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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa Presidencia de José Mujica no cumplió con casi ninguno de los grandes objetivos que se había propuesto. Así, hoy, el Uruguay no tiene trenes de calidad funcionando; la “educación, educación, educación” reprobó, reprobó y reprobó; el shock de infraestructura para evitar el apagón logístico cayó en alguno de los cientos de miles de pozos de las intransitables rutas nacionales y el plan de viviendas fue más conocido porque un día sí y otro también el presidente Mujica ventiló la generosidad de sus donaciones que por las soluciones habitacionales de calidad que generó.
Mujica se retiró de la Presidencia con altísimos niveles de aprobación y popularidad. Probablemente se deba a su desapego al dinero —es bien claro que no le importa y esa actitud generosa y desprendida es antagónica a la voracidad que muestra a la hora de conseguir todo el poder que pueda, cosa que sí le importa—; su enorme capacidad de sintonía con la gente y su talento para generar hechos de marketing —difícilmente alguien pueda ser sorprendido por los medios de prensa comprando una tapa de wáter, si no es porque hay una operación de difusión del hecho—; su discurso y modo de vida cercano con los menos privilegiados; una disminución de los niveles de pobreza e indigencia en el país; una situación económica que permitió que le sonriera la sensibilidad del bolsillo que tanto deplora y algunas reformas liberales que para muchos compatriotas —no para quien firma— constituyen un paso adelante.
Al margen de este brevísimo y simple balance, Mujica deja una herencia verdaderamente maldita en el campo de los valores. Relativismo moral, relativismo republicano, desprecio al trabajo, desprecio al estudio, desprecio al emprendedor. Agresividad, descalificación y falta de respeto para con el diferente; agresividad, descalificación y falta de respeto para con quien aspira legítimamente y disfruta del progreso material.
Revertir esa herencia maldita es el principal desafío que tenemos como nación en lo inmediato. Un gran acuerdo nacional para volver a dar valor a la palabraa, al estudio, al trabajo, a la administración de diferencias, a respetar y valorar al diferente, al espíritu emprendedor que genera riqueza, empleo y desarrollo.
Ramiro Gutiérrez