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Negociadores de la Policía intervienen en cerca de 100 casos por año; más del 90% son tentativas de suicidio y violencia doméstica
“La exteriorización de bronca en las redes sociales pudo haber contribuido a una situación fatal” en la toma de rehenes de la peluquería de Pocitos, asegura el jefe de la Unidad Táctica de Negociadores, Washington Pereyra
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La escena es bastante similar a la que se ve en las películas. Atrincherada, una persona amenaza con suicidarse o matar a otras, mientras afuera la policía corta las calles, aleja a los curiosos e intenta calmarla a la espera de un especialista. Se trata de un negociador, que llega apresurado y sin detener la marcha se coloca un chaleco antibalas mientras es informado de los detalles que se conocen. En las películas el negociador es el héroe de rostro escrupuloso y voz convincente que resuelve el problema con la audacia que les falta a sus superiores. En Uruguay es un engranaje más de la Policía, que trabaja con un equipo detrás, propone a un comando las posibles soluciones y queda supeditado a sus órdenes.
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Desde su creación hace tres años, la Unidad Táctica de Negociadores de la Policía Nacional participó en más de 100 casos en 2016, 80 en 2017 y 82 en 2018. Más del 90% fueron por tentativa de suicidio y violencia doméstica, con hombres encerrados en sus casas que tienen de rehén a una mujer o no quieren entregarse a la policía. Otras situaciones involucran a pacientes psiquiátricos y brotes psicóticos; los casos por acción criminal son muy pocos. Hasta el momento, incluidos los casos ocurridos en lo que va del año, todos fueron resueltos con éxito. “Esperemos no quebrar la racha”, afirmó a Búsqueda Washington Pereyra, jefe de la unidad.
Pereyra integraba un equipo nacional de negociadores formado por tres personas, al cual el Ministerio del Interior institucionalizó con más miembros, movilidad y entrenamiento. Dependiente de la Dirección Nacional de Guardia Republicana, la Unidad Táctica de Negociadores tiene despliegue en todo el país pero su base está en Montevideo, donde se concentran la mayoría de las situaciones.
Desde su creación hace tres años, la Unidad Táctica de Negociadores de la Policía Nacional participó en más de 100 casos en 2016, 80 en 2017 y 82 en 2018.
Su actuación “es bastante ajustada a las películas”, dice Pereyra, aunque aclara que ellos son una de las varias unidades del ministerio que participan en estos casos. Al inicio actúa una red nacional de mediadores de primer contacto; policías formados para la contención de una situación de crisis. Luego está el Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Guardia Republicana, con quien los negociadores se capacitan en conjunto; en términos generales, ante una situación de crisis el negociador brinda la información y el GEO la protección. También acuden bomberos y emergencias médicas.
Cuando el negociador llega al lugar trabaja con un equipo que lo apoya desde un móvil. Se ciñe a un protocolo que contempla distintos planes de acción ante casos de crisis que tiene el ministerio. Lo primero que hace es recolectar datos sobre lo que sucede. Después le indica a un centro de comando, supervisado por el director nacional de la Guardia Republicana, cuáles son las posibilidades de solución, que siempre incluyen el asalto táctico. Recién ahí empieza a abordar a la persona, a quien le menciona las mismas salidas que maneja la Policía. “El negociador nunca miente porque su arma principal es la palabra y la escucha, no miente porque en el momento que mienta pierde credibilidad”, asegura Pereyra.
Como mínimo, toda intervención dura cuatro horas. Las evaluaciones posteriores a cada caso, realizadas por un consejo académico de la Guardia Republicana, demuestran que en las horas iniciales de la conversación con un negociador, el estado emocional del interlocutor es “como un electrocardiograma de puntos altos y bajos permanentes”, hasta que empieza a trazar lo que los especialistas denominan “meseta”, el momento en el cual el negociador logra resultados pues recibe respuestas racionales.
Negociación por WhatsApp.
En setiembre, expertos de la Policía Nacional de Francia capacitaron a policías uruguayos en negociaciones tácticas antiterroristas. Antes habían sido entrenados por el FBI estadounidense. Son certificaciones internacionales paralelas a un curso intensivo de 300 horas que deben realizar quienes desean formar parte de la Unidad Táctica de Negociadores. Por confidencialidad, el Ministerio del Interior no quiso divulgar el número de miembros que forman parte de la fuerza.
Además del curso, los aspirantes deben pasar un examen psicológico. Para Pereyra, quien también es coordinador académico de la Guardia Republicana, hay cualidades imprescindibles en todo candidato: “Soportar una presión y una tensión máximas, saber escuchar, poder detectar lo que infiere otra persona, ser muy disciplinado y orientado a los objetivos”. Asegura que todos los integrantes de la unidad pueden atender cualquier caso, desde un intento de autoeliminación a una amenaza terrorista.
“Siempre al salvamento”, reza la frase en latín del escudo que la unidad luce en sus uniformes. Lapiceras, chaleco antibalas, pilot para la lluvia, paraguas, computadora, cables, adaptadores y armas son solo algunos de los elementos que todo negociador lleva en un maletín negro de fibra de carbono. Se desplazan en una camioneta blindada, “una especie de oficina y hogar, porque vos vas a un lugar y no sabés por cuánto tiempo te vas a quedar”, cuenta Pereyra.
Más del 90% de los casos que los negociadores intervinieron fueron por tentativa de suicidio y violencia doméstica, con hombres encerrados en sus casas que tienen de rehén a una mujer o no quieren entregarse a la policía.
Lo dice en serio: desde que la unidad comenzó a funcionar en 2016, el récord de una negociación cara a cara fue de 12 horas y media. Pero existe otro registro, virtual, que duró 36 horas. Fue Pereyra el protagonista, cuando logró contactarse con el hombre que en 2017 asesinó a su abuela y a su bisabuela en Paysandú. Pereyra estaba dando un taller cuando el homicida le escribió a su celular. “¡Nadie me creía que estuve 36 horas hablando por WhatsApp!”, recuerda.
Por su experiencia, Pereyra fue uno de los negociadores en la intervención más mediática hasta ahora de la unidad: el jueves 10 un hombre tomó a 14 rehenes en una peluquería de Pocitos a partir de una situación de violencia de género contra su expareja.
“El de la peluquería es un hecho muy particular que estamos estudiando”, indicó Pereyra. El protocolo de actuación de la unidad señala que se debe aislar a la persona, por eso la policía corta la vía pública y por eso, en este caso que rápidamente se hizo público, se pidió a los medios de comunicación no transmitir imágenes. Pero el aislamiento no fue total. “Aquí los medios finalmente colaboraron pero el tema es que ya no son solo los medios, es la gente que está con su celular. Es muy importante que la sociedad entienda que los comentarios que muchos realizaron no ayudaron en nada, y por suerte creo que la persona no llegó a leerlos porque la verdad que fue un disparate: los insultos, la exteriorización de una bronca en redes sociales pudo haber contribuido a una situación fatal, de desequilibrar a esa persona”, analizó. Para minimizar el impacto de las redes sociales, a partir de la situación en Pocitos la Guardia Republicana analiza quitar la cobertura celular en el área del hecho.