N° 1858 - 10 al 16 de Marzo de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDurante las últimas tres décadas, Raúl Sendic sostuvo una mentira: que era un profesional universitario. Así fue avanzando en una carrera política que lo terminó depositando en la Vicepresidencia de la República desde el 1º de marzo de 2015. Mantuvo la mentira cuando asumió por primera vez como diputado, cuando presentó sus antecedentes para recibir la venia del Senado a efectos de ingresar al Directorio de ANCAP, cuando fue ministro de Industria, cuando integró la fórmula presidencial ganadora de las elecciones de 2014 y cuando se presentó a sí mismo en innumerables entrevistas periodísticas. Siguió mintiendo desde su nuevo cargo como vicepresidente, en cada reunión del Consejo de Ministros y cada vez que tuvo que representar al gobierno en instancias nacionales e internacionales. Él siempre fue el “licenciado” Raúl Sendic. Hace 16 días, “El Observador” descubrió la mentira. Desde entonces, en lugar de decir la verdad y pedir disculpas a todos los que engañó, decidió elaborar su propia mentira con explicaciones incomprensibles y absurdas. Para que quede claro: el Ministerio de Educación de Cuba, al mencionar los tipos de certificaciones que existen en ese país para la educación superior, dice que un título de pregrado, como el de licenciado en alguna carrera, “se obtiene al término de una licenciatura en cualquier modalidad que se imparta. Por lo general, el tiempo de duración es de cinco años”. O sea, Sendic —que afirmó que hizo una “licenciatura de un año”— no es licenciado en nada. Hasta la Presidencia de la República reconoció la mentira de Sendic. Durante todos los Consejos de Ministros anteriores al de esta semana, el vicepresidente era identificado como “Lic. Raúl Sendic”. Esta semana, en el cartelito con el escudo uruguayo se leía “Sr. Raúl Sendic”.
Cuando se presentó el sábado 5 ante el Plenario Nacional del Frente Amplio, volvió a enredar la madeja evitando decir lo más simple: si es o no un profesional universitario recibido. Llegó a decir que “la verdad es una de las armas más importantes que tenemos los revolucionarios”. Sin embargo, mintió otra vez. Habló de “una campaña feroz” contra él, pero incluyó a “nuestra fuerza política” y a “nuestro gobierno” como presuntas víctimas —a la par que él— de esa “campaña feroz”. Y pasó al ataque contra lo que llamó “prensa chatarra”, contra “el mal uso de las redes”, contra “la mentira” y contra “la difamación”.
Después, el Plenario Nacional —el mismo al que el presidente Tabaré Vázquez había obedecido cuando le bajó el pulgar al TISA, un acuerdo de comercio en servicios a cuya negociación el Poder Ejecutivo quería ingresar— emitió una declaración aceptando la elaborada y (ahora sí) premeditada mentira de Sendic, solidarizándose con él (y con su mentira) y acusando a “la oposición” y a “diferentes medios de comunicación”, de protagonizar una “campaña” destinada a “menoscabar la imagen y credibilidad, tanto de integrantes de nuestro gobierno como así también debilitar la institucionalidad democrática del país”.
Unos días después, Vázquez se reunía en la residencia oficial de la avenida Suárez con todos los ex presidentes, incluyendo entre ellos a tres conspicuos “desestabilizadores” como notoriamente lo son, según el partido político al que responde el presidente, Julio María Sanguinetti, Jorge Batlle y Luis Alberto Lacalle. ¿Cómo se explica que el gobierno confíe los secretos de la próxima prospección petrolera en el mar territorial uruguayo a tres sujetos que están en “campaña” para “debilitar la institucionalidad democrática”?
En ese contexto —el vicepresidente hablando de “prensa chatarra” y el Frente Amplio acusando a la prensa de atacar la institucionalidad democrática por publicar información verdadera—, el presidente Vázquez no tuvo mejor idea que salir a quejarse de un supuesto “desequilibrio” informativo de la prensa en contra del gobierno. No dijo que los periodistas conspiran contra la institucionalidad. Pero sí que están sesgados en su contra.
A este presidente —y, seguramente, a todos los presidentes de cualquier ideología— no le gusta que la prensa publique noticias que le desagradan, aunque sean ciertas. Es normal. Lo que no es normal es la protesta y, mucho menos, inmediatamente después de que su partido acababa de afirmar que se trata de una campaña para desestabilizar la democracia.
En el gobierno de Jorge Batlle (2000-2005), que fue muchísimo más complicado que este, el presidente no solía quejarse por el “sesgo” de las noticias que, en su mayoría, eran negativas para la Administración.
A título de ejemplo, estas son solo algunas publicadas por Búsqueda durante la crisis del 2002/2003:
* “Según Vázquez Uruguay vive una crisis política similar a la de Argentina” (17/01/02)
* “Uruguay perdió la categoría de país cuya deuda tiene una adecuada capacidad de pago” (21/02/02)
* “Lacalle cree que el presidente ‘perdió los dos años de oro de su gobierno’ y le ‘da lástima’ advertir cómo desaprovechó su oportunidad” (28/02/02)
* “La revista británica ‘The Economist’ duda de las promesas del Uruguay al FMI” (11/04/02)
* “El PIT-CNT y entidades empresariales dijeron que la ‘irresponsabilidad del gobierno’ y la ‘falta de perspectivas’ dejaron al país en ‘emergencia’” (18/04/02)
* “Vázquez auguró que el sistema financiero uruguayo vivirá una ‘crisis total’ semejante a la de Argentina” (25/04/02)
* “La agencia Moody’s bajó en dos escalones la calificación de la deuda pública uruguaya y redujo la nota de depósitos bancarios” (09/05/02)
* “Los bancos buscan de distintos modos retener a sus clientes para evitar retiros de depósitos por un clima de desconfianza” (23/05/02)
* “Vázquez dijo que el país está en un ‘despeñadero’ y es un ‘caos’” (25/07/02)
* “La caída de depósitos llegó al 45% en el año” (01/08/02)
* “Activos de reserva se redujeron 75% desde enero pese a la ayuda extraordinaria del FMI” (01/08/02)
* “Los bonos públicos bajaron hasta un tercio de su valor nominal” (01/08/02)
* “El riesgo país oscila en los 3.000 puntos” (01/08/02)
* “Tabaré Vázquez advirtió que ‘el Titanic ya se hundió’ y que los uruguayos ‘estamos en los botes’” (01/08/02)
* “Desde el nacionalismo se acusa a Rodríguez Batlle de propiciar la corrida bancaria; hablan de crisis en el ‘entorno presidencial’” (05/09/02)
* “Sin fondos en la caja de la Tesorería, el Estado suspendió los pagos a sus proveedores; enfrenta juicios por violar contratos (05/09/02)
* “Los uruguayos restringen todo tipo de consumos y gastos incluso en cuestiones esenciales como alimentación, salud y vivienda” (12/09/02)
* “FMI retiene fondos por demora en salida de la crisis bancaria, desvíos fiscales y la falta de plan ante la concentración de pagos de deuda” (12/12/02)
* “Vázquez dijo que el Uruguay ya entró en default y demandó quitas y rebajas para los tenedores de bonos de la deuda; dijo que los inversores no vienen a Uruguay porque la política económica no da ‘confianza’” (27/03/03)
Seguramente, el entonces presidente Batlle hubiera preferido que nada de esto se hubiese publicado. Pero no protestó por el “desequilibrio” informativo, ni dijo que las noticias estaban “ladeadas” ni el gobernante Partido Colorado atribuyó su publicación a una “campaña” para “debilitar las instituciones democráticas”.
Se defendió como pudo dando sus puntos de vista pero no cargó las tintas sobre la prensa que hacía su trabajo.
Hizo lo que alguna vez recomendó el ex presidente José Mujica al ser interrogado sobre qué debe hacer un gobierno cuando recibe críticas: “aguantar y seguir adelante”.
Las acusaciones del vicepresidente Sendic, las temerarias imputaciones del gobernante Frente Amplio y las críticas del presidente Vázquez contra la prensa constituyen un combo indivisible que no tiene ningún efecto (la prensa seguirá haciendo su trabajo) y muestra a un gobierno molesto, no tanto con las noticias que se publican, sino con una realidad que le ha sido adversa.
En lugar de enojarse con la prensa, harían bien en dejar de mentir (Sendic), abandonar las teorías conspirativas (el Plenario) y trabajar para cambiar un panorama complejo (Vázquez).
Es cierto: colocar a la prensa en el papel de “enemigo” les sirvió como cortina de humo durante un buen tiempo a los Kirchner, los Chávez, los Correa, los Morales y los Lula/Dilma. También es cierto que un día cayó el telón y la verdad quedó al descubierto.