• Cotizaciones
    sábado 13 de junio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Partido Nacional: ¿evolución o cambio?

    La interna del Partido Nacional está polarizada en dos conceptos: evolución y cambio. El primero representado por Luis Lacalle Pou y el segundo por Jorge Larrañaga. Me permito exponer por qué necesitamos un cambio y no una mera evolución.

    Luego de casi 15 años en el gobierno nacional y casi 30 en la Intendencia de Montevideo, el Frente Amplio ha implementado un paradigma cultural que la izquierda comenzó a gestar en los años 60 siguiendo los lineamientos gramscianos. El mismo fue exitoso al ocupar, como una niebla, casi toda nuestra atmósfera, la cultura que nos rodea. Por eso necesitamos cambiar, respirar otro aire. La radicalidad del cambio apunta a la cultura, en el más amplio sentido, antropológico, del término.

    Fuera de esta niebla, no hay casi ningún aspecto de la gestión de la izquierda que merezca decir al Partido Nacional que “vamos a seguir con esto, pero a hacerlo mejor”. Partimos de paradigmas completamente diferentes al del Frente Amplio, desde todo punto de vista. Por eso lo del cambio y no evolución. Porque no se trata de acumular en el mismo sentido. Debemos ir hacia otro lado. Los nuestros y los de ellos son paradigmas inconciliables, irreconciliables al decir de Tomas Kuhn, tanto como la teoría del flogisto y la química moderna, o la astronomía de Ptolomeo y la de Copérnico.

    Tomemos la educación, las políticas sociales, la economía, la seguridad pública o las relaciones exteriores y veremos que no hay en la gestión frentista ninguna semilla a la que proteger para que evolucione y germine en función del interés nacional. En todos estos aspectos y otros más, necesitamos una revolución copernicana.

    Cuando yo era adolescente, allá por los años 70, a los wilsonistas los militantes de todas las siglas de la izquierda nos miraban como de arriba de un banquito con aire de suficiencia, con sus libritos marxistas abajo del brazo (recuerdo, por ejemplo, a los del Frente Estudiantil Revolucionario con el librito de Marta Harnecker Los conceptos elementales del materialismo histórico). Su militancia estaba basada en la ciencia, entonces ¿cómo competir con ellos? A lo sumo, y con cierto desprecio, nos preguntaban “cuándo íbamos a evolucionar”, pensando que nosotros éramos una especie de eslabón de su teoría unilineal.

    Años después de aquel entonces, el Muro de Berlín finalmente cayó y con él la mayor parte de los regímenes basados en los conceptos “científicos” de aquellos compañeros míos. Pero el opio de los intelectuales de izquierda es muy fuerte como bien señaló Raymond Aron. El marxismo inventó “hipótesis ad hoc” para no aceptar su derrota. Fue cuando apareció una versión quizá no tan científica como la anterior pero igualmente esperanzadora para la izquierda. El “socialismo del siglo XXI”, nada más ni nada menos, se expandió por gran parte de América Latina de la mano del alto precio de los commodities y del Plan Cóndor de la corrupción. Pero casi 60 millones de brasileños acaban de demoler un bastión del modelo progresista trabajosamente construido desde décadas.

    Uruguay es uno de los últimos bastiones del pseudoprogresimo. Pero, como decíamos al principio, tiene un arraigo fuerte en la cultura. La izquierda desde la Universidad de la República para abajo se ha apoderado de todos los resortes de la formación del pueblo y pontifica todavía lo que es académico y lo que no lo es, lo que es “científico” y lo que no... El otro día un brillante arquitecto me comentaba cómo el Partido Comunista y la Vertiente Artiguista se repartían todos los mejores cargos y prebendas de la Facultad de Arquitectura. Imagine el lector el estropicio que es la Facultad de Humanidades o la de Ciencias Sociales con una senadora energúmena como grado 5 de Ciencia Política. O el historiador que habla de todo y es el opinólogo oficial de la televisión pública. Los textos y las películas falsean la historia reciente y podríamos seguir enumerando.

    No es de extrañar entonces que los uruguayos y en especial los montevideanos estemos bajo la niebla espesa de lo “políticamente correcto”. Esta niebla es un velo que nos invade y que a veces nos hace ser mucho más cautos y correctos ante la realidad que nos rodea. En este contexto creo que, como a mí, a la mayoría de los blancos el concepto de evolución les debe resultar indefendible.

    Los políticamente correctos pretenden defender a la mujer desfigurando el idioma español, introduciendo arrobas y otras barbaridades o inventando a troche y moche barbarismos en femenino y masculino. Se ha entronizado el velo de los “derechos humanos” y en función de ellos todos pueden pedir para su molino, desde entradas gratis para el Teatro Solís hasta cupos en los empleos públicos. Se han multiplicado los “derechos” y con ellos cada vez más burocracias, direcciones nacionales de tal o cual cosa en el Mides para “proteger” a tal o cual, pero sobre todo para acomodar gente directamente o en múltiples ONG amigas. Derechos humanos para buscar los huesos de los desaparecidos pero inexistentes para recordar a Pascasio Báez. Derechos humanos para todos menos para los venezolanos, nicaragüenses o cubanos. Derechos humanos para los trabajadores y una legislación especial a medida de lo que pida UPM, y así podemos seguir.

    ¿A partir de qué podemos entonces “evolucionar” de todos estos dislates? Necesitamos cambiar por un nuevo paradigma que barra con todas las barbaridades antes mencionadas y unas cuantas más. Se trata de forjar una cultura diferente, basada en derechos pero también en deberes.

    En el año 1948, en Bogotá, la novena Conferencia Interamericana, antecesora de la OEA, aprobaba con el voto y la firma de Uruguay, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre. Por alguna razón, que quisiera saber, la misma ha quedado hemipléjica y perdió la segunda parte, sin que ninguna otra resolución la derogara.

    Vale la pena transcribir un fragmento de su preámbulo, todavía vigente: El cumplimiento del deber de cada uno es exigencia del derecho de todos. Derechos y deberes se integran correlativamente en toda actividad social y política del hombre. Si los derechos exaltan la libertad individual, los deberes expresan la dignidad de esa libertad.

    Necesitamos entonces un cambio. Una nueva concepción ética de la ciudadanía que nos rescate de la concepción que la izquierda nos ha impuesto. Para ello hay que crear por sobre todas las cosas una nueva hegemonía cultural. Debemos perderle el respeto a la izquierda y en especial a sus seudoacadémicos, con o sin título, que justifican o falsean la historia. Debemos dejar de ser de una vez por todas políticamente correctos y no decir gre-gre para decir Gregorio. Larrañaga lo está haciendo y vaya si lo está haciendo bien y sin miedo alguno. Sin miedo a vencer la niebla y seguros de ver el horizonte. Los blancos sin duda vamos tras él.

    Daniel García Trovero

    CI 1.166.00-5