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Es tan rico el pasado y el presente de la música popular brasilera que empezar a describirlo es un problema. ¿Se puede ser lo suficientemente justo frente a tanta belleza? Seguramente no, y por eso esta nota trata solo sobre uno de los ritmos que laten en el corazón de Brasil: el samba.
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No ha habido en ese país un nombre más popular que el de Zeca Pagodinho, un cantante con una banda, una capacidad de improvisación y un carisma de primera. Hoy mismo, los jóvenes deliran con la voz pura de Diogo Nogueira, hijo de João, y con los temas pegadizos del Grupo Revelaçao y del rapero Marcelo D2. Entre el pagode de los conjuntos nuevos, que utilizan melodías melosas y poco sofisticadas, y el samba tradicional que se nutre de la historia (Nelson Cavaquinho, Adoniran Barbosa) para reformularla desde la actualidad, media un abismo. Pero no importa: la peor canción de Brasil está bien hecha, es decir que difícilmente se pueda opinar sobre ella que esté mal cantada, mal ejecutada o, directamente, que sea una porquería.
La voz de Alcione ha iluminado a toda una nación con un sentimiento y una contundencia infrecuentes, Beth Carvalho, madrina de Pagodinho, ha vuelto al ruedo con “Nosso samba tá na rua”, un disco espectacular, Arlindo Cruz sigue demostrando su capacidad como compositor y el género se renueva en la variante que cada uno elija: el pagode, el partido alto, el samba sincopado, el samba de breque, el samba de roda, el samba-enredo y el samba-cançao.
Aunque ninguna de estas etiquetas importa cuando de ellas lo que surge es un disfrute que proviene de un pueblo alegre y especialmente dotado para la música. Un pueblo que, como Martinho Da Vila, mucho más popular en el Uruguay que los artistas antes mencionados, piensa que, tarde o temprano, la vida va a mejorar.
El cantautor, que ya llenó el Teatro de Verano el 28 de marzo de 2011, volverá a presentarse en ese escenario el miércoles 18 de abril entre las 21.15 y las 21.30 horas, luego de la actuación, como telonero, de Fernando Torrado. Y aún quedan entradas a la venta en todos los locales Abitab, entre los 500 y los 1.400 pesos.
¿Para qué servirá volver a verlo? Para valorar a un grupo de once músicos que repasará lo mejor de la carrera de Martinho, que hará una particular versión del tema “Gracias a la vida”, de Violeta Parra, y que no ignorará ni el penúltimo disco del carioca, “Poeta da cidade” —un cálido homenaje a Noel Rosa—, ni su último CD y DVD, titulado “Lambendo a cria”.
A los 74 años de edad y con 45 años de trayectoria a cuestas, este ícono se tomó una larga pausa para hablar con Búsqueda mientras regrababa, en el estudio, su primer LP. El misterio de su éxito en este país, comparado con lo ignotos que resultan en el territorio nacional sambistas como Cruz y Pagodinho, ni siquiera puede ser explicado por él. “No sé muy bien por qué pasa eso, pero es impresionante cómo me quieren en Uruguay. Es cierto que tengo muchos fans allí, pero también es cierto que eso da una responsabilidad muy grande”, asegura.
De todas maneras, deja de lado la demagogia para prometer que luego de su espectáculo “quedará gente descontenta”, puesto que “no se puede tocar todo”.
Cuando canta, Da Vila sonríe. Y, cuando habla, también. Su hija, Mart’nália, una de las referentes de Paulinho Moska, es desconocida en estos lares, pero en el norte no para de cosechar sucesos. Algo que, según un padre orgulloso, se debe a “su talento y su profesionalismo”.
“El samba tiene futuro”, opina Da Vila, y prosigue: “Diogo Nogueira es muy bueno, pero Dudu Nobre es el joven que realmente me gusta, pues es muy completo”.
De Alcione, destaca su excelencia vocal. De Beth Carvalho, “su fidelidad al género”. Y afirma que, aunque lo mejor que le puede pasar a un artista es que alguien “llore de emoción con sus canciones”, él no es “para nada llorón”.
Sin embargo, se sigue emocionando cuando escucha a Chico Buarque y a Simone y, mientras expresa su simpatía por Lula y por Dilma, su izquierdismo militante y —¿paradójicamente?— su fe, que hace que vea a Dios como una entidad “demasiado grande” que ocupa un lugar “central” en su vida y en su arte, comenta que nunca se cansará de interpretar el tema “Canta, canta, minha gente”, y que recientemente lo grabó de nuevo en Francia junto a la griega Nana Mouskouri.
Antes de terminar el diálogo, Da Vila reafirma que “la vida siempre puede mejorar y, de hecho, va a mejorar”. Dicho por un hijo de trabajadores de la tierra que sambó en la escuela de Vila Isabel y que después se convirtió en un símbolo de Brasil, no hay nada que añadir, salvo su parecer respecto a quién es el “Tom Jobim del samba”.
“Paulinho Da Viola”, dice, y se me ocurre que, efectivamente, la elegancia del artista citado, cuyo nombre real es Paulinho César Batista Faria, exime a este artículo de mayores agregados.