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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn el No. 2067 del pasado 16 de abril de 2020, en la página 2, la columna de Andrés Danza se titula Libertad en cuarentena y refiere –con citadas concretas– a lo que dejará la pandemia como resabio. Se señala con acierto que la libertad individual ya ha sufrido recortes, a partir del uso de la tecnología y la posibilidad de que todo lo que hagamos pueda ser registrado, rastreado, vigilado. Con la pandemia y después de ella, la libertad puede quedar más afectada a partir de las limitaciones actuales como la libertad de desplazamiento, de proximidad, de residencia, etc. Además de la vigilancia de nuestra libertad ambulatoria. Y remata la idea con una alusión a la idiosincrasia uruguaya, la de acusar al otro, no asumir responsabilidades, etc., para culminar con lo que cito textual: “Mientas tanto se seguirá discutiendo si la culpa la tiene la derecha o la izquierda, el gobierno anterior o el actual, los organismos internacionales de crédito o Venezuela, el comunismo o el capitalismo. El problema es que esas dicotomías ya son irrelevantes y ninguno de esos conceptos o actores son los que ocupan los nuevos centros de poder. Esos sí están trabajando en lo importante, mientras los demás, nosotros incluidos, seguimos distraídos con estériles y eternas. Hasta que ellos nos dejen.”
En el mismo número, pero en la pagina 32 otra columna, bajo el título Nos mintieron, intercala informaciones actuales y pasadas, con la evidente intención de cumplir uno de los designios característicos de los uruguayos, de acuerdo a la columna citada en primer término: así, contradiciendo lo que surge de información oficial y aceptado por técnicos que no son precisamente partidarios del gobierno que terminó el 1.03.2020, se afirma que hay miles de desocupados, informales, asentamientos, etc., como sí fueron exclusiva responsabilidad del gobierno saliente, cuando es notorio que lo que se designa como “desocupados” son quienes están en seguro de desempleo (bien flexibilizado por el MTSS actual), los “informales” surgen de datos oficiales y los asentamientos son (solo) un poco menos que antes. Pero se dice más: Se mezclan situaciones negativas ya procesadas (Ancap, Fondes, Pluna) y se deforman actuales: en efecto, los descuentos a funcionarios públicos y altas jubilaciones fue votado por todos los partidos y es un hecho aceptado por el propio Instituto de Evaluación Educativa que los problemas de secundaria son realmente graves. Y se agregan datos históricos sacados de contexto, cuando se menciona el análisis del año 2000, olvidando que aquel terrible período de crack financiero dio lugar a una recuperación nunca antes vista de la economía uruguaya, con fortalecimiento del sistema bancario, reperfilamiento de la deuda pública (la crisis mundial del 2008 casi no existió para Uruguay) y libre disponibilidad de millones de dólares que seguramente serán usados para enfrentar -en parte- los graves problemas que dejará la crisis sanitaria. A la vez se omite que las inversiones en empresas públicas (sin olvidar lo de Ancap y Pluna) dieron por resultado una conectividad de casi el 100%, lo que permite el teletrabajo y la formación a distancia en todos los niveles educativos, legislación que permite la protección de amplios sectores (los más golpeados por la pandemia) tanto en lo laboral como (y fundamentalmente) en lo sanitario. No se me escapa que la enumeración que trata de poner orden en acusaciones tendenciosas y típicas de la idiosincrasia de la que habla la columna citada de Andrés Danza, me ha obligado a utilizar la misma lógica. Pero —hasta que no tomemos conciencia de su última advertencia— no queda otro camino que cuestionar las falsedades que se publican —paradójicamente— en el mismo número del semanario y que obedecen –también hay que decirlo– a la libertad de expresión del pensamiento. La misma que me asiste al escribir estas reflexiones.
E. Machado
CI 1.256.495-7