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    Mamografías obligatorias (I)

    Sr. Director:

    Contra la ley de mamografía obligatoria. A las senadoras y senadores que deben analizar el proyecto de ley de mamografía obligatoria, a las autoridades de Salud Pública, a las mujeres y a sus ginecólogos, al doctor Bernardo Aizen y a la ingeniera Ana Rosengurtt, con carácter urgente:

    Agradezco al Dr. Aizen su intento de descalificar mis argumentos en contra de la ley de mamografía anual obligatoria porque me obligó a verificar mi información. Así lo hice y con sorpresa descubro que ambos estamos desactualizados: en junio de 2013 se difundió nueva evidencia científica en contra de realizar mamografías de rutina para mujeres sin síntomas de cáncer de mama (método de “cribado mamográfico” o “tamizaje”).

    Esta conclusión emana de la reconocida organización científica independiente Cochrane y dice textualmente: “Estudios más recientes sugieren que el cribado mamográfico puede no ser eficaz para reducir el riesgo de morir por cáncer de mama. El cribado mamográfico diagnostica como pacientes con cáncer de mama a mujeres sanas que nunca desarrollarían síntomas de cáncer de mama. El tratamiento de estas mujeres sanas aumenta su riesgo de morir, por ejemplo, por enfermedades del corazón y cáncer. Por lo tanto, no parece razonable participar en cribados de cáncer de mama”. (Ver: The Cochrane Collaboration, “La mamografía como método de cribado para detectar el cáncer de mama”: www.cochrane.dk/screening/index-es.htm y Folleto de divulgación masiva en: www.cochrane.dk/screening/mamografia-es.pdf).

    La nueva evidencia científica en contra de las mamografías de rutina para mujeres sin síntomas de cáncer de mama proviene de ensayos que involucraron a más de 600.000 mujeres: Cochrane concluyó que los daños de las mamografías de rutina son mayores que el beneficio para las mujeres sin síntomas.

    Sobre el beneficio (reducción de la mortalidad), Cochrane concluye: “El cribado mamográfico no reduce el riesgo de morir de cáncer (incluyendo cáncer de mama). Por lo tanto, parece que las mujeres que se realizan una mamografía no viven más que las mujeres que no”. Cochrane explica que la mortalidad por cáncer de mama viene bajando (en Uruguay sucede lo mismo) y que esto se debe a la mejora de los tratamientos oncológicos y no a la detección temprana por mamografías. Dice: “Un estudio australiano encontró que la mayoría, si no toda, de la reducción de la mortalidad del cáncer de mama podría atribuirse a la mejora del tratamiento (hormonal y quimioterapia)”. Por ejemplo: “En Europa, raramente se les ofrece cribado a las mujeres menores de 50 años. Sin embargo, hubo una caída del 37% en la mortalidad por cáncer de mama entre 1989 y 2005 en estas mujeres, mientras que fue de solo el 21% en mujeres de 50-69 años. Los descensos de mortalidad comenzaron antes de que se comenzara el cribado en muchos países”.

    También explica Cochrane que las cifras de reducción de mortalidad por mamografías de rutina han sido sobredimensionadas y dice: “El beneficio de la detección es, por lo tanto, muy pequeño”. Como ejemplo menciona estudios realizados en Suecia, donde se concluyó que “la reducción absoluta de la mortalidad por cáncer de mama fue solo del 0,1% (1 de 1000) después de 10 años”.

    En contraste, los daños de las mamografías de rutina explicados por Cochrane son mayores que el beneficio: daños de “sobrediagnóstico y sobretratamiento”, “cirugía más agresiva”, “falsa alarma”, “falsa tranquilidad” y “dolor durante el examen”. A modo de ejemplo, transcribo el principal daño: “Sobrediagnóstico y sobretratamiento - Algunos de los tipos de cáncer y algunos de los cambios celulares tempranos (carcinoma in situ) que se encuentran por el cribado crecen tan lentamente que nunca se convertirían en un verdadero cáncer. Muchos de estos ‘falsos tipos de cáncer’ detectados en mamografías de cribado incluso habrían desaparecido de forma espontánea, si no se hubieran tratado. Dado que no es posible saber la diferencia entre los cambios celulares y cánceres peligrosos e inofensivos, todos ellos son tratados. Por lo tanto, el cribado causa que muchas mujeres sean tratadas de un cáncer que no tienen y que no desarrollarían nunca. Un estudio sistemático sobre la mamografía de cribado encontró que: si 2.000 mujeres son revisadas regularmente durante 10 años, 10 mujeres sanas serán consideradas pacientes con cáncer y recibirán tratamiento innecesariamente. A estas mujeres se les extirpará una parte o toda la mama, y muchas de ellas recibirán radioterapia y, a veces, quimioterapia. El tratamiento de estas mujeres sanas aumenta su riesgo de morir, por ejemplo, por enfermedades del corazón y cáncer. Por desgracia, algunos de los cambios celulares tempranos (carcinoma in situ) se encuentran a menudo en varios lugares de la mama. Por lo tanto, la mama se extirpa en su totalidad en 1 de cada 4 de estos casos, aunque solo una minoría de estos cambios celulares se hubieran convertido en cáncer”.

    Espero que mis numerosas citas y entrecomillados dejen tranquilo al Dr. Aizen respecto a que NO se trata de mi opinión personal sino de la opinión de expertos en epidemiología y en prevención basada en la evidencia.

    Se comprende que al Dr. Aizen le resulte difícil incorporar esta nueva evidencia cuando aparentemente él tuvo la idea inicial de un cribado universal y obligatorio, según relata en la “Entrevista a un Referente” titulada “Debemos unificar y jerarquizar el resultado de la mastología”, publicada en el sitio web de Laboratorio Roche (www.rochevida.com.uy). Allí el Dr. Aizen dice: “quise impulsar y no pude una verdadera campaña de tamizaje, de  diagnóstico secundario de cáncer, de carácter universal, gratuito y obligatorio”.

    Esta idea, muy loable en la época en que se pensaba que las mamografías bajaban la mortalidad, hoy, según la evidencia publicada por Cochrane, representa hacer más daño que bien a las mujeres a quienes el proyecto de ley quiere forzar a realizarse mamografías todos los años.

    Lo que las mujeres uruguayas necesitamos de nuestros médicos y legisladores es que se informen de las recomendaciones internacionales independientes basadas en la evidencia, como Cochrane (cuya recientísima evidencia señala la ineficacia de la mamografía para bajar la mortalidad) o como la US Preventive Task Force o su similar canadiense, que sugieren (jamás obligan) a las mujeres sin síntomas, realizarse mamografías de rutina hasta cada 33 meses, sin ponerse de acuerdo en la edad de comienzo (40 y 50 años respectivamente). Necesitamos, entonces, que rechacen el proyecto de ley de mamografía anual obligatoria y que se derogue el decreto actual de mamografía bianual obligatoria.

    Si además desean hacer el bien, necesitamos una campaña de información que difunda los síntomas de cáncer de mama para acudir al médico de inmediato (que ahí sí, indicará una mamografía diagnóstica). Una campaña que además nos informe sobre los factores de riesgo: por ejemplo, antecedentes familiares de cáncer de mama (estas mujeres sí deben hacerse mamografías de control frecuentes, igual que las que portan un determinado gen que las hace vulnerables). Una campaña que, por último, nos indique cómo bajar nuestro riesgo de cáncer de mama: por ejemplo haciendo ejercicio y tomando menos alcohol.

    Los fondos que se pensaba destinar a hacer mamografías anuales a todas las mujeres mayores de 40 años podrían destinarse a renovar los mamógrafos uruguayos vetustos cuya radiación no está bien controlada, ya que se necesitarán muchos menos mamógrafos (¡pero buenos!) para atender un menor número de mamografías más efectivas. Al respecto, Cochrane no menciona el riesgo de radiación acumulada, pero la USPSTF sí ha calculado que la mamografía anual mataría, por radiación, el doble de mujeres que la mamografía bianual, como mencioné en mi carta anterior, y esto con mamógrafos de última generación y con controles estrictos. Pido acá a la ingeniera Rosengurtt (carta a Búsqueda del 31/10/13) que si tiene datos del parque actual de mamógrafos los brinde para eliminar o reforzar un motivo más de preocupación. Es decir, sería bueno saber si hay mejoras a la situación lamentable del 2008, con mamógrafos uruguayos con hasta 35 años de promedio cuando a los 10 años se vuelven obsoletos y por lo tanto peligrosos. Y a efectos de la ley, saber con qué mamógrafos se estaba planeando atender a la población femenina del carnet de salud obligada a realizarse mamografías. 

    Para terminar, espero que el Dr. Aizen siga adhiriendo al lema médico: “primo non nocere” (primero no dañar) y siga siendo el defensor de la vida que ha sido siempre, modificando, a la luz de esta nueva evidencia, su antigua postura y comenzando a apoyar a las ciudadanas como la ingeniera Rosengurtt y yo misma, que sin más poder que la investigación y trasmisión de información calificada actualizada, intentamos defendernos de un atropello legal que amenaza nuestra salud y la de nuestras congéneres.

    Muchas gracias desde ya.

    Lic. Laura Cerruti

    Comunicadora Social