por Kid Gragea
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El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl tema excluyente durante la cena familiar había sido la durísima situación por la que atraviesa la pobre Venezuela, en manos del insólito personaje inventor del pajarito de Chávez.
Fortunato se aprestaba a mirar las últimas noticias en el informativo de cierre de la tele, pero esta vez, a diferencia de tantas otras, no tenía mucho sueño.
Mientras se desplazaba de la mesa del comedor al sofá del living, seguían resonando en sus oídos los comentarios de su mujer y de sus hijos sobre las diferentes manifestaciones públicas surgidas en nuestro país sobre esta tragedia.
La declaración del gobierno uruguayo, tan tibia como un atardecer primaveral, con las aves del despiste trinando desde los árboles de la inconciencia, que viva la democracia y que todos se entiendan cuanto antes para que no lo sigan molestando los abejorros de la oposición al canciller Almagrinejad, motivó que la esposa de Fortunato dijera que tenía una amiga frentista que le había dicho que no votaría al Frente Amplio ni aunque Vázquez asegurara que eliminaría el IVA a todas las perfumerías y gimnasios del país.
El mayor de sus hijos criticó la declaración del propio Frente Amplio, que se solidariza con Maduro y lo apoya en la expulsión de las bandas fascistas que desde el imperio atentan contra el triunfo de la revolución bolivariana, faltaba más. Y de paso, el muchacho le comentó que a través de un compañero de clase muy militante de izquierda, sabía que la FEUU preparaba una declaración en la que los estudiantes uruguayos declaraban tener pruebas de que las imágenes que la CNN mostraba antes de que Maduro expulsara a la cadena imperialista del territorio libre de Venezuela, eran trucadas, y tomadas de las manifestaciones de los hermanos musulmanes en El Cairo, cuando derrocaron a Mubarak.
Fortunato se aprestó a ver las últimas noticias.
El informativista dijo que había información de último momento sobre los acontecimientos en Caracas, y que pasaban a transmitir con un enlace especial con Telesur, visto que la conexión con la CNN había desaparecido hacía unos días.
Aparece entonces Maduro rodeado de la patota de camisas rojas que lo rodea permanentemente, calzando su campera deportiva con los colores de la bandera nacional.
—“El presidente Nicolás Maduro asiste en estos momentos” —dijo la periodista con un simpático acento caribeño —“a la clausura del último diario opositor que sobrevivía en Venezuela, El Intransigente de Táchira, debido a la falta total y absoluta de papel prensa para su impresión. Aquí las palabras de nuestro presidente”, y arranca Maduro gesticulando con el mismo lenguaje corporal del finado, diciendo, con cara de yo-no-fui —“miren señores, es que realmente lamentamos mucho que se tenga que cerrar este periódico, pero hemos hecho lo posible por mantenerlo abierto, fíjense ustedes, hasta yo mismo le he ofrecido que lo impriman en papel higiénico, que tampoco hay, pero claro, yo para qué quiero papel prensa en mi casa, pero sí que tengo acumulados unos miles de rollos del higiénico, y no saquen conclusiones erradas, no señor, es porque es un producto de primera necesidad, en realidad de todas las necesidades, claro, pero ellos no han aceptado, así que el periódico se clausura, sí señores, una pena realmente”.
Acto seguido la imagen muestra un paredón de fusilamiento, en el que un sujeto con los ojos vendados enfrenta un pelotón de jóvenes vestidos con uniforme del colegio privado venezolano, Nuestra Señora del Divino Perdón. “Aquí presenciamos” —dice otra voz, esta vez masculina y siempre muy caribeña —“cómo un grupo de estudiantes fascistas de un colegio de la ultraderecha asesinan sin piedad a Braulio Elva Liente, otrora propietario y director del periódico El Intransigente de Táchira, que dejó de editarse recientemente debido a la falta de papel. Los estudiantes lo secuestraron y lo van a ajusticiar, pero luego dirán que fue muerto por las fuerzas del ejército venezolano, o por los paramilitares, pero en realidad quienes tienen armas son los estudiantes, y son todas armas proporcionadas por los fascistas de la burguesía oprobiosa que odia al pueblo. ¡Los fascistas se matan entre ellos para culpabilizar a la revolución bolivariana!” —concluyó el periodista.
Fortunato se restregó los ojos por temor a haberse quedado dormido, pero estaba muy despierto.
Las siguientes imágenes mostraron a Maduro recorriendo un “centro de desabastecimiento” en un barrio periférico de Caracas.
—“¡Les parecerá raro que lo llamemos así, pero eso es lo que es este establecimiento!” —bramaba el presidente, mostrando las góndolas desnudas y los estantes con algún paquetito de fideos perdido en la inmensidad. “¡Otrora aquí había harina, aceite, arroz, pero ahora los gringos imperialistas hambreadores del pueblo nos han desabastecido, y las bandas especuladoras de la burguesía han acaparado lo poco que quedaba para venderlo en el mercado negro y hacer grandes ganancias con la miseria del pueblo! ¡Pero los venceremos!” —volvió a gritar alzando el puño izquierdo, no sin antes decir que pronto llegarían desde Cuba alimentos y vituallas que les mandaban a los venezolanos los queridos hermanos revolucionarios Fidel y Raúl Castro, conscientes de la necesidad por la que atravesaba el pueblo.
Tras ver la inauguración, por parte de Maduro, del Centro de Adoctrinamiento Marxista Revolucionario y Chavista, propulsor del socialismo del Siglo XXI, en el que cientos de jóvenes entonaron el himno patrio y la adaptación venezolana de “A don José”, llamada allí “A don Simón”, arreglo musical del cuarteto “Los Olimareños de Larbanois Carrero”, con letra del joven cantautor Daniel Viglietti (un valor que surge), Fortunato apagó la tele, y se fue caminando despacio a su cuarto.
—“¿Esta vez no te dormiste, como de costumbre?” —le preguntó su esposa, que buscaba el sueño haciendo crucigramas en la cama.
—“No, pero hubiera preferido dormirme, en vez de ver todo lo que me mostraron” —replicó Fortunato, con resignación.