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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl señor Daniel Báez publicó, en el número anterior de Búsqueda, aparecido el jueves 26 de marzo de 2015, una carta de lector acerca de la ya bastante zarandeada cuestión de lo ocurrido en la llamada “Milonga del Entrevero”.
Sobre todo su contenido conceptual, a mi juicio equivocado, y sobre las opiniones que vierte, me remitiré a la columna que, ¡oh, iluminaciones de la casualidad!, publicó Raúl Ronzoni en el semanario ese mismo día, y que tituló “Los cromañón, viven”. Aclaro que suscribo de inicio a fin esa columna, que me parece suficientemente esclarecedora como para que yo agregue algo. Sólo le recordaré al señor Báez —por si no la leyó para que lo haga, y si la leyó para que preste debida atención a lo que en ella se dice— que el señor Prates y su compañera, hasta el día del incidente concesionarios del espacio de baile de tango en la Plaza del Entrevero, violaron la ley 17.677, establecida por una reforma del Código Penal en julio de 2003 y, por supuesto, vigente. Un hecho objetivo, incontestable. Ronzoni, con su rigurosa precisión habitual, ha hecho innecesario que yo escriba nada más al respecto.
Sí responderé al señor Báez los agravios que me dispensa, en lo que, supongo, él entiende su libertad de expresión.
Tras un párrafo que culmina “...se pone peligrosamente en evidencia la intolerancia hacia quien piensa distinto” (y que nadie se equivoque, está defendiendo a Prates e iniciando sus acusaciones contra mí y otros que piensan como Ronzoni y yo), comienza otro donde expresa: “En nuestro medio pondré como ejemplo la actitud del señor Antonio Pippo, quien en un artículo de opinión, en la sección Vida Cultural del semanario Búsqueda (19/03/15), trata al señor Prates de dinosaurio, ignorante catedralicio y estúpido. Además, a la señora Constanza Moreira la trata de tonta (...). Se pone en evidencia una tendencia hacia la imposición de un solo discurso y actuar con la premisa de ‘...yo sé que es lo mejor para todos; si no te convence, te obligaré a hacerlo’...”.
Nada mejor que leer mal a propósito para obtener una finalidad sin sustento. Repito lo que escribí: “Lo que hizo Milongas del Entrevero va por otro lado: ahí habitan dinosaurios que hablan en ‘defensa de las buenas costumbres’, de que los niños preguntan ‘¿qué hacen esas señoras, mamá?’ o de que ‘el tango se debe bailar entre un hombre y una mujer’. Ignorancia catedralicia y discriminación pura”. Hasta un escolar de sexto grado, relativamente espabilado, comprende tanto el uso de ciertos vocablos en un sentido metafórico (dinosaurios) como que perpetrar un acto de ignorancia (circunstancial) no es igual a considerar ignorante (estado permanente) a quien lo comete. Lo de “estúpido”, que no figura en ninguna parte de mi columna enrostrado al señor Prates, sólo puede tener una mal intencionada relación con el título de la misma: “La estupidez humana”. En cuanto a la señora Moreira, otra vez debo apelar al mismo argumento: jamás afirmé que ES tonta; sólo expresé, acerca de su opinión de que “el tango siempre fue machista”, que “es una simplificación tan tonta como la tontería que critica”.
Finalmente, me llama la atención que el señor Báez no haya reparado ni en un mínimo detalle de todo el aporte informativo acerca de la evolución del tango, y del baile del tango, que tenía mi columna, siendo que ahí reside lo conceptual que sostiene las opiniones que di.
Pequeña posdata: para mí, acá concluye este asunto. Creo haber sido claro, como lo fue Ronzoni. Si algo debería hacer el señor Báez es releer ambos artículos. En lo que a mí respecta, no me interesa enzarzarme en una polémica con alguien que sólo podría escudarse en una supuesta incomprensión lectora, o en una lectura apresurada, para dar base a sus agravios gratuitos. Le pido, con todo respeto, que no insista.
Antonio Pippo