Sr. Director:
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo quiso decir eso. El Sr. Presidente de la Cámara de Representantes al dar comienzo un nuevo período de sesiones dijo: “La sesión está cerrada”, cuando hubiera querido decir “la sesión está abierta”.
Estas sorpresas —bueno fuera decir que nos atrapan— son comunes en la lengua, y hay lingüistas que ante estas cuestiones inesperadas y hasta fastidiosas, sostienen que el hombre cuando habla no es dueño muchas veces de lo que dice, sino que es el lenguaje que habló por él, sin él saberlo. Aunque es preciso agregar que algo debe saber el hombre de las inesperadas diabluras que su lengua dijo —y que tenía bien guardadas— hasta el instante en que la frase de su boca salió, más bien que saltó, como salta y se muestra, fugazmente, un pez sobre el río, dejando a quien las emitió a merced de la vergüenza o la humillación.
La semana que acaba de pasar, Sr. Director, tuvo lugar un acontecimiento que nos dejó una perla de esta estirpe. Le ocurrió al expresidente José Mujica, cuando un periodista le puso un micrófono debajo de sus narices, ante los episodios de represión brutal que se viven en Caracas, sumando una cifra sobrecogedora de muertos, que se está dando en el régimen dictatorial del presidente Maduro, mientras la pantalla de los televisores mostraban tanquetas gubernamentales conducidas por obsecuentes gamberros que dirigían los vehículos de la represión, salvajemente, contra jóvenes peatones desarmados, procediendo a arrollarlos sin más. Entonces el expresidente Mujica libró el siguiente comentario al periodista: “Lo que le puedo decir es que no hay que ponerse delante de las tanquetas”. Tan pronto dijo estas palabras, el periodista replicó a su vez: ¿Nada más? y el expresidente, sorprendido y como entontecido ante lo que dijo, agregó pocas palabras más, y siguió su camino. Pero lo dicho había sido dicho, y ya daba la vuelta al mundo, la técnica, la ciencia, mediante, y este hecho, Sr. Director, permitió avalar, cuánto puede albergar la enormidad de una fallida rectificación o negación, o acción de desdecirse frente a la verdad desnuda, que desarmaba al presidente pobre, humilde y bueno, que había emitido aquella “salida salvaje”, como flato que salía de su boca. Después Mujica agregaría comentarios que buscaban enmendar el soneto: “lo que quise decir fue”… Las voces del gobierno mantuvieron prudentemente las bocas cerradas, ignorando el acontecimiento.
Se destacó, Sr. Director, entre muchas presencias críticas la del periodista peruano Jaime Bayley, quien condenó los dichos de Mujica. En el cotidiano periódico la diaria se podía leer un extracto de mails, entre los que destacaba uno que denostaba “al periodista marica”, con lo que se redoblaba una vez más las diabluras del lenguaje que ponía en manifestaciones de prensa sedicente liberal, palabras exasperadas e injuriantes, rebosantes de homofobia.
Juan Carlos Capo