• Cotizaciones
    domingo 10 de mayo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Músico privilegiado

    Cello y piano rusos en el Teatro Solís

    Alexander Bouzlov nació en Moscú y tiene 32 años. De su frondoso currículum destaca la doble premiación que obtuviera en el Concurso de cello Emanuel Feuermann, celebrado en Berlín en 2010, donde ganó el Gran Premio del Jurado y el primer premio de la audiencia. Esa preferencia por partida doble, de los especialistas del jurado y del público asistente, se comprende fácilmente después de escucharlo el lunes 6 en el Teatro Solís, dentro de la Temporada del Centro Cultural de Música (CCM).

    De todas las obras que se hicieron, solo la Sonata en Sol menor op.19 de Rachmaninov estaba escrita originalmente para cello y piano. La Fantasiestücke op.73 de Schumann era original para clarinete y piano; la Sonata en La mayor de Franck lo era para violín y piano y las Romanzas de Rachmaninov, que se hicieron fuera de programa, fueron concebidas para voz y piano.

    Las piezas de Fantasía, de Robert Schumann (1810-1856), con todo respeto para Schumann, eran lo menor del programa a priori, al lado de las dos gigantescas páginas que habrían de venir después, como las de Franck y Rachmaninov. Pero un gran artista es un gran artista, por menor que sea la obra que tiene entre manos, y con la primera frase de la primera de las tres piezas de Fantasía, el Solís se inundó de un sonido de terciopelo, de esos que se tiene la felicidad de escuchar no pocas, poquísimas veces. Bouzlov exhibe además un rango dinámico asombroso que desde el fortísimo se repliega a pianísimos de cristal; una delicadeza en algunos inicios de frase que hacen por momentos olvidar la existencia del arco en la mano derecha y preguntarse de dónde brota ese sonido; notables agudos y graves de profundidad cavernosa. Pero por sobre todas las cosas, Bouzlov hace cantar a su instrumento, y de qué manera.

    La Sonata en La mayor de Cesar Franck (1822-1890) es una obra de madurez compuesta en 1886 para violín y piano. Dos años después fue arreglada para cello y piano por el cellista y profesor de música francés Jules Delsart, aunque el arreglo que se escuchó en el Solís no es ese sino uno del propio Bouzlov, que fluyó estupendamente bien. Hay quienes prefieren el original para violín porque en los momentos de lirismo extremo parecería que el timbre agudo de ese instrumento trepa a alturas de mayor fuerza expresiva. Es opinable. Lo cierto es que se trata de una obra de magnitud y belleza tales que probablemente soporte todavía combinaciones instrumentales aún no experimentadas. El canto del cello fue sublime cuando inició la Sonata, con ese leitmotiv melancólico que se hamaca como en una mecedora con los acordes del piano de fondo. A paso sereno pero intenso, Bouzlov fue graduando sabiamente el magistral crescendo expresivo con que culmina el primer movimiento.

    Esta obra tiene a nuestro juicio la particularidad de exigir en el piano algo más que un buen acompañante. Para que llegue a la altura expresiva que debe tener, es necesario un pianista de vuelo parejo con el solista de cuerda, que no se cuide tanto de si “tapa” o no a su compañero. El piano es aquí una presencia permanente y tan tormentosa como la cuerda. Estas cualidades no adornaron la interpretación del también joven pianista ruso Igor Tchetuev, de desempeño correcto pero siempre dentro de un enfoque más acompañante que protagonista, que termina cercenando no solo el volumen de sonido sino la expresividad del conjunto.

    La Sonata en Sol menor opus 19 de Rachmaninov (1873-1943), compuesta en 1901, es otra obra monumental. Pertenece a un período depresivo del ruso, en el que había caído después del fracaso en el estreno de su Primera Sinfonía. Esa mirada oscura que seguro tenía en ese momento el autor frente a la vida, aparece de entrada en la obra. Pero la genialidad está en que también conviven con esa angustia un lirismo dulce y tierno que se plasma en frases expansivas para el cello y un acompañamiento de gran empuje para el piano. Bouzlov fue impecable de principio a fin. Tchetuev pareció más cómodo aquí que en Franck, aunque en el majestuoso Andante debió hermanarse más con la infinita capacidad de matización del cellista.

    Fuera de programa el dúo hizo dos Romanzas de Rachmaninov, originales para voz y piano y transcriptas también por Bouzlov para cello y piano. Fueron dos momentos mágicos porque el cello siguió cantando —como si en verdad fuera la voz humana original— y Tchetuev pareció distenderse y extraer del piano un sonido más amigable, íntimo y matizado, en consonancia total con el cello. En la segunda romanza, con un sonido que se fue apagando hasta el pianísimo, debió terminar el concierto. Pero a los virtuosos generalmente les gusta complacer al público y mostrar que, además de poseer una musicalidad excepcional, son buenos en las piruetas con su instrumento. Fue entonces que, partitura de Paganini mediante, Alexander Boutlov hizo de goma su violonchelo. La mayoría contenta y eufórica, salvo unos pocos que nos quedamos atesorando la dulzura y fineza de los últimos compases de Rachmaninov.