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    Meridiano de sangre

    Deuda de honor, de Tommy Lee Jones

    Lo ves una vez y no lo olvidás más, con ese rostro cuarteado, picado, rajado, la narizota y la mirada intimidatoria.

    Era el policía que protegía a Faye Dunaway en Ojos de Laura Mars (Irvin Kershner, 1978). Pobre mujer, no sabía lo que hacía. Y qué película tan pobre, pero Tommy, que en aquel entonces era joven, estaba muy bien.

    Fue el bolichero malo de Lunes tormentoso (Mike Figgis, 1988), que le hacía la guerra a Sting.

    También el sabueso implacable que no daba respiro a Harrison Ford en El fugitivo (Andrew Davis, 1993), y que le valió un Oscar —hasta ahora el único— como mejor actor secundario.

    Y el protector de la galaxia en Hombres de negro I, II y III. Si no fuera por él y por Will Smith, los alienígenas ancestrales ya nos estarían comiendo vivos con especias de Ganímedes.

    Y la caricatura del villano Dos Caras en Batman eternamente (Joel Schumacher, 1995), que era aliado de la caricatura de Jim Carrey. Hay que hacer de payaso al lado de Carrey…

    Y el sheriff que intuye imposible la tarea de detener a una bestia en Sin lugar para los débiles (No Country For Old Men, 2007, de los hermanos Coen).

    Pero también hizo papeles dramáticos más contenidos y asordinados, como en Cielo azul (1994, Tony Richardson) y La conspiración (In The Valley of Elah, 2007, Paul Haggis), dos peliculones olvidados que hay que desempolvar. En ambos casos Tommy hacía de veterano militar, en el primero soportando la histeria de su mujer, la sensual Jessica Lange, y en el segundo investigando el pasado de su propio hijo en una de las historias más críticas y amargas que se hayan filmado sobre las consecuencias de la guerra en Irak.

    Conclusión elemental: Tommy Lee Jones (San Saba, Texas, 15 de setiembre de 1946), que debutó en cine con el clásico lacrimógeno Love Story (1970), demostró su valía en Broadway y fue un rostro de la TV a mediados de los 70 con Los ángeles de Charlie, es uno de los más destacados intérpretes de la actualidad.

    Lo que no resulta tan conocido es que este señor amigo de Oliver Stone (nacieron el mismo día del mismo año) y compañero de dormitorio de Al Gore en el liceo, es un excelente cineasta con cuatro títulos en su carrera, dos para la televisión (The Good Old Boys y The Sunset Limited) y dos para la pantalla grande: Los tres entierros de Melquíades Estrada (2005) y Deuda de honor (The Homesmen, 2014), que se emitirá en Fox Cinema el sábado 7 y el lunes 9 de enero.

    Los tres entierros de Melquíades Estrada, con guion de Guillermo Arriaga, tenía una poética arenosa del tipo Juan Rulfo o Carlos Fuentes. Un trabajador rural, interpretado por el propio Tommy Lee Jones, debía llevar un cadáver hacia México. El viaje era árido, épico y sumamente riesgoso. Pero ante todo había un compromiso asumido, una palabra dada.

    Algo de eso hay en Deuda de honor, un western despojado, tortuoso y bellamente fotografiado por el mexicano Rodrigo Prieto (El lobo de Wall Street, Argo, Babel, El secreto de la montaña). Otra vez tenemos a Tommy Lee con sombrero de cowboy, ahora en la piel de un forajido a punto de morir en la horca, que acompaña a una solterona (tremendo papel para Hilary Swank) a trasladar a la ciudad más próxima a tres mujeres que han enloquecido. El carromato, cerrado y con rejas como un vagón-prisión, funciona a lo largo del intenso trayecto como una metáfora del desamparo y del estado límite al que pueden llegar los pioneros en su búsqueda de nuevos horizontes a mediados del siglo XIX. Esos horizontes —o meridianos— fueron soñados como tierras prósperas y verdes, con oro en sus entrañas, a la vez que sus historias fueron escritas con sangre.

    Así es la trágica aventura de la heroína interpretada por Swank, Mary Bee Cuddy, cuya soledad (más de una vez le dicen que es más fea que el diablo) la llevó a abrirse paso entre los peligros y a dedicar el final de su vida al cuidado del prójimo. Y también es una epopeya que se divide en minihistorias, como el encuentro con un clásico vaquero fuera de la ley, un silencioso grupo de indios o un atildado y altanero empresario cuyo hotel, en el medio de la nada, no permite atender a nadie por ningún dinero pues en breve será sede de un congreso de inversores, todo cruzado por un tremendo paisaje que alterna el calor abrasador y el frío gélido, el cansancio, el hambre y la sed, así como varios amén y si Dios quiere.

    Destilando un aire pesado y violento que podría responder a la línea agobiante de Faulkner o de Cormac McCarthy (The Sunset Limited, un dúo exclusivo entre Lee Jones y Samuel Jackson, se apoyaba en una pieza de teatro de McCarthy), el guión de Deuda de honor está firmado por Tommy Lee Jones, Kieran Fitzgerald y Wesley A. Oliver, sobre novela de Glendon Swarthout.

    Nuestro hombre septuagenario dirige, actúa y escribe. Y todo lo hace bien, con una naturalidad a prueba de balas, como si el tipo hubiese nacido para hacer eso. Un descomunal elenco que incluye a William Fichtner, John Lithgow, Tim Blake Nelson, Miranda Otto, James Spader y Meryl Streep (algunos en muy breves intervenciones), habla a las claras de ese cariño que tienen los actores por colaborar con preciados directores, como por ejemplo, Tommy Lee Jones.