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    Médicos proponen “transparentar sus intereses” y vínculos con la industria, que despliega en la salud sus “estrategias de marketing”

    Llegó la hora del lunch break durante el Primer Coloquio de Conflicto de Interés del Colegio Médico. Uno de los organizadores retiene unos minutos más de la cuenta a los asistentes dentro de la sala. “No le tenemos que dar gracias a nadie por el almuerzo”, destacó. Varios asistentes aplaudieron.

    No es un secreto que los laboratorios financian gran parte de los congresos y eventos médicos, el café, las galletitas, las cenas y los almuerzos como forma de publicidad, incluso dentro de ámbitos académicos. “Puede ser visto como algo banal, se utiliza lo simbólico para adueñarse de actividades que son propias, por ejemplo, del espacio académico”, dijo el decano de Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar), Fernando Tomasina. Por otra parte, hay quienes hacen borrosa la frontera entre la academia y la industria y utilizan sus grados académicos para avalar productos de la industria y dictan charlas pagas por estas compañías.

    La injerencia de la industria en la salud en Uruguay ha cruzado en varias ocasiones las líneas de lo ético. Hace algunos años un laboratorio pagó a varios cardiólogos 100 dólares por cada vez que trataban a sus pacientes con el nuevo antihipertensivo de la empresa —que ya tenía competidores afianzados en el mercado— y pedía a cambio que enviaran información de los casos. En seis meses una institución notó la “disminución sustancial” en la indicación del resto de los fármacos que antes estaban en uso.

    Además, una relación casi de amistad “sutil y permanente” con el visitador médico que, como parte de una “pensada estrategia de marketing”, regala tazas, lapiceras y ofrece financiar ingresos a congresos puede derivar luego en el pedido de “favores” a cambio, indicaron médicos durante el evento del Colegio Médico. No solo ocurre con la industria farmacéutica, también ocurre con la venta de servicios médicos y tecnología.

    Hace unos 40 años la Udelar había promovido que los docentes hicieran sus declaraciones de conflicto de interés, algo que ya no se hace públicamente y cayó en desuso. Ahora la Comisión de Bioética del Colegio Médico realizó un Proyecto de Formulario de Conflicto de Interés —una iniciativa que deberá ser evaluada por el Consejo Nacional del Colegio Médico—. Apunta a que los médicos realicen la declaración y reconozcan si tienen conflictos de interés y vínculos con la industria.

    “Tenemos que trasparentar los intereses y que haya un debate público. Lo ideal sería que los profesionales lo hiciéramos libremente. Mi paciente tiene que saber si yo le estoy recomendando un medicamento porque lo considero realmente bueno o porque además alguien me paga para que lo recomiende”, dijo a Búsqueda Verónica Nieto, miembro de la Subcomisión de Conflictos de Interés del Colegio Médico y ex docente de la Unidad Académica de Bioética de la Facultad de Medicina. “Lo que no está prohibido está permitido. Las instituciones deben tener políticas sobre el tema”, indicó Homero Bagnulo durante el coloquio. Actualmente para formar parte del Fondo Nacional de Recursos los médicos deben hacer una declaración de conflicto de interés.

    Mercantilista.

    Los médicos investigadores se enfrentan además a otras cuestiones. La investigación clínica farmacéutica es costosa y dominada por la industria, que elabora los protocolos que los investigadores deben seguir. El resultado actualmente es “mercantilista” porque un patrocinante “utiliza a los investigadores y les paga bien para obtener un producto que va a funcionar como una mercancía que va a cotizar en el mercado, va a dejar un gran ‘plusvalor’ cuando sea patentado”, señaló a modo de ejemplo Silvia Rivera, profesora de la Universidad de Buenos Aires, filósofa y especialista en bioética. Por eso considera necesario “repensar” la forma en que se “gestiona” la investigación porque tanto el investigador como la persona objeto del estudio “no están en un espacio aséptico” sino en uno “institucional atravesado por una trama de poder”. “Están ambos condicionados” y “no hay margen” para que el resultado del trabajo tenga un uso colectivo “gestionado como un bien público”.

    “Tenemos que reconocer la trama de poder que está atrás”, comentó a Búsqueda Rivera, quien viajó a Uruguay para participar de la conferencia “La ética de la investigación: desafíos sociales y políticos”, organizada por la Red Temática de la Udelar en marzo. “El modelo de gestión actual no es ético, hacemos grandes esfuerzos para que parezca ético”, agregó la docente. Según Rivera esto se debe al “modelo de gestión empresarial” porque “el objetivo de las empresas es maximizar las ganancias”, no “garantizar un nivel sanitario” a la población.

    “Ahora las universidades investigan lo que la industria les pide, dejó de ser académica y se fue haciendo cada vez más onerosa”, indicó Nieto.

    Camuflados.

    En esta relación entre la farmacéutica, el investigador y objeto de estudio hay “actores que desaparecen cuando es útil que desaparezcan del primer plano de la escena”, indicó Rivera. En la Declaración de Helsinki —documento de referencia en investigación médica— no figura explícitamente el rol de la empresa patrocinante. En cambio, “enfatiza en el médico investigador, que es el hilo más fino de la trama”, señaló durante su disertación.

    Nieto agregó durante el evento que “los patrocinantes están presentes pero como médicos”. La Asociación Médica Mundial reúne asociaciones médicas pero dentro de ellas “están los médicos de a pie y los asesores de grandes industrias”, dijo Nieto. “La industria está adentro del sistema médico, es una forma de estar presente sin estarlo y de hacer fuerza. Ellos son los que tienen el peso y los votos de los países fuertes. Por eso es importante que el ciudadano sepa cuándo la industria le está pagando a un médico, aunque no siempre sea pago con honorarios”, destacó.

    Información Nacional
    2014-05-22T00:00:00

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