Nº 2096 - 5 al 11 de Noviembre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo quedan dudas de que el sistema electoral de los Estados Unidos necesitaría algunos cambios importantes, más allá de los inconvenientes a causa de los efectos de la pandemia. También sospechamos que sería imposible conseguir las mayorías que se necesitarían en un país dividido prácticamente en mitades iguales, como queda demostrado hoy. El conteo a estas horas no permite vaticinar un ganador, aunque en términos turfísticos se está doblando hacia la recta final con Joe Biden asomándose apenas.
Las propuestas de unos y otros invitaban a optar por dos mundos totalmente opuestos si nos dejamos llevar por la forma en que cada partido presentaba a su contrincante. Según los demócratas, el candidato del Partido Republicano, el presidente Donald Trump, llevaría al gobierno a racistas y partidarios de la supremacía blanca. Según los partidarios del presidente, la llegada del exvicepresidente Joe Biden sería el desembarco de un socialismo y hasta un comunismo puro y duro al país supuestamente líder del mundo libre. Campañas de miedo, que les llaman, o campañas de pocas ideas y más bien efectistas, de muy poca profundidad.
El tradicional bipartidismo que separa en dos la vida política del gigante del norte se vio alentado con mayor agresividad y rispidez que nunca —hubo una mayor participación histórica— debido a la forma en que la información se maneja a través de las grandes cadenas de medios y las redes sociales y también por la manera de explotarlo que practicaron ambos bandos. Al punto tal que una encuesta anunciaba que la mayoría de los estadounidenses esperaba que el martes de elecciones sería el día más estresante de su vida: 55% hablaba de ataques de ansiedad, insomnio y separaciones familiares. Aún más alto es el porcentaje (67%) de ciudadanos que desean que el 2020 ya hubiera pasado. La encuesta de One Poll se centró en las consecuencias de la pandemia, pero encontró que el día de la definición electoral entre Trump y Biden es el que aterra a los encuestados.
Siendo aún presidente de los Estados Unidos, en su visita a Buenos Aires, y cuando se empezaba a considerar que Trump podía llegar a ser su sucesor, Barak Obama explicó en una reunión con estudiantes que estaba tranquilo porque la estructura política y democrática de su país tiene una variedad de mecanismos que evitan los peligros de imponer propuestas radicales. Si esto fue válido para el gobierno de Trump, lo será también para cualquier radicalización hacia la izquierda de los demócratas. Los escépticos que dicen que los dos partidos finalmente son distintas caras de lo mismo en parte tienen razón, pero no de una forma negativa, sino por lo dicho anteriormente.
Lo que sí ocurre es que las grandes diferencias tienen que ver con el manejo de la política económica. Estamos acostumbrados a ver que la llegada de los gobiernos republicanos se asocia a una baja de impuestos, reducción del Estado y una política más agresiva en incentivos al mercado privado. Políticas que históricamente no son exclusivas de ellos, pero sin dudas dieron el enorme crecimiento que hoy ostentan. En eso el actual presidente ha seguido la línea con un éxito importante, por lo menos hasta la impensada llegada de la pandemia.
En cambio, el triunfo de los demócratas implica lo contrario. Por lo menos en los últimos tiempos, se han caracterizado por más impuestos y más peso del Estado. Las señales que da la propuesta de Biden parecen alinearse más que en otras elecciones con “lo políticamente correcto”, con proyectos de gastos gigantescos y un mayor control del Estado en la vida de los americanos.
En los últimos días de la campaña los candidatos no pudieron escapar al gran tema del momento: el manejo de la pandemia, que ahora entra en una segunda ola.
En esto también las propuestas son bien opuestas. Mientras Trump aboga por una mayor liberalidad en el enfrentamiento a la amenaza, dando prioridad a la necesidad de no atrasarse más en materia de actividad económica, Biden propone medidas mucho más estrictas en materia de confinamiento y controles sanitarios, algo que parece difícil que la población acepte después de un largo tiempo conviviendo con el virus. Puede ser este el punto que le dio el crecimiento de última hora a Trump.
En resumen, ni tan tan, ni tan poco. Estados Unidos seguirá siendo el mismo aliado para Occidente, con algunos matices como los señalados. No hay que estresarse.