N° 1717 - 13 al 19 de Junio de 2013
N° 1717 - 13 al 19 de Junio de 2013
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos rojos de España asesinaron a Ramiro de Maeztu el 29 de octubre de 1936. Había escrito un par de libros (“Defensa de la hispanidad”, “La crisis del humanismo”) que ofendían la pretensión marxista de aniquilar la identidad nacional, negar el alma, destruir la familia y la propiedad, agraviar las tradiciones. Esa fría noche fueron a la cárcel, lo sumaron en un paquete a otros cuantos desgraciados que estaban purgando su rechazo a las asonadas republicanas y lo sometieron al pelotón de fusilamiento. Fue una muerte rutinaria, irrelevante y nada trabajosa para los asesinos, preparados ideológicamente para llevar a cabo ese tipo de acciones en nombre del socialismo y la felicidad de la clase obrera.
Revisando las obras de juventud de Ortega y Gasset —quien le profesa admiración y le ha dedicado más de un trabajo— he vuelto a confrontarme con esos dos libros de referencia y nuevamente advertí su actualidad, y de paso entendí la razón de su silenciamiento. Maeztu expuso ideas que los comunistas y los materialistas en general no perdonan; expresó, por ejemplo, que la noción de patria es constitutiva del ser de los pueblos que se asumen con honor y con responsabilidad ante el destino. En “Defensa de la hispanidad” escribió: “El valor de la patria es anterior al ser. Aquí también han de entenderse las cosas a derechas. Desde un punto de vista cronológico es evidente que nada del ser es anterior al ser. Pero el nacimiento de la patria se debe a una idea que se expresa en un acto y el mantenimiento de la patria es un sistema de ideas, expresadas también en actos, que se acumulan en apoyo de la idea originaria o de lo que haya de esencial en ella”.
El sentido práctico y operativo de algo intangible y a la vez tan exacto para el alma de un patriota como lo es la patria, lo deriva Maeztu de una famosa tesis de San Agustín. Vale la pena conocer la secuencia del razonamiento. Dice así:
“El mejor maestro del patriotismo es San Agustín: ‘Ama siempre a tus prójimos, y más que a tus prójimos, a tus padres, y más que a tus padres, a tu patria, y más que a tu patria, a Dios”, escribe en “De libero arbitrio”. “La patria es la que nos engendra, nos nutre y nos educa... Es más preciosa, venerable y santa que nuestra madre, nuestro padre y nuestros abuelos”, dice otro texto del mismo libro. “Vivir para la patria y engrendar hijos para ella es un deber de virtud”, se lee en “La ciudad de Dios”. “Pues que sabéis cuán grande es el amor de la patria, no os diré nada de él. Es el único amor que merece ser más fuerte que el de los padres. Si para los hombres de bien hubiese término o medida en los servicios que pueden rendir a su patria, yo merecería ser excusado de no poder servirla dignamente. Pero la adhesión a la ciudad crece de día en día, y a medida que más se nos aproxima la muerte, más deseamos dejar a nuestra patria feliz y próspera”, escribe en una de sus cartas.
He aquí un sentido completo de la patria. La que engendra es la raza; la que nutre, la tierra; la que educa, la patria como espíritu, a la que se quiere tanto más cuanto más tiempo pasa, es decir, cuanto más la conocemos. No es meramente la tierra, como decía un anarquista que llevaba a su hijo a una frontera, para hacerle ver que no hay apenas diferencia entre una nación y otra. No es tampoco meramente un ser moral, puesto que ha encarnado en los habitantes de un territorio. Pero no es tampoco una conciencia colectiva, como quisiera Renan. No es una súper alma. Es más que el Estado, porque este puede sernos opresivo y explotador, y no pasa de ser el órgano jurídico y administrativo de la patria. En cierto modo, es inferior al hombre; porque el hombre tiene conciencia y voluntad, y la patria no las tiene. Pero le es superior, porque puede durar sobre la tierra, porque debe durar, si lo merece, hasta el fin de los tiempos, engendrando, nutriendo y educando a las generaciones sucesivas, y el hombre es efímero. No podría decirse, sin embargo, que el hombre ha sido hecho para la patria; porque la verdad es que las patrias han sido hechas para los hombres, para que los hombres puedan espiritualizarse en esta tierra y no lo conseguirán del todo si no dedican la existencia a procurar que merezca su patria perdurar hasta el fin de los tiempos, cosa que no se logrará si no la hacemos servir a la justicia y a la humanidad”.
Lúcido observador de su tiempo, Ramiro de Maeztu vivificó un espíritu que en su tiempo estaba menguando y que hoy ya es decididamente exótico.