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Robada por los nazis durante la II Guerra Mundial, junto con la colección personal de Ferdinand Bloch-Bauer, Retrato de Adele Bloch-Bauer I, de Gustav Klimt, es una de las pinturas más famosas del artista vienés. Esta mujer, esposa del industrial azucarero Ferdinand Bloch, fue la única modelo que Klimt retrató en más de una oportunidad. La historia de esta obra, la de su apropiación ilegal y la lucha por su recuperación por parte de la sobrina de Adele, Maria Altmann, a los 82 años, es asombrosa. La película que recrea esta historia, sin embargo, no lo es en lo más mínimo.
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La dama de oro es un empalme de fórmulas que se amontonan a la fuerza, no cuajan. La fórmula Helen Mirren, institución británica de exportación que rinde por dos o tres actores y actrices por película, es la gran apuesta. Mirren es para fans. Haga lo que haga, sus seguidores la van a adorar.
—Qué actriz impresionante. Qué placer ver a esta mujer, por favor.
—No exageremos: está cortando una porción de strudel.
—Sí, ¡con qué intensidad!
En La dama de oro interpreta a la versión octogenaria de Maria, sobrina de la imponente morocha que retrató Klimt —la edición joven va por cuenta de Tatiana Maslany, de la serie Orphan Black—, que, junto a Randol Schoenberg —abogado judío de ascendencia austríaca interpretado por Ryan Reynolds— atravesó el Atlántico para que la pintura regresara a la familia. La narración corre en paralelo, entre el pasado y el presente, con diferencias en la paleta de colores, presentando un tono más pálido a los años de juventud de Maria y la posterior ocupación nazi de Austria. Y el relato del pasado es infinitamente más interesante que el del presente. Quizás porque es más breve. Quizás porque tiene más urgencia. Quizás porque no está Reynolds, que no logra convencer como el abogado, nieto del compositor Arnold Schoenberg, otro gancho del filme. Menos convincente es el periodista de Daniel Brühl, también inspirado en un personaje real, Hubertus Czernin, una suerte de guía en la trama.
Además del festival unipersonal de Mirren, La dama de oro contiene: una parte de buddy film, dinámica presente desde los tiempos de Laurel y Hardy, replicada en Arma mortal y hasta en Terminator 2: Juicio final, una cuota de drama histórico con los más malos de la historia, otra de filme de juzgados, otra de película con discursos en voz alta. También: escenas en las que el pasado y el presente bailan en un mismo espacio, y que el director, Simon Curtis, posiblemente esté convencido de que marchan fenómeno. Y en realidad están espantosamente resueltas y no hay quién las salve. Ni Mirren.
La dama oro (Woman in gold). Gran Bretaña-EEUU, 2015. Dirección: Simon Curtis. Duración: 109 minutos.