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Hacía ya varios años que estaba retirado de los escenarios debido a su salud, pero esa ausencia no pudo opacar sus 60 años de carrera como actor, director, docente y conductor de compañías teatrales. A los 83 años, el viernes 26 murió Júver Salcedo, pilar del teatro independiente, fundador y alma máter de la compañía La Gaviota y factótum de la reapertura del viejo Stella D’Italia, donde reside la institución.
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Juan Hoover Martínez Sánchez —su verdadero nombre según consigna Miguel Ángel Campodónico en su Diccionario de la Cultura Uruguaya— comenzó a los 16 años a estudiar interpretación con Enrique Guarnero y Rafael Salzano y rápidamente destacó por su porte de galán y su potente vozarrón, que le permitió entrar, en 1952, a la compañía de radioteatro de Élida Acosta y Floreal Cavalieri, cuando el formato aún estaba en el esplendor de su popularidad. En ese rubro hizo carrera y llegó a actuar y dirigir la compañía de radioteatros del Sodre, la principal del país. Luego también dirigiría teleteatros de Canal 5. En paralelo, ese mismo año ingresó al elenco estable de El Galpón, fundado apenas tres años antes, donde actuó en más de 80 obras de todos los géneros y orígenes y se inició como director, hasta que en 1976 la compañía de Atahualpa del Cioppo se exilió en México.
En esos años difíciles para vivir del arte en Uruguay comenzó su actividad internacional. Pasó algunas temporadas en Costa Rica, donde en 1974 ganó el premio al mejor actor por su Willy Loman en La muerte de un viajante, de Arthur Miller, que en 1983 ganó en Montevideo el Florencio al Espectáculo. A principios de los años 80 condujo el teatro Arlequín de Asunción; en Buenos Aires dirigió al Teatro San Martín en Barranca abajo y dio clases en la Escuela Dramática de la Facultad de Bellas Artes. También dirigió en Estados Unidos, España y Suecia. En 2003 montó en Costa Rica Perdidos en Yonkers, de Neil Simon, y La gaviota, de Chéjov, con la Compañía Nacional.
Pero si hay un año clave en su vida, es 1977, cuando fundó el Teatro de La Gaviota —bautizado así por la icónica obra de Chéjov—, del cual fue su director, administrador y principal referente durante más de 35 años. Con la democracia, el grupo logró reabrir del Teatro Stella, cerrado desde hacía mucho tiempo, lo que le permitió ocupar un lugar protagónico en la escena montevideana, junto al Circular, El Tinglado, Italia Fausta y el retornado El Galpón. La Gaviota puso énfasis en los clásicos europeos y americanos y en las raíces del teatro rioplatense.
El Stella fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1989 y en su sótano se abrió la Sala 2. Con su escuela —en la que se formaron talentos como Roberto Suárez, César Troncoso y María Dodera, entre otros— funcionando a pleno, La Gaviota mantuvo una intensa actividad hasta fines de la década de 2000, con títulos como La Esperanza S.A., del uruguayo Carlos Manuel Varela, Raspando la cruz, del argentino Rafael Spregelburd, Las bicicletas son para el verano, del español Fernando Fernán Gómez, Viaje de un largo día hacia la noche, de Eugene O’Neill (Florencio en 1996 al mejor actor), y el drama romántico Erling, de la sueca Christina Herrström, que protagonizó junto a su esposa, la actriz Lilián Olhagaray, con dirección de Mario Morgan, uno de sus grandes amigos y socios artísticos.
La dificultosa gestión de una sala construida en el siglo XIX, de casi 500 butacas, con su estructura original de madera, con deterioros estructurales que han demandado un intenso mantenimiento, y los lógicos y permanentes tiras y aflojas para lograr apoyos y subsidios públicos para paliar las dificultades, ocasionaron un severo desgaste en Salcedo, que se sumó al declive artístico de la compañía. Luego de Antes/Después, obra del alemán Roland Schimmelpfennig, cuyo montaje fue complejo y multitudinario, con 40 actores en escena, La Gaviota encargó en 2007 a la dupla Gabriel Calderón-Martín Inthamoussú, los estrenos de la compañía fueron cada año más esporádicos, hasta que el grupo redujo considerablemente su actividad, aunque la escuela siguió funcionando. Desde el retiro definitivo de Salcedo, La Gaviota se ha mantenido gracias al trabajo de sus integrantes actuales, y el arrendamiento de la sala —su principal fuente de ingresos— se ha reducido considerablemente.
Tal fue su condición de hombre de teatro total que fue convocado para dirigir la Comedia Nacional en dos períodos (1985-1986 y 1994-1996). Con el elenco oficial dirigió Un tranvía llamado deseo 1981 y Barranca abajo en 2001. En su última etapa antes de sufrir el quebranto de salud que lo alejó de las tablas, en 2011 encarnó a José Batlle y Ordóñez en Qué tupé, de Diego Fischer, que recreaba el famoso duelo en que el entonces presidente uruguayo mató al nacionalista Washington Beltrán, uno de los fundadores del diario El País, rol a cargo de Álvaro Armand Ugón. Su último trabajo, en 2013, fue el protagónico del sainete La nona, del argentino Roberto Cossa, dirigido por Jorge Denevi.
“Era un hombre de teatro”, fue lo primero que respondió Denevi, consultado por Búsqueda sobre la huella de Salcedo. “Esa expresión significa mucho para todos nosotros. Basta recordar los increíbles esfuerzos que hizo para recuperar el viejo Teatro Stella D’Italia, que estuvo a punto de convertirse en un supermercado o algo así”. Para el director, la creación de La Gaviota “fue su mayor logro y como contrapartida, su mayor tristeza, porque Júver aspiraba a que funcionara en el viejo estilo del teatro independiente uruguayo, que le dio a este país los más grandes logros artísticos. Es decir, los actores barrían, hacían la escenografía, lavaban los baños, hacían de porteros y luego subían a escena y hacían excelentes y hasta magistrales espectáculos. Pero las jóvenes generaciones eso no lo entendían. Terminaban confundidos. Soñaban con un profesionalismo que no existe”. Para Denevi, Salcedo no fue ayudado. “Este parece un pensamiento retrógrado, pero entonces me pregunto: ¿por qué los espectáculos hechos con el lomo eran mejores que los ‘profesionalizados’ de ahora?”. Así recuerda el Flaco el carácter de su amigo: “Rezongaba, sin perder su humor y a veces, muchas, lo perdía”.