Las principales potencias vivían una época de crecimiento económico a principios de la década de 1990, en un mundo que dejaba atrás la Guerra Fría. Fue en 1992 que Bill Clinton ganó las elecciones de Estados Unidos y se estableció la Unión Europea mediante la firma del tratado que define el proceso de integración. En ese año la Cumbre de la Tierra realizada en Rio de Janeiro marcó la historia porque allí se consagró el concepto de “desarrollo sostenible”.
Más de 100 gobernantes en el marco de las Naciones Unidas se comprometieron por primera vez para lograr un desarrollo que permita satisfacer las necesidades de la sociedad sin poner en peligro la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer además sus propias necesidades, un concepto del que pocos años antes se venía hablando y que quedó instaurado definitivamente a partir de esa reunión en Rio.
Veinte años después —el próximo 20 de julio— comenzará una segunda reunión en Rio que pretende ser también histórica: Rio+20. Pero esta vez la situación es distinta, las potencias mundiales viven una etapa de escaso crecimiento económico y varias de ellas se encuentran en recesión.
Por otra parte, los países vienen negociando año tras año un nuevo compromiso de reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero —ante el próximo vencimiento del Protocolo de Kyoto— en las Convenciones sobre Cambio Climático con escasos avances puntuales y sin un resultado contundente aceptado por todos, en donde sobrevuelan la escasez de recursos para destinar a la conservación del ambiente y la crisis económica.
“Los temas de pérdida de biodiversidad y cambio climático son de altísima importancia política pero, a veces inversamente proporcional, de bajísima resonancia en la vida interna de los países”, opinó el senador nacionalista Sergio Abreu el miércoles 30 de mayo durante la actividad “Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable Rio+20; certidumbres y dudas acerca de los resultados”, organizada por el Consejo Uruguayo para las Relaciones Internacionales (CURI), la Cámara Mercantil y Konrad Adenauer Stiftung.
Pobreza y desarrollo.
La Conferencia de Naciones Unidas Rio+20 se llevará a cabo entre el miércoles 20 y el viernes 22 de junio en Rio de Janeiro.
La agenda está marcada y la discusión girará en torno al desarrollo sustentable.
Más de 130 jefes de Estado y de gobierno y miles de líderes, empresarios e integrantes de la sociedad civil se reunirán para discutir sobre pobreza, crecimiento económico —la expansión de las ciudades y el problema de acceso al agua potable— y la sustentabilidad ambiental.
Pese a las dificultades en el plano económico de la conferencia, se esperan anuncios de compromisos y soluciones para atacar estos problemas mundiales.
La tarea no será sencilla y los países ya están divididos. Los en desarrollo le piden recursos a las potencias, que no pasan por una etapa de bonanza económica.
“Los programas, las formas, los mecanismos, las herramientas y las estructuras no son las mismas a aplicar para los países desarrollados que para los países en desarrollo —afectados en mayor medida por la pobreza y un desarrollo de las ciudades con necesidades básicas como el agua potable—. Los problemas son diferentes y distintas deben ser las soluciones”, dijo Paul Moizo, asesor del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (Mvotma) durante el evento de CURI.
Todos estos temas se discutirán durante la conferencia, que “se va a dar en el contexto de una crisis internacional”, destacó Moizo.
“Lo mejor que puede pasar en este momento de crisis es que no haya un corte sino una continuidad. No podemos pensar que Rio+20 va a ser como Rio 1992, que fue un hito y un cambio en los paradigmas del desarrollo sostenible que seguimos reivindicando”, comentó Jorge Rucks, director nacional de Medio Ambiente, al ser consultado por Búsqueda.
“Lo malo sería un Copenhague pero lo bueno sería un Durban”, agregó Rucks en referencia a la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de 2009 en Copenhague con acuerdos no avalados por todos y negociaciones a puertas cerradas entre las potencias con respecto a la reunión de Durban en 2011, que aseguró continuar trabajando en definiciones tomadas años antes y profundizar en algunos temas.
“En Copenhague hubo un exceso de expectativas que de alguna forma también está pasando con Rio+20”, opinó Rucks.
“Complejo”.
En el plano internacional la discusión está girando en torno a un “borrador cero”, un documento que inicialmente tenía unas pocas páginas y que ha crecido, comentó Moizo. Según información de la organización de Rio+20 el documento “borrador cero”, también conocido bajo el título “El futuro que queremos”, ya tiene más de 6.000 páginas de aportes de los gobiernos integrantes de Naciones Unidas, de grupos de la sociedad civil, del sector empresarial, entre otros. La complejidad sigue en aumento y cerrará su última etapa de negociación previa a la conferencia el 15 de junio.
“Es reflejo de lo complejo de la discusión que se viene procesando en Naciones Unidas”, opinó Moizo.
El proceso hacia Rio+20 ha sido muy “desorganizado a nivel internacional. Esto hace muy difícil que países que no son hegemónicos puedan participar bajando el nivel de decisiones y consulta”, dijo Rucks.
El concepto de un desarrollo y una economía verde no fue delimitada y ahora las distintas voces buscan lograr una definición que sea aceptada por todos.
El Mvotma promovió junto con otros países del Mercosur y de América Latina poder llegar a adoptar una visión conjunta. Sin embargo, la discusión se centró en la dificultad de definir lo que significa una economía verde y posturas como las de Bolivia y Venezuela no llegaron al acuerdo.
A nivel nacional, el Mvotma promovió una discusión abierta con distintos sectores del desarrollo preparatoria para la conferencia que terminará mañana viernes, informó Moizo.
“La Conferencia debería constituirse en una reafirmación de los compromisos asumidos, cumplidos o no”, dijo Moizo.
Ciudades unidas.
En mayo los intendentes de Montevideo, Maldonado y Canelones se reunieron en Uruguay con los representantes de cientos de gobiernos locales de países miembros y asociados del Mercosur para marcar su posición con respecto a la Rio+20.
Estas “Mercociudades” determinaron que comparten la responsabilidad de los gobiernos locales para garantizar un acorde desarrollo social de las ciudades junto con el cuidado ambiental con acceso a servicios sanitarios y a vivienda.
Durante los últimos 20 años desde la primera conferencia de Rio “los problemas ambientales globales junto a los fenómenos de exclusión social y pobreza extrema, lejos de erradicarse en muchas zonas se han acentuado”, detalla el documento “Aporte de Mercociudades hacia Rio+20”.
Comparten “la convicción de que debe asegurarse el apoyo y aporte de los países desarrollados —en el marco del principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas—, fundamentalmente para el desarrollo de las agendas ambientales locales y el fortalecimiento de las capacidades de los gobiernos locales de la región”, resume el informe.
Esta posición es una postura a menudo adoptada por los países en desarrollo que reclaman la responsabilidad y el aporte económico de las potencias —que actualmente sufren de problemas económicos y ajustan sus presupuestos— para lograr cumplir con un desarrollo sostenible.
Avanzar en un desarrollo amigable con el ambiente y sostenible implica, entre otras cosas, “acceder a recursos tangibles”.