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    Oscar Estévez estrenó la comedia Amores pendientes, concebida en su escuela La Escena

    Una cuna de actores entre la cámara y el telón

    La escuela La Escena da la bienvenida a sus estudiantes con el rostro de Al Pacino, plasmado en un mural que adorna la entrada junto con una frase: “La interpretación es una palabra terrible. Hace que uno se sienta mal con solo decirla. Es más bien un intento de alcanzar una cierta verdad, un punto en común, un intercambio, una conexión que nos permite descubrir una verdad interna. Lo que realmente se busca aprender al actuar es cómo no actuar”.

    Esta última afirmación, “actuar es no actuar”, aboga por la eliminación de todo artificio en la interpretación de un personaje y refleja el espíritu que Oscar Estévez y su pareja, la actriz y dramaturga Cecilia Caballero, establecieron al fundar la institución ubicada sobre la avenida Rivera, a metros de la avenida Luis Ponce.

    La escuela, que ha estado en funcionamiento durante los últimos 10 años, se dedica a la enseñanza de la actuación y oficios audiovisuales y también a la exhibición de obras de teatro. Allí, el escenario y el audiovisual convergen de manera natural en los cursos planteados por la dupla de realizadores. Los alumnos estudian bajo la técnica de Meisner y se familiarizan con la presencia de una cámara, su manejo y otras disciplinas relacionadas con la producción audiovisual como el montaje y la asistencia de dirección.

    Precisamente en La Escena es donde se originó la nueva película de Estévez, Amores pendientes, que ya se encuentra en cines. Se trata de la primera comedia romántica del director y guionista, quien hace poco ha dirigido los largometrajes de ficción El sereno (2017) y El secreto de Sarah Reyles (2022), así como el documental Camino a casa (2022).

    El origen de Amores pendientes se remonta a un ciclo teatral de 2018 llamado Cuestión de amor, un espectáculo que se desarrolló en tres espacios diferentes de la escuela con historias en torno al afecto y la pasión. Estévez decidió adaptar la obra a un guion cinematográfico e invitó a los actores y las actrices que participaron en el ciclo teatral, así como a otros profesionales, a formar un equipo para la realización de la película.

    El resultado es una comedia romántica de carácter coral que aborda temas como la posibilidad de amistad entre hombres y mujeres, cómo lidiar con los amores no declarados y qué ocurre cuando una relación no evoluciona con el tiempo. Caballero, Santiago Musetti, Constanza del Sol, Fernando Dianesi y Guadalupe Estévez, entre otros, forman parte de su elenco.

    Esta película fue la primera para los actores y las actrices involucrados, un rasgo que la viste de una frescura y un entusiasmo innegables. El rodaje se llevó a cabo en intervalos, a lo largo de varios fines de semana, para evitar interrupciones en las responsabilidades cotidianas y profesionales del equipo y el elenco.

    “Nos pusimos un formato de teatro independiente para ser cine independiente”, describió Estévez en su diálogo con Búsqueda. “Sabía en lo que me iba a meter y en realidad pensé en las limitaciones y en la funcionalidad de los recursos humanos y económicos que teníamos, tanto para la escritura de ese guion como en el desarrollo del rodaje”.

    Con filmaciones bajo esa dinámica a lo largo de tres meses, Estévez y su equipo enfrentaron desafíos de producción para mantener la continuidad física de los actores y las actrices y todos se esforzaron por mantener la apariencia adecuada para cada escena.

    Al abordar el equilibrio entre comedia y drama al que apunta la obra, el director y guionista estableció que fue añadiendo obstáculos y conflictos a los personajes en el libreto, asegurándose de que las situaciones no fueran demasiado fáciles de resolver. Afirmó que el enfoque principal de la película es explorar diferentes visiones de lo que puede suceder cuando amigos o compañeros de trabajo se involucran románticamente.

    “Creo que Amores pendientes aborda la idea de que las relaciones y los vínculos que quedan abiertos o inconclusos no siempre necesitan ser resueltos. Habla de segundas oportunidades y de aceptar que algunas cosas simplemente están ahí para ser vividas, ya sea que se concreten o no. A veces, esas situaciones pueden generar dudas y fracasos, pero también podemos madurar y comprender que no siempre necesitamos colocar el problema en un lugar externo. Es más cómodo culpar a algo o a alguien más, pero hay que tomar la responsabilidad de nuestras propias elecciones y acciones”.

    A pesar de los desafíos promocionales que toda producción cinematográfica independiente afronta a la hora de captar audiencias en el circuito local, confía en el boca a boca para lograr interés y éxito para la película en sus primeras semanas. En cuanto a los resultados, confesó que se siente orgulloso de haber llevado a cabo el proyecto a pesar de las dificultades y con una pandemia en el medio.

    “Es complicado porque las películas uruguayas necesitan tiempo. No estamos acostumbrados a ver cine uruguayo, así que necesitamos que algún amigo de confianza nos diga que la película es buena para decidir ir a verla. Aquí es donde debería intervenir el apoyo oficial, porque, si dejamos que el mercado decida sin restricciones, van a decir ‘no vendo entradas, pongo otra película’. Es importante contar con el respaldo financiero para la promoción. Deberíamos tener al menos tres semanas en buenos horarios para defendernos. Tenemos que darnos esa oportunidad y generar un sistema donde no sea exclusivamente el mercado el que decida”.

    El director mencionó que está buscando agentes de ventas en países como Argentina y espera poder estrenar pronto la película en Buenos Aires. En sus primeras funciones en Uruguay, Amores pendientes ha sido recibida en salas con un público efervescente en risas. Próximamente continuará un recorrido en festivales internacionales y el director espera que tenga también una segunda vida en plataformas digitales.

    Casa tomada

    Mientras tanto, Estévez continúa enfocado en su labor como director y profesor en La Escena, espacio que define como un laboratorio escénico donde se exploran las conexiones entre el cine y el teatro. En los últimos años, ha recibido a actores y actrices destacados de la escena nacional e internacional, como Juan Minujín, actor de El marginal, quien dio talleres antes de alcanzar el éxito actual en su carrera. Además, ha contado con talleres de personalidades como Florencia Limonoff, directora de casting de la empresa argentina Pol-ka, y la actriz noruega Ida Elise Broch, protagonista de la serie de Netflix Navidad en casa. También han participado figuras locales como Gustavo Hernández y Pablo Stoll. En estos intercambios se discuten aspectos del detrás de cámaras y se comparten experiencias de la industria local.

    La estructura de La Escena ha crecido con el tiempo. Comenzó en el living de la casa de Estévez y Caballero, pero pronto se hizo necesario encontrar un lugar más adecuado. En 2016, la escuela se mudó a su ubicación actual, una casa con espacios separados para las clases y un patio donde se construyó una sala de teatro en el fondo. El espacio hoy cuenta con 43 localidades en la sala grande y 21 en una sala más pequeña en un segundo piso. Se han incorporado butacas que pertenecieron a Cinemateca Pocitos y se ha equipado con un proyector HD y una pantalla grande, lo que permite realizar proyecciones de cine y visuales para las funciones teatrales.

    “Estamos en un buen momento”, afirmó Estévez al repasar la historia de su emprendimiento. “Estoy haciendo lo que me gusta, trabajando en lo que me gusta y estrenando una película que me gusta. En estos 10 años, hemos aprendido mucho no solo en términos de gestión, sino también como apasionados de la actuación. Aprendimos de los maestros que hemos traído, de nosotros mismos y de los alumnos que siempre nos nutren, nos ayudan a ver cosas y a mejorar. Aunque 10 años sea mucho tiempo, seguimos con la esperanza de que La Escena siga creciendo”.

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