Montevideo se posicionó en el ranking de The Economist publicado en marzo como la segunda ciudad más cara para vivir de la región, seguida de cerca por Ciudad de México. Pocos días después, un estudio de la consultora Mercer la ubicó como la ciudad con mejor calidad de vida de Latinoamérica, tras evaluar su seguridad y estabilidad política, el acceso a servicios bancarios y médicos, la oferta educativa y cultural, y el funcionamiento de los servicios públicos.
The Economist aseguraba que en Montevideo “lo caro” son los bienes de consumo, aunque sus precios altos hacen que la población disfrute de otros aspectos de la ciudad, como sus numerosos parques y su rambla, el paseo marítimo que enorgullece a los montevideanos.
La mayoría de los candidatos que aspiran a la presidencia del país coinciden con las bondades que los rankings internacionales destacan de Montevideo. Según sus respuestas a un cuestionario enviado por Búsqueda sobre lo que más les gusta de vivir o trabajar en la capital —y lo que más les irrita—, varios mencionaron el acceso a la bahía como uno de los puntos altos.
El candidato por el Partido Independiente, Pablo Mieres, dijo que le encanta vivir en Montevideo y que, si bien ha tenido la oportunidad de viajar y conocer distintas ciudades, cada vez que regresa valora mucho su ciudad. “Soy muy montevideano. Me gusta su escala humana, sus paisajes y sus áreas verdes y particularmente la rambla y la bahía”, afirmó.
El candidato colorado Ernesto Talvi aseguró que Uruguay es su “lugar en el mundo” y Montevideo su ciudad, y que no lo “cambiaría por nada”. En tanto, el frenteamplista y exintendente de Montevideo, Daniel Martínez, aseguró que los extranjeros se enamoran de la capital cuando la conocen, y sostuvo que los locales a veces no la valoran lo suficiente. “Me gustaría que tuviéramos una cultura ciudadana más tolerante, es ahí, en el cambio cultural, que nos falta seguir avanzando”, planteó.
“Es una ciudad bastante agradable para vivir, con actividad cultural y la posibilidad de acceder a la rambla o las playas, con un tiempo muchas veces cálido”, destacó el presidenciable por el Partido de los Trabajadores Rafael Fernández.
Los candidatos también se refirieron a los aspectos que les resultan menos atractivos de la capital. Varios coincideron en que Montevideo no cuenta con un servicio de transporte público adecuado, y fueron en general más críticos que lo que refleja la opinión de la mayoría de los habitantes.
Según el último Monitor de opinión pública de la Intendencia de Montevideo (IM), elaborado en agosto por Equipos Consultores, el 45% de los encuestados califica el funcionamiento del sistema de transporte público como “muy bueno/bueno”. Otro 29% evalúa el sistema como “malo o muy malo”, y 22% considera que no es “ni bueno ni malo”. Un análisis histórico de estas cifras muestra que el mayor período de disconformidad comenzó a partir de 2016, y siguió hasta julio del año pasado.
Mieres señaló como algo a resolver “los problemas crecientes de tránsito y transporte”, al igual que el blanco Luis Lacalle Pou, quien calificó al tránsito como “pesado”. Fernández, en tanto, opinó que Montevideo “tiene un mal servicio de transporte público, y además caro, lo cual implica pérdida de tiempo y un tránsito con demasiados vehículos particulares”. El candidato por el Partido Digital, Daniel Goldman, indicó que vive en el “glorioso Brazo Oriental, el verdadero centro del Montevideo moderno”, pero que “si el transporte fuera más ágil, barato y eficiente, viviría en la periferia” de la ciudad.
El transporte ha sido uno de los puntos más problemáticos de las ultimas administraciones departamentales. Proyectos como la reforma de 18 de Julio, así como la regulación de aplicaciones de transporte de pasajeros y su coexistencia con los taxis, han sido protagonistas de una tendencia mundial: reducir el uso del vehículo particular.
En ese sentido, solo cuatro de los candidatos consultados —Fernández, Goldman, Gonzalo Abella, líder de Asamblea Popular y César Vega, del Partido Ecologista Radical Intransigente— dijeron que utilizan regularmente el transporte colectivo. Por otro lado, casi ninguno de los presidenciables que respondió el cuestionario declaró que usa Uber u otras aplicaciones de transporte, ya que prefieren optar por el taxi. Solo Lacalle Pou dijo que utiliza ambas alternativas.
“Si bien se regularon las aplicaciones en mi administración en Montevideo y se tomó como ejemplo por otras ciudades, no las uso. Sí entendí que la población demandaba la diversificación de la oferta”, indicó Martínez, quien dijo trasladarse en ómnibus excepcionalmente y a veces en taxi.
Fernández, por su parte, dijo que “rara vez” toma taxis y solo en casos de urgencia. Guido Manini Ríos, líder de Cabildo Abierto, afirmó que durante mucho tiempo se trasladó en ómnibus, aunque ahora usa taxi. Tanto Mieres como Talvi y Gustavo Salle, candidato por el Partido Verde Animalista, señalaron que utilizan su auto particular para trasladarse.
Goldman incluso aseguró que disfruta del transporte público y destacó el precio del boleto, a $29 con la tarjeta del Sistema de Transporte Metropolitano (STM) y los beneficios que otorga al usar más de 40 viajes al mes. En esa línea, el informe mensual de la IM sobre el cobro del boleto diferenciado con tarjeta STM arrojó que actualmente el 72% de la población está muy de acuerdo con su uso, mientras que solo un 18% lo desaprueba. En tanto, el conocimiento sobre el uso del plástico también se afianzó y hoy el 81% de los montevideanos tiene una idea clara sobre la existencia de la tarjeta.
El transporte está presente en los programas de gobierno de la mayoría de los candidatos. Martínez, por ejemplo, propone mejorar la calidad de los servicios —asociada a la tarifa, los tiempos de viaje, reducir el hacinamiento en horas pico— para que la población utilice en forma prioritaria el transporte colectivo.
En el programa de Talvi plantean que el crecimiento del parque automotor aumentó los índices de contaminación, por lo que también proponen “virar hacia una transformación de la matriz vehicular” modernizando el transporte público.
Otros proponen fomentar la movilidad eléctrica. Mientras que Cabildo Abierto plantea modificar “la estructura impositiva que pesa sobre las unidades de transporte, privilegiando la eficiencia energética y el uso de energías renovables”, Asamblea Popular también busca promover el uso de transporte público urbano sobre la base de vehículos eléctricos a los efectos de ahorrar en la importación de combustibles.
Marginalidad y convivencia
Otro aspecto señalado como problemático por los candidatos es el aumento de personas en situación de calle. Según el último censo publicado en mayo por el Ministerio de Desarrollo Social, en tres años esa población aumentó 18,4% en Montevideo, por lo que actualmente 2.038 personas viven a la intemperie o en refugios de la capital.
“Me duele la marginalidad, el aumento de la gente durmiendo en la calle y la segmentación social con el deterioro de la convivencia”, dijo Mieres, mientras que Abella aseguró: “La gente durmiendo en la calle y la basura me duelen. Me gustan más los pueblos chicos, las ciudades pequeñas, donde la gente se saluda. Vivo en Montevideo por el deber, no por el querer”.
Por último, Salle indicó sentirse molesto por la “lumpenización e inseguridad que actualmente se padecen en la capital”, aunque reconoció que hoy Montevideo “brinda mejor acceso a todos los servicios”. Manini estuvo de acuerdo con este último punto, pero se quejó de “las obras que no avanzan y la mugre en la ciudad”.