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    Muñecas rusas

    Todos creímos, al principio, que si no resultaba imposible, al menos iba a ser muy difícil. Pero no fue así: finalmente se sumaron los votos necesarios, y se aprobó la investigadora sobre Ancap.

    Eso sí: no es una investigadora “sobre presuntas irregularidades en Ancap” (como decía la moción de la oposición), sino una investigadora “sobre Ancap”, como aceptó que se la llamara el oficialismo, para darle los votos al engendro.

    Es que era muy complicado sacarle la pata al lazo, habida cuenta de la acumulación de cosas raras que se venían juntando en torno al tema: el gigantesco déficit acumulado, la ignorancia de las autoridades económicas de gobierno sobre lo que estaba pasando en el ente, las malas inversiones, las pérdidas inexplicables, los desmesurados gastos en publicidad, la vidriosa adjudicación de la agencia encargada de la misma, y hasta la compra de espacios publicitarios en una radio fantasma que ni siquiera estaba al aire.

    Hace semanas ya que tenemos diariamente un capítulo de la serie que —si transcurriera en los Estados Unidos— se llamaría “House of Scandals”. Lo dan los informativos, regodeándose con las declaraciones y contradeclaraciones de los de un lado y los del otro.

    Pero de pronto apareció una sorpresa: la prensa publicó una información que los muchachos de la “fuerza política” que integran la comisión, consideraron que era “una filtración”.

    El País informó en primera plana que una empresa paraguaya, cuyo titular es un yorugua ex diputado suplente del FA, le estaba reclamando a Ancap la comisión que debió haberle pagado por un negocio con PDVSA, que el imprudente del presidente Vázquez había arreglado directamente con don Nicolás Maduro, saltándole por encima a la tal empresa, que se llama Exon, y que reclama entre 3,5 millones de dólares y 7 millones, vamos a ver en cuánto arreglamos. Con el agregado de que la Oficina Jurídica de Ancap consideraba que si iban a juicio, Ancap lo perdía seguro.

    El flaco Agazzi salió con el hacha en una conferencia de prensa, diciendo que ese tema era secreto y reservado, y dejó entrever claramente que alguien que no quiere mucho al gobierno lo había filtrado indebidamente a estos molestos tipos de la prensa. Unos buchones.

    Lo más interesante fue el anuncio de Agazzi, a renglón seguido: créase una comisión investigadora de la comisión investigadora, para detectar por dónde se les escapó a los padres de la patria un dato que mejor era que permaneciera en las sombras del secreto.

    La comisión investigadora de la comisión investigadora arrancó con gran brío, pidiéndoles a los taquígrafos y a los ujieres que declararan bajo juramento que no habían sido ellos los estómagos resfriados que le habían pasado el dato a la prensa.

    Tras la firma de las declaraciones juradas de que no eran ellos los “culpables”, apareció una grabación clandestina, presuntamente tomada a través de un micrófono oculto, en la que la bancada de gobierno discutía acaloradamente los pasos a seguir, y Agazzi le decía a Otheguy que “hay que blindarlo a Raulito, porque el viejo” (supuestamente se refería a Mujica) “me parece que no llega a las elecciones próximas, y hay que pulirle la imagen a este tarado, que se comió todas las culebras, para que esto no termine en una denuncia penal, mirá lo que pasó con Pluna, no nos vamos a tomar otra vez la misma pastilla”.

    Agazzi montó en cólera cuando un periodista de una radio le pasó al aire la grabación clandestina, desmintió lo indesmentible, dijo que no se acordaba de haber hablado de este tema con Otheguy, y anunció lo esperable: se creará una comisión investigadora de la comisión investigadora de la comisión investigadora, para tratar de rastrear el origen de esta filtración, que tanto daño puede causarle a la imagen del ex presidente de Ancap, hoy vicepresidente de la República.

    Empezaron los sumarios, las citaciones a los funcionarios del Palacio posiblemente involucrados en esta sucia maniobra, ya dejando atrás a los taquígrafos y los ujieres, las secretarias administrativas y los encargados de sala, para involucrar a las limpiadoras, el electricista, los ascensoristas y una señora que viene de afuera y vende empanadas por las oficinas, con la debida autorización del caso.

    Fue esta señora la que dijo, luego de un interrogatorio de cuatro horas, que ella había escuchado en el despacho del senador Mieres (al que no le tiene simpatía porque es el único que no le compra empanadas) que “algo hay que hacer para que este tema se haga público y se conozca, porque la transparencia está en juego, y estamos quedando como unos imbéciles ante la opinión pública”.

    Si bien nunca dijo esta señora que Mieres estaba refiriéndose al tema de Ancap, esto fue suficiente para que el senador Agazzi organizara otra conferencia de prensa, para anunciar un complot de la oposición, tendiente a embarrar la cancha, quitarles seriedad a las averiguaciones en curso, insinuando incluso que la bancada oficialista estaba considerando llevar el tema a la justicia, denunciando a los integrantes de la oposición en la primera comisión investigadora de querer implicar al gobierno en un escándalo inexistente, “utilizando los más rastreros métodos de espionaje, difamación e injuria, y entorpeciendo la labor parlamentaria”.

    No tengo que contarles lo que anunció a continuación: la creación de una comisión investigadora de la comisión investigadora de la comisión investigadora de la comisión investigadora de Ancap, (la cuarta, en realidad) que debería determinar las circunstancias y los métodos por los cuales se habían filtrado a la prensa tantos datos inexactos, que ponían en serio riesgo la continuidad de las investigaciones, informando que, hasta que no se expidieran por informe escrito la cuarta comisión investigadora sobre lo denunciado en la tercera comisión investigadora, encargada de averiguar y confirmar o desmentir los hechos que analizaba la segunda comisión investigadora, la primera comisión investigadora de Ancap suspendería sus trabajos, a la espera de que hubiera claridad y transparencia en las delicadas y sensibles tareas encomendadas a la misma por el Poder Legislativo.

    Esto se parece mucho a las “matrioshkas” rusas, también llamadas “mamushkas”, que se meten una dentro de la otra, habiendo cuatro o cinco, cuando en realidad solo vemos una, la más grande.

    También se llama “cortina de humo”, si les resulta más fácil de pronunciar.