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    Gloria, drama americano contemporáneo, en El Telón Rojo

    La cálida sala de estar de la casona céntrica en la que funciona El Telón Rojo es un espacio versátil como pocos en la ciudad. Puede albergar desde un consultorio a una redacción periodística. En efecto, estamos en la sección cultural de una revista de Nueva York. A un par de metros de la primera fila, los periodistas ocupan sus escritorios. Ema (Mariana Scottini), Rebeca (Elena Delfino), el pasante Marcel (Guillermo Francia) y el asistente Dani (Rafael Beltrán). Como en cualquier oficina —ni que hablar una redacción— hay de todo: parquedad, verborragia, neurosis, extroversión, obsesión, hastío, resaca, envidia, chusmerío, conspiración, unas contadas gotas de compañerismo y solidaridad, y cada tanto… algo de sensatez. Los comentarios por atrás, los codazos y las escupidas están a la orden. Todo sea por trepar. En un ambiente tan competitivo, el futuro venturoso no es para todos. Y allí aparecen dos sujetos clave para recordarnos el rostro del fracaso: Félix, jefe de verificadores de datos, frustrado y estresado por un trabajo mecánico (una especialidad que mucho bien haría a la prensa vernácula), y Gloria, correctora de estilo deprimida y descuidada, que sufre la indiferencia, el desprecio y hasta el vacío de sus compañeros. Salvo de Dani, el único que ha ido a la inauguración de su nuevo apartamento. Ricardo Beiro y Leticia Scottini, fundadores, directores y principales actores de esta pujante compañía y escuela teatral, componen con precisión a esta resignada pareja de loosers. Pero con las cartas sobre la mesa se instala una inercia extraña, un tedio sospechoso. Cuando nos preguntamos hacia dónde va la cosa, ocurre eso que es mejor no revelar. Pero que modifica drásticamente la vida de todos y que origina todo lo que sigue.

    Estrenada en mayo de 2015 en el off-Broadway neoyorquino y luego en Europa, Gloria causó tal impacto que fue nominada al Pulitzer en 2016. Es muy interesante el modo en que el autor, Branden Jacobs-Jenkins, nacido en Washington hace 33 años, se mete con un hierro candente en su país, de los que más controversia han generado en las últimas décadas, y sobre el que no parece haber una solución a la vista, porque divide las aguas transversalmente más allá de razas, credos y clases sociales. Y lo hace en la línea de los grandes como Tennessee Williams, Eugene O’Neill y Arthur Miller: va hasta el hueso, con diálogos largos y profundos, sin escatimar emotividad y a salvo de cursilerías y golpes bajos. Va más allá de lo anecdótico y se mete con las reacciones de cada uno de los personajes ante lo inefable. Todo puede ser explotado, todo sirve para facturar. De todo se puede sacar jugo. Especialmente de los rotos que nos rodean. Cualquiera escribe un libro sobre cualquier cosa. Y todo aquel que haya estado mínimamente cerca de una tragedia, está a un paso de ser un best seller.

    Beiro y Scottini consiguieron los derechos de esta obra directamente en Estados Unidos, sin pasar por intermediarios, y la propia actriz, quien se ha formado con varios maestros de actuación americanos, se encargó una vez más de la impecable traducción. Para Jorge Denevi, es “fantástico” que los autores norteamericanos jóvenes cuestionen a fondo a su propia sociedad y se la jueguen con sus opiniones. “Es algo que a nosotros nos cuesta mucho”, dijo a Búsqueda.

    Con la estructura planteada desde el texto, el autor ratifica el viejo postulado de que la historia se presenta primero como tragedia y luego como comedia. Si bien desde el vamos tenemos un cuadro colectivo que apela al humor para presentar a los personajes, la verdadera historia que quiere contar Gloria se dispara sobre el final de ese primer acto, cuando irrumpe ese terremoto que cambia drásticamente el eje de la narración. Pese a que ha dirigido unos 160 espectáculos, Denevi sigue encontrando desafíos y metas a superar para llevar un texto al escenario: “Lo más difícil en esta dirección es que está escrita en tres tonos diferentes”, explica. Y describe su clasificación: “El primer acto lo califico como una comedia casi banal, el segundo como un drama y el tercero como una farsa. Nos costó a todos el llegar a esos tonos, pero quedé muy contento”.

    En el rubro actoral merece especial destaque el trabajo de Rafael Beltrán en su desdoble de personajes entre el gay-intelectual-resacoso del principio, el traumático proceso de resiliencia de esa alma herida del segundo acto y el rústico técnico en computación del tercero. Es importante saber que el autor pide expresamente que sean los mismos actores los que interpretan los múltiples personajes de la obra. Denevi avala y justifica esta imposición de Jacobs-Jenkins: “Es extraño que en todos los lugares y en todas las oficinas las personas parezcan ser las mismas”, afirma el experimentado director que en 2017 dirigió dos soberbios trabajos (La travesía y Cuento del zoo) y hace años que no da puntada sin hilo. Para él, “Gloria es una reflexión sobre la violencia que a todos nos parece irracional, y vaya que lo es, en un país donde un joven entra a una universidad y mata estudiantes porque sí. Algunos lo atribuyen a la libre venta de armas que hay en Estados Unidos. Y es así, pero hay más. El autor se interroga acerca de los porqués. Y allí aparece esa sociedad competitiva, en la que se corre por el éxito. La ubica en una editorial porque él trabajó en una y conoce sus personajes, pero podría pasar en cualquier otro lado”.

    Otro punto alto es la puesta en escena del segundo acto, en esa nueva sala en la planta alta de El Telón Rojo inaugurada el año pasado con Bitch Boxer, la notable composición de una boxeadora inglesa por Scottini. Ahora, aquel sucio gimnasio de box es un moderno y ambientado local de esa franquicia cafetera de logo verde y blanco que se viene comiendo a las cafeterías locales de medio planeta. Y, atención, los espectadores de Gloria podrán apreciar un despliegue de efectos especiales de factura cinematográfica importados de Estados Unidos e inéditos en el teatro uruguayo. No es un capricho: el realismo que aporta ese recurso es el motor que sacude y pone en marcha esta excelente muestra de que el medio independiente uruguayo puede estar a la altura de las mejores plazas teatrales del mundo.

    Gloria, de Branden Jacobs-Jenkins. Dirección: Jorge Denevi. El Telón Rojo (Soriano 1274). Sábado, 21 h; domingo, 19.30 h. Entradas: de $ 280 a $ 450. Duración: 1 h 45 min (tres actos). Reservas: 2908 5598, [email protected].

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