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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTodos sabemos y conocemos la sociedad en que vivimos, por lo que en una enorme mayoría podremos coincidir en que no está bien que se cometan delitos contra nuestras integridades físicas, nuestras propiedades y nuestras tranquilidades, así como las de nuestros familiares y amigos, un día sí y otro también. Que este flagelo del delito aumente día a día, tanto en cantidad de gente involucrada como en cuanto a frecuencia y violencia de la metodología utilizada. Y que tampoco está bien que la Policía llegue casi siempre tarde, siempre corriendo de atrás y, en la enorme mayoría de los casos, sin resultados investigativos positivos. No está bien que nos hayamos transformado en una sociedad que se siente indefensa, expuesta a merced de la delincuencia. Y por supuesto que no está bien que las autoridades políticas no reconozcan su ineficacia ni tomen medidas concretas al respecto. Ya quedó probado por la fuerza de los hechos que los puestos de trabajo, los salarios relativamente dignos, la educación y la asistencia social no eliminan el delito. En consecuencia, hay delincuentes que llevan el delito en su misma conformación genética, social y familiar, personas a quienes no les interesa ingresar en la legalidad y que durante su ciclo vital, solamente delinquirán. Para ellos: el mayor celo policial y la más dura condena judicial.
Pero tampoco está bien que la asistencia sanitaria en las mutualistas sea virtualmente caótica, donde conseguir una consulta con un especialista sea cuestión de peregrinaje enfermizo y de meses de espera, donde se intenten minimizar los estudios paraclínicos para incurrir en gastos de atención inferiores, donde la coordinación sea una tarea hercúlea. Es verdad que este caos asistencial nace por pretender incluir en el sistema a aquellos menos pudientes. Pero ello no nos puede llevar a olvidar que si lo anterior sucede, es porque la atención sanitaria en los organismos públicos resulta completamente impresentable; incluso para el mismo Estado, que asumiendo su incompetencia, en lugar de tender a su mejoramiento, delega la atención de los más necesitados en las citadas mutualistas. Porque tampoco está bien que el gobierno pretenda vía legal y en forma absolutamente inconstitucional, como ya ha sido declarado, que el Estado no estaría obligado a suministrar medicación a quienes carecen de medios para conseguirla. No está bien que un enfermo oncológico deba promover un juicio para que el Estado le proporcione un medicamento para intentar luchar por una vida en condiciones de dignidad mínimas.
Y acaso: ¿está bien que nuestros resultados educativos sean lo deplorables que son? ¿Está bien que se estén desarrollando generaciones de cuasiignorantes, gente que por su deficiente formación solo tendrá alguno de estos cuatro destinos: emigrar para prestar servicios en el exterior, cobrar en el mercado local un salario que no le permitirá desarrollo alguno, vagabundear o delinquir? Obviamente las generalizaciones son improcedentes y no todos están insertos en este oscuro panorama; pero sí podemos decir que hay un enorme número de uruguayos que transitarán ese sendero. Y por último: ¿está bien que las autoridades políticas no tomen decisiones que apunten a cambiar este panorama? Y antes que eso: ¿está verdaderamente diagnosticada la situación educativa?
Pero además: ¿está bien que el Estado no cumpla con las sentencias judiciales que lo obligan a pagar el dinero que adeuda? ¿está bien que el acreedor deba realizar un camino laberíntico para ver si algún día puede obtener, tarde y mal, el cobro de aquello a lo que tiene derecho? ¿está bien que al Poder Judicial, uno de los tres Poderes independientes sostén de las garantías y derechos en cualquier sistema democrático, le sean retaceados los recursos económicos necesarios para poder desarrollar su invalorable gestión, con la autonomía y medios suficientes como para que el justiciable tenga lo que merece: justicia?
¿Está bien que tras una década de riqueza y de distribución de la misma, deba llegarse a un aumento de la carga tributaria como el actualmente dispuesto? ¿O acaso está bien que se deniegue fondos a todos los sectores sobre la base del “no tengo”, en lugar del “ya me lo gasté todo” ocurrido en los últimos años?
Porque: ¿estuvo bien el dispendio de dinero en Ancap, para luego cobrarnos a todos —consumidores, estacioneros y distribuidoras— lo que Ancap se patinó en fiestazas, apertura de emisoras radiales y bienes que nunca se usaron? ¿Estuvo bueno y provechoso lo que se gastó primero en Pluna y luego en Alas U, para hoy no tener nada de nada?
Y a propósito: ¿está bien que no se quieran formar comisiones parlamentarias para investigar determinados hechos o situaciones? ¿Acaso esa no es una de las competencias del Poder Legislativo? ¿Acaso eso no da para pensar que cosas chanchas podrían descubrirse?
¿Está bien que como país, defendamos lo indefendible en materia de relaciones internacionales? ¿Que no sepamos a quién apoyar y a quién no, que dudemos, que seamos híbridos, indefinidos? ¿Que queramos quedar bien con Dios y con el diablo; y sobre todo con el diablo?
¿Está bien que un sector importante del país tenga por modelo de conducta al ex presidente Mujica? Es decir: ¿a un presidente cuya única virtud es la solidaridad; y cuyo cúmulo de defectos resulta absolutamente innumerable, desde su condición de ex guerrillero a su condición de ex gobernante?
Sobre todo y desde el punto de vista ético: ¿está bien que una misma conducta realizada por un gobierno o partido de determinado signo ideológico sea aprobable, pero ejecutada por el gobierno o partido del otro signo, sea enteramente reprobable?
¿Está bien que el Estado legalice la venta de la marihuana o acaso el presidente Vázquez no ha afirmado que es mala para la salud? Y adicionalmente: ¿está bien que esa venta deba hacerla el circuito farmacéutico, tradicional dispensador de productos para la salud? ¿No está obligado constitucionalmente el Estado a velar por la salud de sus habitantes? Y sobre todo: ¿está bien encontrar esta “solución” al problema de la droga, por el hecho de no encontrar medios exitosos para enfrentarlo?
¿Está bien que se haga lo que se sabe no puede hacerse a conciencia de que no se puede; y que se espere a la autoridad policial y/o judicial para que alguna de estas ordene impedir lo prohibido? Me refiero a los piquetes sindicales y ocupaciones en empresas privadas; pero también a las mismas acciones en organismos públicos.
¿Está bien que gran parte de la sociedad haya incorporado como natural la máxima: “el fin justifica los medios”? ¿Está bien vituperar la norma jurídica por antisocial, por inconveniente o por lo que fuere, pero defender aquella que nos conviene o nos sirve? ¿Está bien tener dos caras?
Las preguntas y responsabilidades consiguientes están planteadas. Al que le quepa el sayo, que se lo ponga.
Dr. Monty Fain