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    Nos invadieron, por fin nos invadieron

    Montevideo, 31 de diciembre de 2018. (De nuestras agencias). Los uruguayos abandonaron hoy su tradicional encuentro familiar de Fin de Año, y se volcaron a las calles para celebrar un insólito acontecimiento.

    El emocionado pueblo oriental se lanzó hoy a las avenidas y plazas de la capital para agradecer a las Naciones Unidas la aprobación de la Resolución 244/018, que confirma la permanencia en suelo uruguayo de las tropas extranjeras que ingresaron “provisoriamente” en el mes de noviembre, con el fin de brindar apoyo logístico y de seguridad a la reunión del G-20, que se llevó a cabo en Buenos Aires a fines de ese mes.

    En efecto, dada la trascendencia del encuentro, pautado por la presencia de las más altas jerarquías de los países participantes, varios de ellos solicitaron a Uruguay el permiso especial para que las tropas y los servicios de apoyo se estacionaran en territorio uruguayo durante la celebración del evento.

    Asistieron al evento personalidades como los presidentes Trump, Putin, Macron y Erdogan, damas de hierro como Angela Merkel y Theresa May (esta de un hierro medio blando, cómo se te extraña, Margaret), el rey de las Españas, dijera el finado Goyo, el Secretario General de la ONU, y una considerable lista más, no muy extensa, pero sí muy intensa.

    Los que movieron el piso fueron los gringos, que fueron los primeros en pedir permiso para que entraran al territorio nacional 400 marines, sus aviones, vehículos, armas y pertrechos.

    Se armó entonces la de San Frentamplín, un santo muy conflictivo, que en vida se manifestaba a sus fieles de diversas (y a veces contradictorias) maneras, y como te muestro una forma, te muestro la otra.

    Juan Castillo y Constanza Moreira votaron a favor del permiso porque les torcieron el brazo (izquierdo) con un mandato político irrefutable, pero no dejaron de elucubrar en sala siniestras conjuras tales como la invasión armada, la colonización y la violación de la soberanía.

    Pero al fin vinieron todos los que pidieron permiso, como tenía que ser.

    Como más allá de la protestas públicas que los porteños organizan por lo que venga, ya sea el G-20, el aborto, el antiaborto, la suba de las tarifas del gas, las torturas que llevaron a la muerte a Maldonado (que se ahogó porque no sabía nadar), las sentencias contra Cristina, la ausencia de Messi en el seleccionado y la escasez de arándanos en el Chaco, todo transcurrió sin mayores inconvenientes, las tropas instaladas en el territorio uruguayo se aburrieron como hongos.

    Fue así que un día, los marines instalados en la base de Santa Bernardina en Durazno decidieron subirse a un Hummer de los de la guerra del Golfo y salir a dar una vuelta por los campos aledaños. Coincidió que se cruzaron con un par de patotas de delincuentes lanzados de lleno al abigeato, los que al verlos, huyeron despavoridos. Alguno llegó a gritar “¡Larrañaga ganó el plebiscito!”, a lo que otro le contestó: “¡No, tarado, son los gringos, armados hasta los dientes!”. Y desaparecieron de escena sin dejar trazas.

    Los soldados norteamericanos ni se percataron de los episodios, y tomaron aquellas desbandadas como simples desplazamientos indígenas entre sus tolderías, pero el resultado fue que el abigeato bajó a cero en todo el territorio nacional, cuando se corrió la voz de que los marines habían sido contratados por Un Solo Uruguay para combatir a los abigeos.

    Otro tanto ocurrió con los soldados brasileros que le hacían el aguante a Temer, acampados en el viejo Aeropuerto de Carrasco, con sus Super Tucanos a reacción y sus tanquetas, en una de las cuales, para matar el ocio, salieron a dar una vuelta por la ciudad. Se perdieron, y, sin quererlo, ingresaron en Casavalle preguntando por dónde podían retornar al camino del aeropuerto. Pero nadie les entendió lo que decían, y la disparada de los circundantes fue tremenda. Esa noche se entregaron pacíficamente a la policía 23 narcos de alto poder, y se autoclausuraron 44 bocas de pasta base.

    Por su parte, los militares turcos que respaldaban la presencia de Recep Tayyip Erdogan en el encuentro del G-20 también salieron a pasear, pero de día. Les atrajo la multicolor y ruidosa presencia de las ferias vecinales, que les hizo acordar a los bazares de Estambul. Gracias a un soldado turco que hablaba español, que integraba el grupo, y que les hizo de traductor, los soldados turcos les contaron a los feriantes que los vendedores ambulantes turcos que no aportan a la Seguridad Social y no entregan boletas por sus ventas, son detenidos y, tras un juicio sumario, fusilados sin más trámite. Desde entonces, el BPS ha registrado un aumento del 73% en las afiliaciones de nuevos cotizantes, y otro del 55% en el registro de nuevas empresas. Todos los asistentes se mostraron sorprendidos de que el BPS hubiera contratado soldados turcos para asesorar a los feriantes, y lo encontraron muy positivo.

    Los soldados franceses estaban acampados en Colonia y Nueva Palmira, como respaldo de seguridad del presidente Macron. Una noche, aburridos, salieron en sus lanchas rápidas a dar una vuelta por el río, provocando involuntariamente una estampida de lanchones de contrabandistas que diariamente atraviesan el Río de la Plata y el río Uruguay con sus bagayos, así como antes lo hacían con las bolsas del dinero K. Las aduanas de la zona están despistadas por la disminución del tráfico clandestino, al que están tan acostumbradas.

    Los soldados alemanes, acampados en Melilla, pidieron permiso para dar unas vueltas por la ciudad en sus jeeps blindados, y el resultado fue una notoria disminución de rapiñas callejeras, y la casi desaparición de los birrodados tripulados por motochorros, ante el riesgo de que aquellos gigantes alemanes hubieran sido contratados por Novick y Giuliani para hacerle una prueba de eficacia de sus sistemas al gobierno uruguayo.

    Todos estos episodios fueron analizados en una sesión especial del Consejo de Ministros, en la que se decidió pedirle a la ONU que prorrogara por algún tiempo la presencia de los “invasores” que llegaron con motivo del G-20, lo cual fue favorablemente resuelto por el organismo internacional, y ha sido el motivo de este inesperado pero justificado festejo de Fin de Año del pueblo uruguayo.