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    Muerte en la ruta

    Sr. Director:

    Seis Guerreros. A tres meses de la muerte de Pablito Fischer. Desde que tenemos memoria siempre fuimos seis. “Los 6 guerreros” nos apodó mamá un tiempo atrás y aunque nos reímos mucho en su momento, terminó siendo hoy el nombre de nuestro grupo de hermanos en WhatsApp. ¿Qué les podemos contar de estos guerreros? Que entre la menor y el mayor existe una diferencia de 17 años, que tenemos personalidades muy distintas, que la primera vez que los tres mayores se fueron de casa, no se fueron a vivir con amigos ni solos, se fueron a vivir juntos. Que a pesar de ser de edades y caracteres diferentes somos muy unidos, que nos consultamos todo, que nos apoyamos y alentamos siempre, que nos alegramos y entristecemos juntos y somos muy compañeros. Si hay algo que nos enseñaron nuestros padres fue a mantenernos juntos y estar siempre el uno para el otro.

    Hace tres meses nos sucedió lo inimaginable, lo que nunca crees que te podría pasar… El 7 de junio pasado, un señor de 47 años tomó unos tragos en un boliche de Montevideo y subió a su camioneta. Por la ruta 101 camino a su casa en Pando y a las 8 AM del domingo, se desvió y atropelló a nuestro hermano menor Pablo (23) que circulaba en bicicleta. Su 4x4 lo embistió tan fuerte de atrás que le causó una hemorragia interna por el golpe, ocasionándole instantáneamente la muerte. Sí, a uno de nuestros guerreros.

    Pablo iba de paseo con nuestro primo, circulaba por la banquina y llevaba todos los implementos de seguridad. Era un paseo que para él significaba toda una aventura deportiva.

    El señor que lo atropelló no solo ocasionó la muerte de nuestro hermano y causó un daño emocional de por vida a nuestro primo por haberlo presenciado todo, sino que además no se responsabilizó de lo que hizo, mintió en su declaración al momento del hecho y también posteriormente al fiscal en el juzgado, a pesar de que las pericias técnicas demostraban su culpabilidad y, por supuesto, estando alcoholizado.

    Tampoco era la primera vez que el conductor del hecho cometía un crimen como este, ya que también quitó la vida de un motociclista en el año 2007 bajo las mismas circunstancias y también en estado de embriaguez. ¿Dónde está la conciencia? ¿La autocrítica? ¿El aprendizaje? Incluso habiendo tenido la oportunidad de haber sido procesado sin prisión luego del primer incidente, volvió a manejar alcoholizado. Un accidente podría tenerlo cualquiera, pero esto claramente no fue un accidente; esto era completamente evitable.

    El accionar irresponsable de esta persona nos cambió la vida para siempre. Nos dejó este dolor  indescriptible a todos los que amamos y conocimos a Pablito, nos dejó este vacío… esta ausencia irreparable, nos dejó abatidos por nuestra tristeza y  la de ver a nuestros padres sufrir día a día.

    Él determinó cuánto tenía que vivir nuestro hermano, determinó hasta dónde pudieron llegar sus sueños y proyectos de vida y también los nuestros junto a él. Determinó cuántos cumpleaños y Navidades pasaríamos junto a él, cuántos recuerdos con él… Este señor no solo se llevó a Pablito, se llevó también gran parte de todos nosotros con él.

    Sus sobrinos nos preguntan por él, lo extrañan y piden verlo. La mayor de cinco años, nos dijo: “Me gustaría tener la moneda de los 3 deseos y pediría: que Pablito regresara, que estén todos felices y que nunca más se vuelva a morir”.

    Lo que pedimos como familia de Pablo y ciudadanos uruguayos es que el responsable (quien se encuentra ahora en la cárcel de Canelones) cumpla con la pena que la Justicia le dicte, una pena ejemplar, que no obtenga un trato diferente por tener como defensor a uno de los abogados penalistas más reconocidos del país. Y, por supuesto, que no vuelva a conducir jamás. Que se le quite la licencia de por vida, para que ninguna otra familia tenga que atravesar por lo que estamos pasando nosotros.

    Todos los días imaginamos a Pablo tirado en el pasto, sediento, con las piernas cansadas, sonriendo, feliz de haber llegado a destino y de haber logrado su aventura. Imaginamos esa reunión en lo de mamá contándonos sus anécdotas del viaje. En fin, imaginamos…

    Sus hermanos. Los cinco guerreros que quedamos