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    Mientras Gustavo Salle busca liderar el movimiento “antiplandemia”, la Policía da “más atención” a posibles agresiones a figuras públicas

    “Vacunación obligatoria con sustancia de experimentación genética, justifica resistencia armada”, tuiteó excandidato a la presidencia, difusor de teorías conspirativas sobre el Covid-19 y comentarios antisemitas

    Caminar por el Centro de Montevideo junto al abogado Gustavo Salle es una experiencia extraordinaria. Casi a cada paso lo saludan, le tocan bocina y lo alientan, pero también se perciben miradas y gestos hostiles. En el trayecto desde su oficina, ubicada a pocos metros de la Torre Ejecutiva, Salle saluda a muchas personas, pero cuando ingresa a una tradicional confitería, donde pedirá chocolate en taza y una bomba de sambayón, se nota rechazo.

    Con sentido del humor y capacidad para reírse de sí mismo, el líder del partido —aún en formación— Identidad Soberana bromea acerca de las bombas.

    En las redes, en serio, ha hecho referencia a “armas” y “resistencia armada” frente a las medidas adoptadas por el gobierno para combatir la pandemia desatada por el Covid-19. “Al irresponsable del Ministerio de Trabajo (Pablo Mieres) le advierto, que vacunación obligatoria con sustancia de experimentación genética, justifica resistencia armada”, tuiteó el sábado 10.

    No es que este penalista jubilado de 63 años, amante de los viajes y la vida burguesa, quiera encabezar un movimiento armado. Dice que sus armas son la Constitución y la ley, pero se mueve al borde, con lengua afilada, que dirige contra casi todos: el presidente Luis Lacalle, “gran mentiroso”, el fiscal de Corte, Jorge Díaz, “comunista y masón”, los “nazis” de la Federación Rural y la Asociación Rural, los “alcahuetes” del Partido Comunista y el PIT-CNT, a nivel local, el “imperialismo anglosajón sionista masónico” o los “plutócratas” como el exsecretario de Estado estadounidense Henry Kissinger o el fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, socios de la “dictadura china” a escala mundial.

    “En Uruguay existe una putrefacta clase política con excepción del doctor Gustavo Salle Lorier y el doctor Enrique Viana”, dice de sí mismo en la audición Poder real, en CX 30 Radio Nacional, que tiene junto con su amigo el exfiscal Viana.

    En una entrevista con el periodista Facundo Ponce de León, que se emitió en octubre de 2019, Salle contó que fue cofundador de un comité de base del Frente Amplio en el barrio montevideano de Sayago, en 1971.

    En 1984, a la salida de la dictadura, durante la que estudió Derecho y accedió a un cargo administrativo en una fiscalía, votó al Frente, pero desde la caída del llamado socialismo real y la llegada al gobierno de la izquierda local se hizo muy crítico, en especial sobre el nuevo Código del Proceso Penal promovido por Estados Unidos y las pasteras.

    Aunque es un profesional reconocido, después de haber presentado muchas denuncias que no prosperaron, entre ellas por el título universitario del exvicepresidente Raúl Sendic, durante la última campaña electoral accedió a la candidatura a la presidencia por el Partido Verde Animalista. Luego del relativo fracaso en las urnas la alianza se rompió y el abogado decidió crear su propio sector. Lo hace con entusiasmo, aunque dijo a Búsqueda que casi no tiene más estructura que un megáfono, el parrillero de su casa y las redes sociales, a las que se ha hecho adicto.

    Lacalle Pou y yo

    En sus redes Salle suele compartir contenido que, sin bases científicas, cuestiona la crisis sanitaria desatada por el Covid-19 y las medidas que se aplican en todo el mundo para intentar contenerla. Allí donde médicos e investigadores ven un virus a combatir, Salle ve una conspiración internacional con incontables actores y cómplices.

    Un informe presentado en marzo pasado por el proyecto Civirt al Miniterio de Salud alerta acerca de “cinco mentiras más repetidas” por “desinformadores”, entre ellas que las vacunas no son efectivas y que el tapabocas no es necesario y es perjudicial.

    La cuenta de Twitter de Salle encabeza la lista de “desinformadores”, seguido por la de Viana y la del programa Bajo La Lupa de Radio Nacional CX 30, entre otros.

    Un reporte de la empresa local TinyMentions, que se dedica a medir el movimiento en las redes sociales, indica que en la semana del 14 al 20 de julio Salle tuvo 1.400 menciones en Twitter. Este número tiene en cuenta todas las referencias, incluyendo los tuits propios, las respuestas y los mensajes de otros usuarios. Un dato que llama la atención es que, al menos en esa semana, tiene la misma cantidad de menciones que el presidente Luis Lacalle Pou.

    Aunque Lacalle Pou cuenta con casi 370.000 seguidores y Salle menos de 78.000 en esa red usada mucho por políticos y periodistas, la presencia del opositor es alta.

    El politólogo Daniel Chasquetti dijo a Búsqueda que a Salle “lo ganó el personaje y se nota que siente satisfacción que los medios le presten atención, pero su actitud es parecida al del hincha de fútbol que va al partido y se mete en la cancha”.

    Este estudioso del sistema parlamentario explicó que “no es imposible” que Salle pueda ocupar una banca, pero que “no hay que equiparar seguidores en las redes con votantes”, porque mucha gente sigue a otros para criticar o incluso reírse de sus excesos.

    Antes de que existiera Internet, un candidato exótico como Domingo Tortorelli, fundador del Partido de la Concordia, obtuvo apenas 40 votos en 1942 y dos menos en 1950, mientras que otro famoso en la década de 1960, Antonio Fadol, conquistó como máximo 32 sufragios por la Lista 47 del Partido Nacional.

    En las últimas elecciones de 2019, el penalista transformado en político obtuvo poco menos de 20.000 votos y estuvo bastante cerca de llegar a la Cámara de Diputados, a la que finalmente accedió el ingeniero César Vega, con un discurso ambientalista parecido, y también el abogado Eduardo Lust, electo por Cabildo Abierto, pero con perfil propio y también contrario a las pasteras.

    Alianzas antisistema

    A pesar de que considera “corrupta” a la clase política, el impulsor de Identidad Soberana no ha dejado de dialogar. Lo hizo con el general Guido Manini Ríos, cuando aún era comandante del Ejército, aunque ahora lo califica de “globalista” por apoyar desde el gobierno las medidas sanitarias de lo que denomina “plandemia”, aludiendo a un supuesto plan de dominación diseñado por los “superpoderosos” del Foro de Davos para instalar un nuevo orden mundial (ver recuadro).

    “Salle y Lust pescan en la misma pecera (de potenciales electores), pero mientras el diputado cuida las formas, el otro lo hace con explosivos”, dijo a Búsqueda un allegado a ambos.

    Desde 2020, Salle captó mayor atención al organizar manifestaciones antirrestricciones por la pandemia y movilizaciones antivacunas, aunque uno de sus hijos se ha vacunado. “Lust defendió la no obligatoriedad de la vacuna y Salle directamente se movilizó contra estas. Pero piensan igual, solo difieren en las formas”, indicó una fuente política. Para Salle, según este informante, “Lust terminó traicionando a su electorado, formando parte de un partido que integra un gobierno que, entre otras cosas, apoya a UPM y ratificó el CPP (el Código de Proceso Penal) que también prometió reformar”.

    Esas diferencias llevaron a un sector de la lista encabezada por Lust a dejar Cabildo y aunque no hicieron una alianza han mantenido conversaciones con Salle.

    Al no tener aún una estructura partidaria, el penalista apuesta a su personalidad y a las redes. Uno de los actos que tuvo más repercusión fue la concentración que organizó frente al Sodre el jueves 8, cuando el gobierno homenajeó al Grupo Asesor Científico Honorario (GACH).

    Salle se plantó en Andes y Mercedes con su megáfono y un grupo de manifestantes y transmitió el evento durante unos 45 minutos en Facebook. Mientras los invitados iban llegando, unos tocaban los redoblantes, otros llevaban pancartas contra las vacunas y gritaban consignas.

    Salle hilvanaba su discurso contra los gobernantes “terroristas sanitarios” mientras alguien le informaba quiénes iban llegando. Cuando arribó el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Isaac Alfie, Salle le gritó: “Vos tenés razón de estar ahí, como la tiene (Henry) Cohen” en alusión a su condición de judíos, ya que Salle responsabiliza a Israel y a capitales de ese origen de ser artífices del supuesto plan manejado desde la Unidad 8200, que equivale a la NSA estadounidense, pero actúa a nivel del ejército.

    El también coordinador del GACH Rafael Radi fue calificado como “soldado del Darpa”, en referencia a la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa, del Departamento de Estado de los Estados Unidos, a la que Salle acusa de proyectar la dominación de los cerebros, entre otras cosas, a través de las vacunas contra el Covid-19.

    “Repudiamos la dictadura sanitaria de un gobierno genocida de políticos traidores” fue otra de las frases lanzadas a través del parlante. El momento de mayor tensión se produjo cuando llegó el presidente. Mientras algunos manifestantes le gritaban “¡asesino!”, Salle usó su megáfono para calmarlos y mantuvo un breve diálogo con el jefe de Estado rodeado de los policías y guardaespaldas que disuadieron a los más exaltados.

    La mañana previa al acto, columnas del Auditorio del Sodre aparecieron pintadas con la leyenda “GACH genocida”. Semanas antes, el Ministerio del Interior debió poner custodia a Radi después de que cerca de su casa alguien escribiera un grafiti en el que lo acusa de “traidor” y brazo ejecutor del “biocontrol del Partido Comunista Chino”.

    Estos episodios, el estilo de cercanía con la gente que tiene el presidente y casos como el ocurrido en Francia el mes pasado, cuando el presidente Emmanuel Macron fue abofeteado mientras saludaba al público, encendieron algunas alarmas a nivel de Inteligencia, aunque la ley no permite a las agencias intervenir en las organizaciones sociales o políticas. Según supo Búsqueda, desde la Policía se está prestando “más atención” a la seguridad del mandatario y de otras figuras o actividades públicas. De acuerdo con los informantes, la hipótesis de trabajo no es la de un atentado, sino la posibilidad de que personas aisladas puedan agredir al presidente o a otros jerarcas.