el poder y la impunidad en su ejercicio, que se han apoderado de este Poder Ejecutivo, dominado por tupamaros y comunistas, pero acompañado por “la otra” izquierda, la de Astori, y presidido por un inmutable Tabaré Vázquez, rey sin corona, pero con más de un reflejo arbitrario, que lo hace lucir absolutista y monárquico.

    Aún no hemos visto todo. El reinado continúa. Todavía no tocamos fondo. El “caso Sendic” así lo refleja. Marchas y contramarchas, desconocimiento de los dictámenes del Tribunal de Conducta Política del propio Frente Amplio y de la Junta de Transparencia y Ética Pública, negativa a sancionar su inconducta reiterada y la utilización indebida de fondos públicos, y, por si fuera poco, el arbitrario e inconstitucional otorgamiento anticipado de un subsidio, constituyen tan solo oscuras perlas del ignominioso collar de infamias y deslealtades a la confianza de la ciudadanía depositada en sus gobernantes y mandatarios.

    Y por si todo esto no fuera suficiente, resurge desde lo alto del poder la ironía burlona e irrespetuosa y se multiplican los agravios proferidos desde la Presidencia de la República contra el principal representante de la oposición. Vuelven, de boca de quien más parece un provocador que el mandatario de todos los uruguayos, con una penosa falta de originalidad, las “pompitas de jabón”. Es probable que algunos pocos de su entorno lo encuentren gracioso y ocurrente. Pero tenga el doctor Vázquez la absoluta seguridad de que somos muchos más quienes opinamos, con pesar, que está fuera de tiempo y lugar, que es indigno de su propia persona y alta investidura, como así también de la incuestionable jerarquía política de quien se intenta agraviar y del Partido Nacional al que pertenece. Una jerarquía política que ha sido otorgada por un enorme sector de la ciudadanía, a la cual, al agredirlo de manera arrogante y mañosa, y a través suyo, se agravia, desconoce e irrespeta deliberadamente y de muy mala fe. En política no vale cualquier cosa.

    Este llevarse todo por delante, este modo de utilizar el poder para intentar perpetuarse, sin reparar en medios ni procedimientos, no nos debe dejar indiferentes y mucho menos resignados o pasivos. Muy por el contrario, es nuestra obligación cívica observar, reflexionar y reaccionar. Creemos que es mayoría la ciudadanía sana, a la que no es posible comprar con cargos públicos o con dádivas del Mides. Y que son enormes las reservas republicanas que anidan en el corazón de los uruguayos de buena fe. Que se cuentan por centenares de miles. ¡Ya lo verán!

    Eduardo Héguy Terra