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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl doctor Miguel Toma, más allá de los hechos determinantes de la investigación administrativa que desembocó en la instrucción de un sumario con separación de su actual cargo por parte del presidente Lacalle Pou, tiene una larga historia en cargos administrativos y cercanos a distintos gobiernos. Esta, por cierto, no lo prestigia y justifica que alguien lo haya bautizado con el mote de “toma y daca”. Vale decir que el personaje siempre se benefició de su añosa proximidad con sucesivos gobiernos.
Durante la presidencia de Jorge Batlle, fungía de colorado y en tal carácter ocupó la Dirección General de Secretaría del Ministerio de Salud Pública. Pero no bien accedió al gobierno el doctor Tabaré Vázquez, se transformó en frentista y siempre al amparo del calor oficial, pasó a ser secretario de la Presidencia de la República a partir de marzo del año 2008. Anteriormente, durante el trienio 2005-2008 había sido director de la Oficina Nacional del Servicio Civil. Por el contrario, durante la presidencia de José Mujica, este tuvo el tino de no designarlo en cargo alguno. Un poroto, pues, se anotó el exguerrillero. Finalmente, durante los cinco años del gobierno de Tabaré Vázquez, volvió a ocupar la Secretaría de la Presidencia. Durante ese lapso, sus excursiones al exterior fueron 14, siempre acompañado por distintas asesoras. Ello le costó a la pasada administración US$ 164.000; 93.000 se destinaron a los pasajes y 71.000 a los viáticos. De estos últimos, fueron devueltos US$ 16.000.
Para no alargar en demasía esta carta, voy a los últimos viajes del doctor Toma a Roma y a Washington, en los que siempre fue acompañado por una agraciada joven de veinticuatro años llamada Giuliana Pérez, que recién se había recibido de contadora. En Roma, según parece, el secretario de la Presidencia tuvo tiempo de ir con la contadora a un partido de fútbol. Pero el objeto de sus viajes a la capital de Italia fue intervenir en el juicio seguido a militares en el marco del Plan Cóndor. En cuanto a los traslados a Washington, se debieron siempre, según las alegaciones del hoy sumariado, a la supuesta necesidad de participar en los juicios promovidos por la empresa vinculada a la frustrada explotación minera Aratirí. Procede señalar que en ambos casos, la personería de nuestro país la asumieron respectivamente los embajadores uruguayos acreditados en dichas ciudades. Se supone que los acusados por el tema del Plan Cóndor lo fueron en procesos penales y en el caso de la minera Aratirí, el juicio conllevaba complicadas cuestiones de derecho internacional privado. Y, que se sepa, el doctor Toma no es especialista en ninguna de esas disciplinas jurídicas y mucho menos lo es, por supuesto, la contadora Giuliana Pérez, la cual, por lo menos, tuvo el tino de declarar en la investigación administrativa que ella no había cumplido ninguna función técnica ni profesional, sino solamente tareas de apoyo administrativo.
Las precedentes afirmaciones provienen de informaciones dadas por el diario El País, respaldadas por este matutino en documentación oficial.
¿En que terminará todo esto? Suponemos, en la destitución del doctor Toma de su actual cargo de fiscal de Gobierno y en algún tirón de orejas o sanción menor a la joven contadora por su aceptación a las invitaciones del cuestionado personaje, para acompañarlo en algunos de sus costosos paseos para el erario público.
Gonzalo Aguirre Ramírez