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    Lula vuelve al ruedo político: un ojo en las urnas, otro en la Justicia

    Río de Janeiro (Gerardo Lissardy, corresponsal de América Latina). Luiz Inácio Lula da Silva suele admitir que haber concluido su segundo mandato como presidente de Brasil el primer día de 2011 fue un reto particular para él, pese a que “creía que estaba preparado desde el punto de vista psicológico” para ese momento. “Descubrí que las puertas tenían pestillo cuando dejé la Presidencia, porque cuando usted es presidente nadie le deja ni empujar una silla: si se va a levantar, tiene alguien para empujarla”, recordó en mayo frente a las cámaras de SBT, su primera entrevista televisiva después de haberse sometido a un tratamiento contra el cáncer de laringe.

    En esa misma aparición pública, Lula recordó el momento en que llegó a su casa después de haberle pasado la banda presidencial a su correligionaria Dilma Rousseff y percibió que el equipo de seguridad a su alrededor había disminuido, otra señal de que su tiempo de jefe de Estado ya era historia. “Al día siguiente”, continuó, “usted se levanta y está con su mujer, uno mirando a la cara del otro: ¿Qué hacer? ¿Quieres café? Ve a hacerlo, a calentarlo. ¿Quieres un huevito? Ve a freírlo”.

    Claro que para un “animal político” como Lula el cambio fundamental al dejar la Presidencia no pasa por la seguridad ni por los servicios en su entorno. En realidad, se trata de una disyuntiva de vida que puede resumirse en dos opciones: mantenerse en la actividad política activa y eventualmente considerar volver al cargo si la ley lo permite, o descartar cualquier nueva candidatura y dejar espacio a otros, asumiendo que el momento culminante de la carrera política personal ya pasó. “No es fácil saber cómo actuar en el rol de expresidente”, declaró Lula en el diario estadounidense “The New York Times” el mes pasado.

    Sin embargo, todo indica que Lula ha optado por la primera de esas opciones. Aunque suele reiterar que apoyaría una eventual reelección de Rousseff en los comicios de 2014, nunca ha descartado volver a postularse en esa oportunidad si la actual presidenta declina hacerlo. De hecho, luego de haber recibido en marzo la noticia de una “remisión completa” de su cáncer gracias al tratamiento de radioterapia y quimioterapia que recibió, Lula está de nuevo en el ruedo político con actos y avisos proselitistas para apuntalar a sus candidatos en las elecciones municipales de octubre, mientras aguarda el desenlace de un juicio histórico por un esquema de presunta corrupción en su gobierno que, según analistas, puede afectar su imagen aun estando libre de cargos.

    Aunque parezca improbable que pueda volver a la presidencia de Brasil en 2014, Lula da la impresión de estar haciendo lo posible para mantener abierta esa posibilidad, basada en lo que David Fleischer, un profesor emérito de ciencia política en la Universidad de Brasilia, define como “una reserva de carisma y prestigio bastante grande” de este ex vendedor ambulante, tornero mecánico y dirigente sindical de 66 años. “Su esperanza continúa”, dijo Fleischer a Búsqueda. “En Brasil decimos que la esperanza es lo último que muere”.

    Después del cáncer

    El último año ha deparado momentos fuertes para Lula, comenzando por el tumor de laringe de unos tres centímetros que le fue detectado en octubre. Eso significó un cambio de hábitos y de compromisos para el ex presidente que, tras dejar el cargo, visitó 36 países en ocho meses para dar conferencias, algunas patrocinadas por multinacionales y entidades bancarias con cotizaciones que ascendían hasta U$S 300.000, según la prensa brasileña. Además de poner un repentino fin a esa vida de trotamundos, el tratamiento contra el cáncer amenazó dos de los rasgos más característicos de Lula: su barba, que ha desaparecido de su rostro y él desconoce si podrá volver, y su gruesa voz. “Tuve miedo porque tocar la cuerda vocal podía significar perder la voz”, comentó en la entrevista de SBT. “¿Y cómo iba a sobrevivir yo sin poder hablar? O sea, es vivir pero sin vivir”.

    Fleischer dijo que pese a la aparente remisión total del tumor, Lula aún tiene una voz menos vigorosa que antes y continúa con sesiones de terapia para mejorar el habla. Pero también evaluó que su lucha contra el cáncer generó una ola de empatía en los brasileños que pudo haber beneficiado su imagen. “Esa enfermedad y su fuerza para enfrentarla sumó más a su carisma, porque el pueblo alentó para que él pudiera recuperase”, dijo.

    Las encuestas señalan que Lula sigue siendo un político altamente popular en Brasil. Luego de una presidencia de ocho años en la que el gigante sudamericano creció a altas tasas y sacó cerca de 30 millones de personas de la pobreza, Lula dejó la Presidencia con índices domésticos de aprobación en torno a 80% y varios reconocimientos internacionales. Una encuesta de la empresa MDA Pesquisa divulgada el mes pasado sugirió que Lula ganaría cómodamente las elecciones de 2014 si fuera candidato presidencial, con una intención de voto de 69,8%.

    Todo esto incide en el modo en que Lula participa de la campaña para los comicios municipales de octubre, donde se juega el control de ciudades brasileñas como São Paulo o Río de Janeiro. Su prioridad es lograr la elección como alcalde paulista de Fernando Haddad, un ex ministro de su gobierno y miembro del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) que él fundó. Según las encuestas, Haddad está en desventaja en la carrera por la urbe más grande de América Latina, pero parece ir mejorando con el respaldo de Lula. Los candidatos petistas en otras ciudades importantes como Porto Alegre, Belo Horizonte, Recife, Fortaleza y Salvador también han recibido el apoyo del líder partidario, sobre todo con avisos de televisión, pero su situación electoral parece tanto o más difícil que la de Haddad.

    Herencias

    Fue en este clima electoral que otro ex presidente brasileño y adversario político de Lula, Fernando Henrique Cardoso, publicó a comienzos de mes una columna acerca de la “herencia muy pesada” que su sucesor dejó a Rousseff. En el texto, Cardoso aludió a la falta de reformas estructurales y de concesiones de servicios públicos durante el gobierno de Lula a pesar de la bonanza económica que disfrutó. También aludió a una “desorientación de la política energética” de Brasil y a una “crisis moral” en el país que provocó la salida de siete ministros por sospechas de corrupción en el primer año de gestión de Rousseff, designados en función de alianzas políticas tejidas por el líder del PT.

    Cardoso se refirió además al juicio que el Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil inició el mes pasado por uno de los mayores escándalos de presunta corrupción que el país recuerde. Se trata del caso del “mensalão” o gran mensualidad: un aparente mecanismo creado por el PT durante el primer gobierno de Lula para comprar votos de partidos aliados en el Congreso con recursos públicos desviados ilegalmente. En el banquillo de los acusados hay 37 individuos bajo cargos varios como corrupción, lavado de dinero y peculado. Entre ellos figuran el ex ministro de la Presidencia de Lula José Dirceu, el ex tesorero del PT Delúblio Soares, y el ex presidente del partido José Genoino.

    Lula descarta la existencia de semejante esquema ilegal de sobornos. Pero la fiscalía sostiene que hay pruebas claras y el STF ya declaró culpables a algunos acusados, incluido João Paulo Cunha, que fuera presidente de la Cámara de Diputados durante la gestión del ex mandatario.

    “Lula está, como debería, muy preocupado por el andamiento del ‘mensalão’ porque su núcleo, incluido José Dirceu, probablemente sea condenado y es posible que más adelante él sea mencionado por los abogados de la defensa y la fiscalía”, dijo Fleischer. De hecho, el nombre del ex presidente ya surgió en el juicio cuando la defensa del ex diputado que destapó el escándalo, Roberto Jefferson, afirmó que Lula fue quien ordenó los sobornos y pidió que fuese incluido en el proceso, algo rechazado por el Supremo por considerarlo “jurídicamente imposible”.

    Cristiano Noronha, un analista político de la consultora Arko Advice, con sede en Brasilia, expresó dudas de que este proceso pueda perjudicar de forma significativa la popularidad de Lula, recordando que el escándalo saltó a la luz pública durante su primer gobierno, pese a lo cual resultó reelecto en 2006. Sin embargo, dijo que el juicio puede afectar el modo en que la historia recuerde la gestión del primer jefe de Estado del PT. “El juicio del ‘mensalão’ puede ser más dañino para el PT que para Lula”, señaló en diálogo con Búsqueda.

    A medida que el juicio avanza, han surgido señales de diferencias dentro del PT sobre cómo reaccionar. Mientras el presidente de esa organización política, Rui Falcão, ha aludido a este caso como un golpe orquestado por sectores conservadores de la sociedad, el ex ministro de Educación de Lula y actual gobernador de Rio Grande do Sul, Tarso Genro, afirmó que las sentencias de la Justicia hay que respetarlas aunque se discrepe con ellas: se trata del Estado de derecho en acción.

    Aunque Rousseff ha evitado cualquier defensa pública de los acusados ante el STF, sí reivindicó la gestión de Lula tras las críticas de Cardoso, con quien había cultivado una buena relación hasta este incidente. “Recibí del ex presidente Lula una herencia bendita”, replicó la presidenta en un mensaje escrito. “Recibí una economía sólida, con crecimiento robusto, inflación bajo control, inversiones consistentes en infraestructura”, añadió.

    La situación evidencia hasta qué punto Lula ha vuelto al epicentro de la vida política brasileña tras su breve alejamiento por el cáncer, aun cuando analistas como Noronha descartan que esté preparando su eventual candidatura en 2014. Rousseff cuenta con índices de aprobación cercanos a 70%, lo que sugiere que sería difícil que desista de buscar un segundo mandato. Pero otros creen que este escenario puede cambiar si la economía brasileña sigue sin recuperar las tasas de crecimiento que tuvo al final del gobierno de Lula. Hace unos días, el Banco Central informó que el mercado financiero volvió a reducir a 1,62% las previsiones de crecimiento del gigante sudamericano este año. “Si en 2014 la economía va peor que ahora, tal vez la candidatura de Dilma se torne más vulnerable y ahí (Lula) tal vez tendría voluntad de ser candidato”, comentó Fleischer. “Pero eso es mucha especulación, porque no sabemos cómo va a estar la economía”.

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