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    Los vaivenes bruscos del dólar inciden en la violencia doméstica

    El solo hecho de que la mujer tenga un mayor ingreso potencial termina por disuadir al hombre de actuar de forma agresiva en el hogar, según una investigación

    Los saltos y caídas bruscas en el tipo de cambio real, como los que ocurrieron en los primeros años de la década pasada, tienen una implicancia social oculta: un incremento o un descenso en los casos de violencia doméstica.

    Los profesores Ignacio Munyo (Universidad de Montevideo) y Martín Rossi (Universidad de San Andrés) investigaron el fenómeno y hallaron que una reducción en los salarios potenciales de las mujeres respecto a los hombres lleva a un aumento de la violencia doméstica en Montevideo.

    Los resultados de su estudio —titulado “El tipo de cambio real, la brecha salarial de género y la violencia doméstica”— fueron presentados ayer miércoles 8 por Munyo en la asamblea anual de antiguos alumnos del IEEM-Universidad de Montevideo, efectuada en el Auditorio Nacional del Sodre.

    Uruguay no es la excepción en cuanto a la prevalencia de la violencia doméstica, y una de cada cuatro mujeres la padece, según una reciente encuesta del Ministerio de Salud Pública. Dicho sondeo también muestra que la incidencia de la violencia es mayor en contextos socioeconómicos desfavorables y que el problema es más importante para las mujeres con bajos niveles educativos, reseñan los autores. Más aún, según la Encuesta Nacional de Prevalencia de Violencia Basada en Género y Generaciones, efectuada por el Instituto Nacional de Estadística en 2013, siete de cada diez mujeres uruguayas han experimentado algún tipo de violencia de género a lo largo de su vida.

    Munyo y Rossi aportan al debate que se da a propósito de dos teorías alternativas. Por un lado, los modelos socioculturales predicen que la violencia contra las mujeres crece a medida que sus salarios aumentan, sobre todo porque los hombres sienten amenazado su rol de género tradicional. Por otro lado, los modelos de negociación en el hogar predicen que un aumento en el salario potencial de una mujer incrementa su poder de negociación. Dado que, desde esta perspectiva, lo relevante no es el salario real sino el salario potencial, mejorando las condiciones relativas del mercado laboral para las mujeres disminuirá la violencia, incluso en aquellos hogares donde estas no trabajan. Lo contrario también es cierto: peores condiciones en el mercado de trabajo para ellas en relación con los hombres aumentará la violencia doméstica.

    Según los autores, la mayoría de los estudios empíricos previos sobre el tema padecen deficiencias metodológicas, ya sea por variables omitidas asociadas a los sueldos de las mujeres (como la educación) que podrían explicar la relación negativa con la violencia, o por la causalidad inversa, dada por el hecho de que la violencia doméstica puede reducir la productividad y los ingresos de la mujer. Una excepción es una investigación de Anna Aizer de la Universidad de Brown (Estados Unidos) publicada en 2010, cuya principal conclusión es que la reducción de la brecha salarial entre ambos géneros reduce la violencia contra las mujeres. Munyo y Rossi agregan nueva evidencia aprovechando para su investigación una variación exógena en la brecha salarial por género derivada de la fluctuación del tipo de cambio real: encontraron que una reducción en los salarios potenciales de las mujeres respecto a los hombres lleva a un incremento de la violencia en los hogares.

    “El desafío mayor en este tipo de investigaciones es poder cuantificar cambios en el salario potencial de las mujeres, porque es una variable no observada. Ahí es donde está nuestra principal contribución”, comentó Munyo a Búsqueda.

    Tipo de cambio y violencia

    Entre 2002 y 2004, después de una fuerte depreciación real de la moneda uruguaya, la proporción de los salarios de los hombres de Montevideo frente a los de las mujeres pasó de 1,52 a 1,58. Y entre 2004 y 2010, tras una apreciación real (similar en valores absolutos a la depreciación anterior), dicha relación volvió de nuevo a 1,52.

    “Con un poco de imaginación encontramos un evento externo —las variaciones bruscas en el tipo de cambio— que afecta de forma sustancial la brecha potencial de ingresos entre hombres y mujeres. El mecanismo de transmisión viene dado por el hecho de que cuando sube el dólar aumenta el salario relativo en sectores en donde tradicionalmente trabajan más los hombres que las mujeres. Lo contrario sucede cuando se aprecia el tipo de cambio”, comentó el economista.

    Utilizando datos del Ministerio del Interior y del Banco Central, observaron que entre junio de 2002 y enero de 2004 el tipo de cambio real multilateral se depreció 58%, al mismo tiempo la violencia doméstica creció 35%. Es decir que en ese período los casos de agresión contra las mujeres dentro de sus hogares se incrementaron, mientras que sus posibles ingresos relativos disminuyeron. La dinámica opuesta se dio entre enero de 2004 y febrero de 2009: mientras que el tipo de cambio real multilateral se apreció 29%, la violencia doméstica cayó 23%.

    En el mismo período, la evolución de delitos comparables —como la violencia privada y las lesiones personales— fue diferente a la observada con la violencia doméstica: aumentaron 14% entre junio de 2002 y enero de 2004, y también lo hicieron en la misma magnitud desde esa fecha a febrero de 2009.

    “El contraste en el patrón observado con estos delitos similares a la violencia doméstica pero fuera del contexto familiar es un chequeo relevante a la hora de sostener las conclusiones del estudio”, indicó Munyo.

    Constataron además, que un aumento en el tipo de cambio tiene un efecto más fuerte sobre la violencia doméstica en las seccionales policiales de Montevideo en que la proporción relativa de los hombres en los sectores productores de bienes transables que se ve favorecido cuando sube el tipo de cambio —como el sector primario y la industria manufactura— es mayor (representa casi 20% de la media de la muestra de casos). Usualmente las mujeres están más empleadas en los servicios como en la enseñanza o el comercio, rubros típicamente no transables que se perjudican cuando sube el dólar.

    En consonancia con los modelos de negociación en el hogar, los investigadores encontraron que un aumento en el tipo de cambio real (generando así un aumento en el poder de negociación de los hombres en relación con las mujeres) incrementa la violencia doméstica. Lo contrario sucede cuando cae el tipo de cambio.

    “Lo más relevante a destacar es que el solo hecho de que la mujer tenga un mayor ingreso potencial termina por disuadir al hombre de actuar de forma violenta en el hogar”, aclaró el profesor de la Universidad de Montevideo.

    En base a sus hallazgos, los investigadores afirman que las políticas orientadas a reducir la brecha potencial salarial por género tendrían consecuencias positivas sobre la violencia doméstica. También que el ciclo económico debe ser tomado en cuenta por las autoridades en el diseño de acciones de prevención de ese tipo de agresiones contra las mujeres en el hogar. “Ahora sabemos que las fuertes devaluaciones que traen aparejadas ganancias de competitividad para la economía tienen como daño colateral un incentivo al aumento de la violencia doméstica”, remarcó Munyo.

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