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París es un caos. Bombas y balas asolan las calles. Se escuchan gritos sobrecogedores. El ruido de la muerte entra por la ventana. No se trata del asalto a Charlie Hebdo ni de los atentados de octubre de 2015. Es una obra teatral unipersonal escrita en 2013 por la uruguaya Nut Monegal, autora radicada en París desde hace varias décadas, y estrenada en Uruguay durante el último invierno, con dirección de Marcel Sawchik y protagónico de Adriana Ardoguein, ahora repuesta en el Victoria.
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Sin embargo, el foco no está en el terrorismo islámico sino sobre una de sus posibles consecuencias: el extremismo de derecha. Dos militantes sociales dedicados a la inserción de inmigrantes en situación de emergencia mueren a manos de fanáticos nacionalistas que reivindican la idea radical de “Europa para los europeos”.
Rosa, la protagonista, es una periodista que vive en el barrio de los atentados, vuelve a su casa y en medio de la balacera reconoce a uno de los presuntos terroristas, un hombre que a raíz de la escalada de violencia islámica radicalizó su pensamiento en contra de los musulmanes. Mientras la mujer intenta denunciar el hecho a la Policía y divulgarlo en el medio donde trabaja, recibe amenazas y decide atrincherarse en su apartamento para salvar su vida.
Según se explica en el programa de mano, la obra se inspira en los hechos protagonizados por el terrorista noruego Anders Behring Breivik, que mató a 77 personas y dejó 151 heridos en 2011, y que en nombre de su islamofobia y su antisionismo, declaró al Islam “enemigo número uno de la Europa blanca y cristiana” y exigió la “supresión de Eurabia, del multiculturalismo y la deportación de todos los musulmanes”.
La situación que vive Europa es tremendamente compleja y aunque esta pieza breve —apenas 40 minutos— muestra buenas intenciones, no alcanza a reflejar cabalmente el drama. En un mar de nervios de principio a fin, Rosa encarna el terror que corre por sus venas y explica su posición al público, rompiendo la cuarta pared. El monólogo se transforma en un discurso, una advertencia sobre los males que puede padecer una sociedad que no integra debidamente a quienes son diferentes.
Uno puede concordar con el punto en cuestión, que la extrema derecha aprovecha el terrorismo islámico para volver a las andadas. Pero esta historia es un berenjenal con mil aristas. No hay contraposición de ideas, no hay debate, solo un personaje aterrado —interpretado en forma correcta— que expone un posible punto de vista. Hay que dar batalla, no hay que rendirse ante la barbarie, hay que promover la convivencia global en Europa y en cualquier lado. Hay que ayudar a que los musulmanes pacíficos les ganen a los desquiciados para evitar el desquicio total.
Está bien, pero sería bueno que todo estuviera rodeado de más teatro. Termina la obra y uno tiene más la sensación de haber presenciado una campaña para advertir sobre los peligros de la ultraderechización de la sociedad que una obra de teatro.
Combate a puerta cerrada, de Nut Monegal. Sábados, 21 h; domingos, 20 h. $ 220.