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    miércoles 17 de julio de 2024

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    Nos entintaron la vida

    A quién no le tocó… familiares, amigos, comerciantes, guardias de seguridad, cajeras de supermercados, mercaditos, deliveries, abitabs, redpagos, quioscos, fruterías, verdulerías, estaciones de servicio, bancos, depósitos, fábricas; los pibes chorros atacan sin piedad. Sus más recientes y reiteradas víctimas son los cajeros automáticos.

    Uno se encariña con ellos, sobre todo cuando recurre siempre o casi siempre al mismo, que nos sonríe desde su pantalla preguntándonos cuál es el propósito de nuestra visita. Ellos son los únicos con los que compartimos el secreto de nuestro pin, y cuando les decimos “extracción”, ellos solícitamente nos entregan nuestra platita, que han custodiado celosamente hasta ese momento, y nos devuelven gentilmente nuestra tarjeta con un suave movimiento que saludan con unos sonidos que acarician nuestros oídos.

    Cuando la tele en el informativo nos muestra las imágenes de las víctimas hechas pedazos tras la explosión de gas butano, que también vemos, nos da pena verlos destripados, rodeados de vidrios rotos y de escombros, con sus entrañas desgarradas, mostrando el vacío de las bandejas con nuestra plata que los bandidos se llevaron. Y cuando los billetes estaban entintados, se pueden apreciar además los chorretes y charcos que sabemos rojos (aunque las cámaras graban en blanco y negro), el reguero de la sangre de estos pobres artefactos dispensadores de nuestros sueldos, jubilaciones, pensiones y demás ingresos de nuestra propiedad.

    Pero no todos los cajeros están entintados, y los delincuentes, vaya uno a saber cómo, se las ingenian para encontrar los que tienen la platita limpita, y solo uno de cada cinco de los cajeros que hacen explotar (los chorros más burros, o los menos informados) están contaminados con el destructor líquido rojo que vuelve inutilizables los billetes hurtados.

    Ahora, según el superior gobierno, que viene siempre detrás de los acontecimientos, y no se destaca por prever, anticipar o analizar de antemano las acciones delictivas, ha ordenado que en 90 días toditos los cajeros automáticos deban contener billetes entintables en caso de que los hagan volar por los aires. Así habrá transfusiones de tinta roja en todos los cajeros, y habrá guita para todos o para nadie, siguiendo un viejo adagio que ustedes saben de dónde viene. O los llenan de tinta roja o les sacan la roja.

    No han faltado quienes le sugieren a Bonomi que entinte a los delincuentes, lo que me parece una buena idea.

    Es más, ya hay unas cuantas medidas a estudio de las autoridades que conviene repasar.

    Una de ellas consiste en instalar en los supermercados y grandes establecimientos comerciales, al lado de los sprinklers que largan agua desde el techo cuando hay humo o fuego en el comercio, otros similares que detecten la entrada al local de sujetos encapuchados portando armas de fuego. Funcionarán en combinación con las cámaras de seguridad. Cuando estas vean a los delincuentes entrando al local, automáticamente los sprinklers de emergencia lanzarán hacia abajo, sobre donde se encuentren los bandidos, chorros de tinta roja y efluvios de gas paralizante. Los ladrones quedarán pintados y tetanizados e inmóviles hasta que llegue la policía una hora después del intento de robo.

    Los locales de Abitab y de Redpagos, a los que ahora roban atropellando el frente del local con un vehículo (ya pasó la etapa de romper los vidrios a marronazos, porque los vidrios ahora son más gruesos), se equiparán con unas cajas aéreas como la de los aires acondicionados. Cuando los ladrones ingresen al local, unas cámaras de seguridad los detectarán y un sensor dará la orden a la caja del techo, de la que saldrán dardos envenenados con curare rojo, que es el más potente. Los delincuentes quedarán paralizados hasta que lleguen los PADO boys, dos horas más tarde.

    En las persecuciones de policías a delincuentes, con los patrulleros disparando balazos contra los vehículos en los que huyen los chorros, los guardianes del orden utilizarán balas que contengan no solo plomo, sino también tinta roja, la que irá dejando rastros en los vehículos y en los delincuentes heridos. Esto permitirá localizarlos siguiendo los rastros rojos, evitando así la conocida frase que aparece cotidianamente en los periódicos: “Se alejaron del lugar sin dejar rastros, internándose por los estrechos senderos del asentamiento, y no han podido ser localizados”.

    En los asaltos a los pequeños comercios, mercaditos  y similares, donde las cámaras nos muestran diariamente cómo estos desgraciados saltan por arriba del mostrador, encañonan a las cajeras, las empujan, les hacen abrir la registradora y meten a manos llenas los puñados de billetes en sus sucios bolsos, golpeándolas cobardemente, se instalarán unos bidones aéreos en la entrada/salida, colgados del techo. Cuando los malvivientes se apresten a salir con su malhabido botín, alguno de los empleados del comercio accionará un botón, que abrirá los tanques del techo, derramando sobre los chorros un río de tinta roja mezclada con goma tragacanto y pegamento tipo poxipol, con lo que los tipos quedarán pegados hasta que lleguen los de la Republicana, dos horas más tarde.

    La financiación de estos novedosos sistemas la proporcionará la Policía, con los fondos asignados al funcionamiento del 911, que se ha demostrado que no sirve para nada. Ello permitirá mandar a la calle, a patrullar, a los policías que atienden las llamadas de las víctimas media hora más tarde, porque están atendiendo a los imbéciles que llaman para hacer bromas, o los chorros que dan falsas alarmas para distraer a los patrulleros.

    Muchos de estos originales sistemas se han instalado no solo en locales privados, sino en oficinas del Estado, para prevenir hurtos, con el entintado en rojo en los sitios en los que se conservan documentos delicados.

    En Ancap se registró semanas atrás un hurto en el lugar donde estaban las cajas con los comprobantes de los gastos de Raúl Sendic con las tarjetas corporativas. Las cajas desaparecieron, pero el sistema funcionó, y el sitio quedó empapado en tinta roja. Incidentalmente, desde entonces no se le ha visto en público al ex vicepresidente.

    Humor
    2018-07-12T00:00:00